Bisagras

Las bisagras no se mueven. Se mueven las puertas. Las bisagras permiten giros de 360 grados. Los marcos los limitan.

Muchas personas aceptan acríticamente las metáforas políticas de los periodistas. Es lo que sucede con Cs y su papel como partido bisagra. En realidad, es un símil muy potente… sobre todo si somos conscientes de cómo en realidad funcionan las bisagras. De acuerdo a la RAE, la bisagra es un herraje de dos piezas con un eje común que sirve para unir dos superficies permitiendo el giro de ambas o de una sobre la otra. Las bisagras instaladas en las puertas son las más comunes. Para que cumplan su función deben tener el tamaño necesario para soportar el peso de la puerta, ayudadas por unos tornillos que tengan la fuerza suficiente para sujetarlas al marco. Una bisagra bien instalada no se mueve. Permite que la puerta se desplace sin chirridos, centrada en su eje y limitada por el marco. Si la instalación es deficiente, la puerta baila y no cumple eficazmente con su misión, pudiendo incluso estropearse y dañar el suelo.

Más que Cs, los partidos políticos que verdaderamente han desempeñado el papel de bisagra en la España constitucional han sido los nacionalistas. Sus tornillos eran una Ley Electoral que les proporcionaba una fuerza superior a la que tienen por el número de votos que obtienen en el conjunto de España. Estas bisagras nunca tuvieron problemas para girar 360 grados si era necesario, pactando tanto con PSOE como con PP mientras eran engrasadas con un módico precio. Como en nuestro país siempre ha vendido la pelea entre las dos Españas, el partido mayoritario pagaba gustoso un injustiprecio a cambio de librar a media España del dolor de sufrir el gobierno de los malvados de izquierda o de derecha. El nacionalismo no tenía que moverse. Los partidos mayoritarios acudían gustosos a él.

Ante la sangrante situación que vivían los ciudadanos que no contaban con el soporte de un partido nacionalista, surgieron dos partidos políticos indignados con la política de pactos de PP y PSOE. Primero UPyD y después Cs. Cuando se crean nuevos partidos, no tienen peso para influir. Por ello, su intención original no fue ser partidos bisagras, sino mostrar que otra forma de hacer política era posible. Rosa Díez creó UPyD hastiada de Zapatero, no para pactar con él. Lo mismo sucedió con Ciudadanos, que fue originalmente una escisión socialdemócrata en Cataluña contra el nacionalismo de Maragall. Paradójicamente, ambos partidos terminaron como refugio de votantes conservadores cansados de la corrupción del PP y de la tibieza que mostraba a la hora de defender alguno de sus valores tradicionales (como la bajada de impuestos).

La situación política fue evolucionando. Entre UPyD y Cs sobrevivió este último, tras descartar Rosa Díez la fusión de ambas formaciones tras las elecciones europeas de 2014 y verse abocada a la desaparición. Cs decidió en ese momento evolucionar de su posición socialdemócrata original a un planteamiento liberal que no existía en España. Esta estrategia tuvo aceptación por parte de la sociedad, lo que permitió a Cs ser factor decisivo para la gobernación, como se vio en Andalucía apoyando el gobierno de Susana Díaz en 2015. El incremento de votantes le permitió tener un tamaño suficiente que permitiese sostener una puerta, dejando atrás la pureza de la lucha por unos ideales al apoyar un gobierno manchado por el caso de corrupción de los EREs. Esta posición se repitió en el Pacto del Abrazo, donde Rivera voto a favor de Pedro Sánchez en su fracasado intento de investidura tras las elecciones de diciembre de ese mismo año. En ese caso, la bisagra no tuvo el suficiente tamaño y se repitieron las elecciones.

Pero quien está en política, más que resignarse a ser bisagra, pretende ser puerta. Más que ayudar a que se muevan los otros, ser el que se mueve. Porque Cs defendía unos determinados valores: regeneración política, liberal en lo económico (parecido al PP) y liberal en lo social (al estilo del PSOE). ¿Por qué resignarse a ser segunda o tercera fuerza política y no aspirar a ser el partido más votado? ¿Acaso no lo logró Macron en Francia venciendo a los partidos tradicionales? Rivera vio la crisis en la que estaba sumido el PP e hizo una apuesta para sustituirlo como fuerza dominante del centro derecha, abierto a la posibilidad de gobernar con un PSOE que también estaba en plena decadencia. Y estuvo a punto de lograrlo. Recordemos que Cs ganó las elecciones catalanas de 2017 y estuvo cerca de gobernar. Este resultado fue un importante espaldarazo para su formación y, si Rajoy hubiese convocado elecciones ante la moción de censura de Sánchez en junio de 2018, podría haberlas ganado. Las encuestas le situaban en primer lugar… y el PSOE aparecía en algunas como cuarta fuerza política.

Pero no fue así, y Sánchez se hizo con el poder legítimamente, pero por la puerta de atrás y con una alianza de todas las fuerzas populistas y nacionalistas del hemiciclo. España entró en un nuevo escenario político: el Frankenstein. A Rivera le resultaba más cómodo ser la oposición centrista al PP de la corrupción que tener que compartir la oposición con ellos frente al bloque de la izquierda, como se vio en la foto de Colón. De esta manera llegaron las elecciones generales de mayo de 2019. Cs estuvo a menos de 250 mil votos de convertirse en el principal partido de la oposición. El tiro al palo se repitió un mes más tarde. Cs se quedó a las puertas de ser el primer partido del centro derecha en muchas autonomías y ayuntamientos, pero se vio lastrado por la frustración de las elecciones anteriores y una menor implantación territorial. Ante un escenario cada vez más tenso, su única alternativa fue convertirse en la muleta del PP… excepto en Castilla La Mancha.

Mientras se cerraban los gobiernos locales y regionales, se abrió un largo periodo de 6 meses que llevó a la repetición de las elecciones generales. Y ése fue el inicio del fracaso para Cs. Para ser sinceros, Rivera estaba en una encrucijada de difícil salida. Y lo peor de todo es que tenía razón, como se demostró posteriormente. Sánchez nunca quiso pactar con él. No hay más que ver a las personas que envió a Ferraz para gritar ¡Con Rivera, no! Su intención fue siempre convocar nuevas elecciones en las que mejorar su resultado. Quería pactar con su banda, pero desde una posición de mayor fuerza. Sin embargo, no era menos cierto que una vez Rivera había visto tan cerca la opción de convertirse en puerta, no quería aceptar su fracaso y resignarse a ser bisagra. Sánchez y su pléyade de asesores fueron capaces de transmitir la idea de la ambición del líder de Cs, mientras que Rivera fracasó al transmitir que era Sánchez quien tenía que decidir si iba a setas o a Rolex. Estuvo demasiado ocupado ese verano con su ajetreada vida sentimental. El resultado es por todos conocido. Sánchez se desdijo de lo afirmado en la campaña electoral y realizó su modificado.

Cs fracasó, Vox ocupó la posición de rival del PP por la derecha, Rivera se fue a su casa y Arrimadas ocupó su lugar. La serie de Netflix continuó cambiando los papeles protagonistas. El PP tenía dos opciones: luchar por ocupar el centro o pelear el espacio de la derecha con Vox. Optó por la primera. Cs se quedaba sin espacio político. Como actores en busca de guion, Arrimadas asumió como quimérico el objetivo de ser puerta y se resignó a ser bisagra. Pero no es lo mismo ser bisagra cuando estás en ascenso que cuando estás en declive. Como le sucedió al CDS en los 90. A esto se le sumó que Cs era una bisagra muy disminuida con una fuerza muy limitada para movilizar puertas.

Cs modificó el marco que estableció tras la moción de censura, de forma que le permitiese abrir 180 grados en lugar de 90. Su intención fue recuperar puntos de encuentro con el PSOE con el nuevo escenario que ha supuesto la pandemia… pero estamos hablando del PSOE de Sánchez, que a su vez está pactando con Bildu, Podemos, ERC y demás sospechosos habituales. Cs se convirtió en una bisagra de segunda mano frente a la bisagra principal morada, adornada con púas secesionistas, cuyo verdadero anhelo es destrozar el marco actual… y que nunca llorarían si la puerta del PSOE es destrozada o el suelo que pisamos los ciudadanos (sobre todo los madrileños). La conclusión es que la puerta no se movió, la bisagra sí… y empezó a bailar. Con movimientos como la moción de censura en Murcia, Cs ha dado la percepción de que en lugar de ser bisagra se ha convertido en veleta, buscando el viento más propicio para ocupar titulares que le permitan volver a ocupar un lugar relevante en la escena política. Justo la mejor receta para caer en la irrelevancia.

A mí siempre me han gustado las bisagras, las fronteras o los puentes. Nunca he tenido problemas para relacionarme con personas muy diversas y aprender de ellas, tanto en mi vida profesional como en la personal. Es más, lo disfruto. Pero en política, más que de bisagras soy partidario de los marcos. Sobre todo del marco constitucional. Es una lástima que en España tengamos que pensar en partidos bisagras por la infantilización de nuestros líderes políticos. En países como Alemania los equivalentes al PP y el PSOE gobiernan juntos sin necesidad de Celestinas. Por desgracia, actualmente tenemos en marcha una burda lucha por el poder, no un pensamiento por el beneficio de los gobernados. ¡Pero si hasta hace nada se criticaba al PPSOE por ser muy parecidos! Y lo mejor de todo es que era verdad. Por tanto, lo que necesitamos no son partidos bisagra, sino políticos bisagra. Personas que se breguen en la obtención de consensos amplios en temas que verdaderamente preocupan a la inmensa mayoría de la sociedad, aceptación de la legitimidad del rival político y disputa limpia en los temas en los que se disiente. Casi nada.

Nuestra lucha en la sociedad actual es entre populismo y democracia. No comunismo y fascismo. No izquierdas y derechas. Lamentablemente tenemos a un Presidente que debe todo su poder al populismo y al nacionalismo excluyente y a una oposición infantil liderada por mediocres. Y todo en mitad de una pandemia…

Un comentario en “Bisagras

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