Bisagras

Las bisagras no se mueven. Se mueven las puertas. Las bisagras permiten giros de 360 grados. Los marcos los limitan.

Muchas personas aceptan acríticamente las metáforas políticas de los periodistas. Es lo que sucede con Cs y su papel como partido bisagra. En realidad, es un símil muy potente… sobre todo si somos conscientes de cómo en realidad funcionan las bisagras. De acuerdo a la RAE, la bisagra es un herraje de dos piezas con un eje común que sirve para unir dos superficies permitiendo el giro de ambas o de una sobre la otra. Las bisagras instaladas en las puertas son las más comunes. Para que cumplan su función deben tener el tamaño necesario para soportar el peso de la puerta, ayudadas por unos tornillos que tengan la fuerza suficiente para sujetarlas al marco. Una bisagra bien instalada no se mueve. Permite que la puerta se desplace sin chirridos, centrada en su eje y limitada por el marco. Si la instalación es deficiente, la puerta baila y no cumple eficazmente con su misión, pudiendo incluso estropearse y dañar el suelo.

Más que Cs, los partidos políticos que verdaderamente han desempeñado el papel de bisagra en la España constitucional han sido los nacionalistas. Sus tornillos eran una Ley Electoral que les proporcionaba una fuerza superior a la que tienen por el número de votos que obtienen en el conjunto de España. Estas bisagras nunca tuvieron problemas para girar 360 grados si era necesario, pactando tanto con PSOE como con PP mientras eran engrasadas con un módico precio. Como en nuestro país siempre ha vendido la pelea entre las dos Españas, el partido mayoritario pagaba gustoso un injustiprecio a cambio de librar a media España del dolor de sufrir el gobierno de los malvados de izquierda o de derecha. El nacionalismo no tenía que moverse. Los partidos mayoritarios acudían gustosos a él.

Ante la sangrante situación que vivían los ciudadanos que no contaban con el soporte de un partido nacionalista, surgieron dos partidos políticos indignados con la política de pactos de PP y PSOE. Primero UPyD y después Cs. Cuando se crean nuevos partidos, no tienen peso para influir. Por ello, su intención original no fue ser partidos bisagras, sino mostrar que otra forma de hacer política era posible. Rosa Díez creó UPyD hastiada de Zapatero, no para pactar con él. Lo mismo sucedió con Ciudadanos, que fue originalmente una escisión socialdemócrata en Cataluña contra el nacionalismo de Maragall. Paradójicamente, ambos partidos terminaron como refugio de votantes conservadores cansados de la corrupción del PP y de la tibieza que mostraba a la hora de defender alguno de sus valores tradicionales (como la bajada de impuestos).

La situación política fue evolucionando. Entre UPyD y Cs sobrevivió este último, tras descartar Rosa Díez la fusión de ambas formaciones tras las elecciones europeas de 2014 y verse abocada a la desaparición. Cs decidió en ese momento evolucionar de su posición socialdemócrata original a un planteamiento liberal que no existía en España. Esta estrategia tuvo aceptación por parte de la sociedad, lo que permitió a Cs ser factor decisivo para la gobernación, como se vio en Andalucía apoyando el gobierno de Susana Díaz en 2015. El incremento de votantes le permitió tener un tamaño suficiente que permitiese sostener una puerta, dejando atrás la pureza de la lucha por unos ideales al apoyar un gobierno manchado por el caso de corrupción de los EREs. Esta posición se repitió en el Pacto del Abrazo, donde Rivera voto a favor de Pedro Sánchez en su fracasado intento de investidura tras las elecciones de diciembre de ese mismo año. En ese caso, la bisagra no tuvo el suficiente tamaño y se repitieron las elecciones.

Pero quien está en política, más que resignarse a ser bisagra, pretende ser puerta. Más que ayudar a que se muevan los otros, ser el que se mueve. Porque Cs defendía unos determinados valores: regeneración política, liberal en lo económico (parecido al PP) y liberal en lo social (al estilo del PSOE). ¿Por qué resignarse a ser segunda o tercera fuerza política y no aspirar a ser el partido más votado? ¿Acaso no lo logró Macron en Francia venciendo a los partidos tradicionales? Rivera vio la crisis en la que estaba sumido el PP e hizo una apuesta para sustituirlo como fuerza dominante del centro derecha, abierto a la posibilidad de gobernar con un PSOE que también estaba en plena decadencia. Y estuvo a punto de lograrlo. Recordemos que Cs ganó las elecciones catalanas de 2017 y estuvo cerca de gobernar. Este resultado fue un importante espaldarazo para su formación y, si Rajoy hubiese convocado elecciones ante la moción de censura de Sánchez en junio de 2018, podría haberlas ganado. Las encuestas le situaban en primer lugar… y el PSOE aparecía en algunas como cuarta fuerza política.

Pero no fue así, y Sánchez se hizo con el poder legítimamente, pero por la puerta de atrás y con una alianza de todas las fuerzas populistas y nacionalistas del hemiciclo. España entró en un nuevo escenario político: el Frankenstein. A Rivera le resultaba más cómodo ser la oposición centrista al PP de la corrupción que tener que compartir la oposición con ellos frente al bloque de la izquierda, como se vio en la foto de Colón. De esta manera llegaron las elecciones generales de mayo de 2019. Cs estuvo a menos de 250 mil votos de convertirse en el principal partido de la oposición. El tiro al palo se repitió un mes más tarde. Cs se quedó a las puertas de ser el primer partido del centro derecha en muchas autonomías y ayuntamientos, pero se vio lastrado por la frustración de las elecciones anteriores y una menor implantación territorial. Ante un escenario cada vez más tenso, su única alternativa fue convertirse en la muleta del PP… excepto en Castilla La Mancha.

Mientras se cerraban los gobiernos locales y regionales, se abrió un largo periodo de 6 meses que llevó a la repetición de las elecciones generales. Y ése fue el inicio del fracaso para Cs. Para ser sinceros, Rivera estaba en una encrucijada de difícil salida. Y lo peor de todo es que tenía razón, como se demostró posteriormente. Sánchez nunca quiso pactar con él. No hay más que ver a las personas que envió a Ferraz para gritar ¡Con Rivera, no! Su intención fue siempre convocar nuevas elecciones en las que mejorar su resultado. Quería pactar con su banda, pero desde una posición de mayor fuerza. Sin embargo, no era menos cierto que una vez Rivera había visto tan cerca la opción de convertirse en puerta, no quería aceptar su fracaso y resignarse a ser bisagra. Sánchez y su pléyade de asesores fueron capaces de transmitir la idea de la ambición del líder de Cs, mientras que Rivera fracasó al transmitir que era Sánchez quien tenía que decidir si iba a setas o a Rolex. Estuvo demasiado ocupado ese verano con su ajetreada vida sentimental. El resultado es por todos conocido. Sánchez se desdijo de lo afirmado en la campaña electoral y realizó su modificado.

Cs fracasó, Vox ocupó la posición de rival del PP por la derecha, Rivera se fue a su casa y Arrimadas ocupó su lugar. La serie de Netflix continuó cambiando los papeles protagonistas. El PP tenía dos opciones: luchar por ocupar el centro o pelear el espacio de la derecha con Vox. Optó por la primera. Cs se quedaba sin espacio político. Como actores en busca de guion, Arrimadas asumió como quimérico el objetivo de ser puerta y se resignó a ser bisagra. Pero no es lo mismo ser bisagra cuando estás en ascenso que cuando estás en declive. Como le sucedió al CDS en los 90. A esto se le sumó que Cs era una bisagra muy disminuida con una fuerza muy limitada para movilizar puertas.

Cs modificó el marco que estableció tras la moción de censura, de forma que le permitiese abrir 180 grados en lugar de 90. Su intención fue recuperar puntos de encuentro con el PSOE con el nuevo escenario que ha supuesto la pandemia… pero estamos hablando del PSOE de Sánchez, que a su vez está pactando con Bildu, Podemos, ERC y demás sospechosos habituales. Cs se convirtió en una bisagra de segunda mano frente a la bisagra principal morada, adornada con púas secesionistas, cuyo verdadero anhelo es destrozar el marco actual… y que nunca llorarían si la puerta del PSOE es destrozada o el suelo que pisamos los ciudadanos (sobre todo los madrileños). La conclusión es que la puerta no se movió, la bisagra sí… y empezó a bailar. Con movimientos como la moción de censura en Murcia, Cs ha dado la percepción de que en lugar de ser bisagra se ha convertido en veleta, buscando el viento más propicio para ocupar titulares que le permitan volver a ocupar un lugar relevante en la escena política. Justo la mejor receta para caer en la irrelevancia.

A mí siempre me han gustado las bisagras, las fronteras o los puentes. Nunca he tenido problemas para relacionarme con personas muy diversas y aprender de ellas, tanto en mi vida profesional como en la personal. Es más, lo disfruto. Pero en política, más que de bisagras soy partidario de los marcos. Sobre todo del marco constitucional. Es una lástima que en España tengamos que pensar en partidos bisagras por la infantilización de nuestros líderes políticos. En países como Alemania los equivalentes al PP y el PSOE gobiernan juntos sin necesidad de Celestinas. Por desgracia, actualmente tenemos en marcha una burda lucha por el poder, no un pensamiento por el beneficio de los gobernados. ¡Pero si hasta hace nada se criticaba al PPSOE por ser muy parecidos! Y lo mejor de todo es que era verdad. Por tanto, lo que necesitamos no son partidos bisagra, sino políticos bisagra. Personas que se breguen en la obtención de consensos amplios en temas que verdaderamente preocupan a la inmensa mayoría de la sociedad, aceptación de la legitimidad del rival político y disputa limpia en los temas en los que se disiente. Casi nada.

Nuestra lucha en la sociedad actual es entre populismo y democracia. No comunismo y fascismo. No izquierdas y derechas. Lamentablemente tenemos a un Presidente que debe todo su poder al populismo y al nacionalismo excluyente y a una oposición infantil liderada por mediocres. Y todo en mitad de una pandemia…

Bourbon

Mi amigo Manolo podría escribir el guion de un culebrón de verano con su fascinante historia familiar. Manuel Nicolás es su nombre completo, herencia de sus dos abuelos. El abuelo paterno se llamaba Manuel, aunque era conocido por todos como don Manuel. Procedía de una familia acomodada y era propietario de varios negocios prósperos en la ciudad. El abuelo materno se llamaba Nicolás, un buscavidas divertido quien, desde pequeño, fue enemigo íntimo de Manuel.

El punto álgido de su enfrentamiento se produjo cuando la prometida de don Manuel abandonó la comodidad (y el aburrimiento) de su compañía, tras diez años de noviazgo, para disfrutar de la incierta vida que le aguardaba junto a Nicolás. Un poco al estilo de Titanic, pero sin el corazón del océano ni hundimiento de barcos. Tras insultos, peleas y ojos morados (de los que nunca dieron detalles los protagonistas), el círculo se cerró cuando la despechada ex novia de Nicolás contrajo matrimonio con el despechado don Manuel. Y así, aunque resentidos, terminaron felices los cuatro.

Ambas parejas se juraron odio eterno en la esperanza de que nunca más se volviesen a cruzar sus caminos. Sin embargo, la fuerza del destino hizo que sus respectivos hijos, Manuel Romeo y Ana Julieta, se enamorasen. Nuestros particulares Montescos y Capuletos experimentaron un cataclismo en la dulce paz de sus hogares, pero prefirieron aceptar el desconcertante amor de sus vástagos antes que correr el riesgo de un trágico final protagonizado por amargos venenos y afilados puñales.

La justicia poética, que entrelazó a nuestros cuatro protagonistas en el amor compartido por sus hijos, tuvo el alegre fruto de su nieto primogénito. En aquel momento, el precario armisticio alcanzado por los abuelos se vio tambalear a la hora de poner el nombre al bebé. La única manera de garantizar la tradición de cinco generaciones de Manueles en la familia paterna, sin ofender al abuelo materno, fue el peculiar nombre con el que mi amigo fue bautizado.

Lo nunca imaginable se produjo en la primera Nochebuena de Manolito. Ana y Manuel fueron los anfitriones para que los cuatro abuelos celebrasen juntos las primeras Navidades de su único nieto. Eso sí, don Manuel llevó consigo una botella de bourbon como obsequio a la cena. Era Four Roses (no podía ser otro). Lo vistió de brindis por su nieto, pero en realidad fue su particular manera de pasar el acibarado trago que suponía compartir mesa y mantel con sus consuegros.

El nieto creció hasta llegar a la adolescencia. Todos llamábamos Manolo a nuestro amigo (excepto su abuelo materno, que siempre lo llamó Nicolás). Un sábado a la noche, Manolo estableció contacto visual positivo a las 11 en punto con un imponente monumento a la sensualidad que parecía salido de una revista de modas. Y empezó el tonteo con la susodicha. Que si eres muy niño. Que si no lo soy. Que si me enseñas el DNI. Que si te enseño lo que tú quieras. Que si vaya foto más graciosa. Que si anda, te llamas Manuel Nicolás. Que si vaya nombre más raro. Que si cómo te gusta que te llamen. Que si llámame como tú quieras. Que si me gusta mucho como suena Nico…

Al poco tiempo comenzó el saliva va, saliva viene, lo que hizo que nos fuésemos contentos por el triunfo de nuestro Manolito con semejante bellezón. Lo que parecía ser apenas un amor de barra, se fue consolidando en una relación duradera. Y Manolo empezó a ser Nicolás para alguien más que para su abuelo materno. Tan entusiasmado estaba con su amor, que empezó a hacer cosas extrañas: nueva ropa, nuevos gustos musicales, nueva manera de hablar, nuevo depilado de piernas… Es que Jenny me dice que se me ve muy chic. Vosotros también deberíais hacer lo mismo, que estáis hechos un desastre.

Nosotros no terminábamos de entender lo del depilado, ya que en aquel momento la metrosexualidad todavía no estaba de moda… pero era su vida y lo respetábamos. Eso sí, la manera como desdeñaba nuestra simple forma de ser generaba cada vez mayor incomodidad. Empezamos a quedar menos con Manolo, ya que Jenny me dice que sois mala influencia, lo cual era tan solo parcialmente cierto. Comprendimos que lo habíamos perdido para siempre el día que llamó para decirnos que no podía quedar porque iba a un concierto de OBK en el que celebrar su historia de amor.

Después de meses sin coincidir con él, nos lo encontramos en un bar rodeado por la bella Jenny y sus recién estrenados amigos. Fui a saludar. ¡Coño Manolo, cuánto tiempo sin verte! Sus nuevos colegas se rieron con lo de Manolo, por lo que la dueña, airada, espetó: Perdona bonito, pero MI novio se llama Nicolás. Agarró a su mascota del brazo y, tras una mirada despectiva, me dejó con la palabra en la boca.

Podría alegar que llamar Manolo a mi amigo fue simplemente despiste, y que no me acordaba de que ya era Nicolás para todos (excepto para su abuelo paterno), pero lo cierto es que fue mi reacción ante el desprecio que mostraba hacia sus antiguas maneras de vivir. Al día siguiente recibí la última llamada de Manolo: Ayer te pasaste. Ya no quiero volver a verte. Jenny me ha dicho que no das la talla. Otra vez era su decisión y de nuevo había que aceptarla.

Estuvimos un par de años sin coincidir, hasta que una tarde de verano lo encontré al fondo de la barra de uno de los bares de siempre. No me había visto. Tenía de nuevo pelos en las piernas. Estaba solo. No pronuncié su nombre. Simplemente me senté a su lado. Cuando en la gramola empezó a sonar aquella vieja canción, no pudimos más que pedir un par de chupitos de bourbon y brindar al son de ni tú ni yo nos dimos cuenta que tras sus tetas no había corazón… solo ambición.

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De esta historia, unos se quedarán con la altura de miras de nuestros abuelos, quienes dejaron atrás los serios agravios que padecieron en carne propia por contribuir al bienestar de sus nietos. Otros se quedarán con la belleza rubia como metáfora de los populismos y separatismos que obnubilan a incautos, crean agravios artificiales, transforman a las personas, ofrecen soluciones sencillas a problemas complejos y separan a familiares y amigos de toda la vida. Incluso otros se quedarán con el paralelismo de las frívolas relaciones de la adolescencia con los superficiales mensajes políticos de la actualidad. Pero únicamente los más inteligentes se quedarán con la botella de bourbon.

Envidia

La envidia se produce por una conjunción de falta de autoestima con exaltación de las virtudes ajenas. Para el envidioso, la esposa ajena es más comprensiva que la propia, los compañeros de clase de sus hijos son más aplicados que los suyos y el coche del vecino está más equipado que el que acaba de adquirir. Este fenómeno se ve potenciado en época de pandemia. Así los envidiosos patrios anhelan la industria y el desarrollo de Alemania y los alemanes añoran disfrutar del sol de España.

Mientras los españoles exaltamos el orden ajeno despreciamos las virtudes propias. El turismo, que ahora es denostado por el Director General de Consumo (ascendido a la categoría de Ministro) como sector de bajo valor añadido, parecía un buen negocio hace menos de un año. Y lo era. Si nos fijamos en las estadísticas mundiales, en 2015 el número de turistas a nivel mundial era de 1.196 millones y en 2019 subió hasta 1.461 millones, lo que supone un incremento de más de un 22% en apenas 4 años. Cada vez hay (o había) más personas con la voluntad de conocer sitios diferentes de nuestro planeta, derivado de un mayor bienestar económico global.

En el reparto de turistas, España ganó la medalla de plata únicamente detrás de Francia, recibiendo en 2019 casi 83 millones de visitantes. En 2010 España ocupaba el cuarto lugar del ranking (detrás de Francia, China y Estados Unidos) con 53 millones de visitantes. En 9 años se ha producido un espectacular incremento de casi el 60%, con otro elemento añadido: España ocupa el segundo lugar en cuanto a ingresos por turismo, con casi 67.500 millones de Euros, únicamente por detrás de Estados Unidos. Todo ello nos ha convertido, según el World Economic Forum, el país más competitivo el mundo en términos turísticos. Creo que deberíamos sentirnos orgullosos de todos los puestos de trabajo que el turismo ha creado, así como los ingresos fiscales que ha generado después de la crisis de 2008 y que volverán cuando superemos el coronavirus. Si todos los sectores de la economía española hubiesen evolucionado igual en la última década, ahora seríamos superpotencia mundial. Crear un círculo virtuoso de semejante envergadura solo se alcanza mediante un exitoso trabajo en equipo que implica la conjunción de múltiples esfuerzos. España tiene la suerte de contar con unos lugares irrepetibles y unas condiciones excepcionales: sol y playa, museos, gastronomía, naturaleza, arquitectura… pero esto es algo que también tiene Italia y cada vez logramos tener más visitantes que ellos. Una buena materia prima es condición necesaria para un buen guiso, pero no suficiente. También se precisa de buenos cocineros.

Pongamos un ejemplo. Un vecino (imaginemos que se llama Paco) de Granada cuenta con el entorno idílico de La Alhambra, el Albaicín o la Catedral, lo que asegura a la ciudad un elevado número de visitas al año. Paco, que se ha preparado para gestionar restaurantes, puede emplear sus ahorros o conseguir financiación para abrir un establecimiento en el que ofrecer sus elaboraciones a las personas que visitan su ciudad. Así, siempre es atractivo para un turista degustar las habas con jamón, el remojón granadino o el plato alpujarreño. Paco va a realizar una apuesta. No hay ningún ministerio que indique el lugar en el que tiene que abrir ni el menú a ofrecer ni asegura un mínimo de ingresos. Si acierta con la calidad de su carta y con el precio, su restaurante se llenará y podrá contratar a más personas. De ese modo ganará dinero. Si se equivoca, tendrá que despedir a sus trabajadores y perderá sus ahorros o no podrá hacer frente a la financiación que solicitó, lo que incluso le puede ocasionar la pérdida de el inmueble que él o su familia han puesto como garantía. Imagino que ésta es la peor pesadilla de todos los Pacos que se embarcaron en un nuevo negocio antes de empezar la pandemia.

Las apuestas pueden ser de diferente alcance. Se puede ofertar comida típica a precio asequible, en un restaurante más pequeño con un alquiler barato, o se puede elaborar comidas más refinadas, en un lugar céntrico, con un precio más elevado, que persiga a un cliente de mayor poder adquisitivo y que esté dispuesto a pagar un precio superior. Este proceso de mayor elaboración, que a su vez implica una inversión y un riesgo mayores, puede conllevar un efecto de retroalimentación al turismo. Realizar una ruta por los bares de tapas del centro histórico o tener una experiencia gastronómica en alguno de los 10 restaurantes más reconocidos en Tripadvisor puede convertirse en un foco adicional de atracción de turismo. De este modo, el elemento que me puede hacer volver de visita a Granada ya no es la Capilla de los Reyes Católicos, sino almorzar o cenar en un restaurante con estrella Michelín. Y esto es lo que hace que Granada haya llegado a 5 millones de visitantes en 2019.

Las personas que realizaron una inversión exitosa, pueden mantener su establecimiento (con el riesgo de que termine pasando de moda) o seguir innovando y subir su apuesta. De este modo, se abre la opción de ampliaciones en el local para incrementar el número de mesas en las que atender a sus comensales; puede abrir nuevas sedes; crear franquicias con su marca; o generar cadenas de catering con las que atender eventos o comidas a domicilio. Nuevamente, esas apuestas implicarán un riesgo (en forma de costes más elevados) que se verá compensado (o no) con mayores ganancias. Las sociedades desarrolladas se construyen así, desde abajo hacia arriba. Mediante la iniciativa, el sacrificio y el riesgo. El éxito generará nuevos puestos de trabajo y conllevará el pago de impuestos más elevados. El fracaso supone regresar al punto de partida.

El límite no está topado. No hay más que pensar que Amazon nació hace 25 años vendiendo únicamente libros. Lo que acabamos de ver en el sector de la gastronomía se puede aplicar a otros en el sector turístico, como los hoteles. De nuevo, una vecina de Granada (la llamaremos Ana) puede optar por invertir en un pequeño hotel que sirva de alojamiento a turistas, ya sea en un lugar sencillo pero céntrico o mejor equipado pero más lejos de ellos. Pero Ana también puede realizar una inversión mayor para ofrecer habitaciones más amplias y confortables, gimnasios equipados, piscinas o parques acuáticos, restaurantes variados, actividades recreativas y de ocio, centros de spa, talleres para los más pequeños… De este modo, el hotel en sí puede convertirse en un centro de interés de turístico o un incentivo para que los visitantes se queden más tiempo en una determinada localidad, disfrutando de una oferta completa que combine la cultura, la playa o la actividad rural con días adicionales de descanso en el complejo hotelero. La experiencia exitosa en un lugar determinado, también se puede replicar en otros lugares. En este campo, las empresas españolas han sido pioneras en la internacionalización, con grandes grupos hoteleros como Meliá, NH, Barceló, Riu o Iberostar.

Alrededor del turismo, surgen multitud de oportunidades de negocio: deportes de aventura; guías turísticos que convierten una visita a los monumentos en una experiencia amena e interesante; emprendedores de la economía digital que creen apps en las que los visitantes a los museos puedan conocer con más detalle los secretos que encierran; organizar festivales culturales (cine, teatro…) que den singularidad a una localidad (como la Seminci en Valladolid o el Festival de San Sebastián); recorridos de compras por grandes almacenes como El Corte Inglés… Y todas estas iniciativas se van complementando y retroalimentando. De este modo, para disfrutar en plenitud Granada no va a ser suficiente con un par de días, sino que precisarás de al menos de una semana (o incluso más, si quieres disfrutar de los encantos que ofrece la provincia, ya sea en su costa o en Sierra Nevada).

Otro ejemplo claro de la creatividad española lo podemos ver en el nuevo Santiago Bernabéu. Ya no solo vas a disfrutar de un espectáculo deportivo de primer nivel (aunque este año parece que va a ser más complicado) sino que también se conjugará con una obra arquitectónica de primer nivel, el cuarto museo más visitado de Madrid, un recorrido de compras de las principales marcas o una cena en el restaurante de Martín Berasategui. Una vez más, puedes pasar de una experiencia de 2 horas a otra de un día completo.

Por tanto, España no tiene un problema con el turismo. Tiene un sector con el que dar envidia a los países vecinos y tiene el valor añadido de que toda esa creatividad no solo está a disposición de las personas que nos visitan, sino que también hacen de España uno de los países con mayor calidad de vida para sus habitantes. Gracias a todos los turistas que tenemos, el español tiene una variedad de oferta a la que no podría aspirar solo con sus nacionales.

El riesgo que se nos presenta con el coronavirus es que todo el trabajo y el emprendimiento que numerosas personas han realizado para generar esta oferta tan atrayente se pierda. Tenemos un riesgo elevado de salir de ese círculo virtuoso para entrar en otro vicioso. Si perdemos restaurantes, hoteles, empresas de transporte, locales de ocio… no solo tendremos menos turistas o se quedarán menos tiempo, sino que además tendremos menos puestos de trabajo y menos ingresos vía impuestos. Es por ello que es tan importante que se apoye no solo a los trabajadores en estas empresas vía ERTEs, sino también a los propietarios de los negocios. Si se destruye una parte importante de ese tejido productivo ¿a qué se van a dedicar sus trabajadores? En Alemania, por ejemplo, están dando un apoyo del 75% de lo facturado en 2019 a sus bares y restaurantes (¡qué envidia!).

Una vez que hemos visto que podemos sentirnos orgullosos de nuestro sector turístico, siempre saldrán envidiosos que afirmen que no estamos a la altura del resto de los países europeos en el resto de sectores económicos. Pero entonces también nos damos cuenta de que el 25% de las obras más importantes de infraestructura en el mundo están desarrolladas por las empresas constructoras españolas (como ACS, Ferrovial, Acciona, FCC…); contamos con dos de los bancos más importantes a nivel mundial (Santander y BBVA); somos líderes en desarrollo de energías renovables (Acciona, Iberdrola, Gamesa); tenemos la principal empresa mundial de textiles (Inditex); empresas energéticas de primer nivel (Repsol, Naturgy, Enagas); o tres escuelas de negocio entre las más reconocidas (IESE, IE, ESADE).

Todos estos elementos de orgullo no son óbice para reconocer que seguimos teniendo una de las tasas de desempleo más elevadas de la OCDE. Entonces los envidiosos dirán que es por nuestra falta de talento. Que nos gustaría formar parte de un país innovador, capaz de inventar la calculadora, la epidural, el submarino, el helicóptero, el libro electrónico, el traje espacial o los aparatos de rayos X portátiles… hasta que nos damos cuenta de que fueron españoles los que trajeron estas innovaciones al mundo. El problema quizá lo tenemos en ser capaces de traducir nuestra creatividad en patentes, las patentes en proyectos comercializables y todo ello a través de empresas que generen puestos de trabajos de calidad para nuestros profesionales. O quizá esté pendiente aportar más recursos para una investigación en la que exista una colaboración mucho más cercana entre las empresas y las universidades, aunque surgirán voces acusando de que se quiere privatizar la universidad.

Por tanto, en España tenemos una gran creatividad y somos capaces de traducir en negocios pequeños nuestro talento. También somos líderes mundiales cuando somos capaces de generar grandes compañías que pueden competir con las principales multinacionales. Entonces, el problema está en que el número de grandes empresas que tenemos es muy inferior a las que existen en el resto de Europa. Por ejemplo, el porcentaje de grandes empresas alemanas es cuatro veces superior a las españolas (¡qué envidia!). Es por ello que hemos sufrido mucho más que los países vecinos y la tasa de paro se dispara en los momentos de recesión. Solo podremos igualarnos a los países que envidiamos mediante el crecimiento de las pequeñas empresas en medianas, las medianas en grandes y las grandes en más grandes… o atrayendo la inversión de grandes empresas extranjeras para que se instalen en España. Tenemos la experiencia exitosa de la industria del automóvil, que ha crecido hasta convertirse en nuestra principal fuente de exportaciones. Además, estas grandes corporaciones generan otro círculo virtuoso, creando nuevas PyMes alrededor suyo para proveer bienes y servicios.

Las grandes empresas son las que pagan salarios más elevados, realizan políticas de inclusión de discapacitados, reducen brechas de género, tienen planes para potenciar la diversidad, implantan políticas ambientalmente sostenibles, códigos éticos, sistemas de control de calidad o programas de Responsabilidad Social Corporativa. En una empresa de apenas tres trabajadores, la única manera de conseguir el objetivo de igualdad de género sería implantando la política queer, de manera que cada uno se pueda sentir del género que considere y así cumplir con los objetivos que se planteen. Sin embargo, los grandes empresarios de nuestro país como Amancio Ortega, Ana Botín o Juan Roig sufren en muchas ocasiones el rechazo y la criminalización por parte de mediocres envidiosos que no han generado riqueza en su vida, en lugar de ser vistos con admiración y orgullo. Así llegamos a la paradójica situación en la que se quiere establecer mucha regulación para la gestión de las grandes empresas pero poca regulación para que haya grandes empresas en España.

Mientras el sector privado se construye generando riqueza desde abajo hacia arriba, el Estado se construye desde arriba hacia abajo gastando los ingresos que el sector privado genera mediante una serie de criterios que establecen políticos que son elegidos democráticamente por los ciudadanos. Esto no implica necesariamente que sean funciones contradictorias, sino que también pueden generar círculos virtuosos que se retroalimentan. Volviendo al ejemplo de Granada, puede llegar a 5 millones de visitantes al año gracias a contar con un sistema de comunicaciones que facilita su acceso (AVE, aeropuertos, carreteras…); una seguridad ciudadana garantizada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; una sanidad (pública o mediante conciertos con empresas privadas) donde poder atenderse en caso de enfermedad o siniestro; un sistema de abastecimiento de agua potable para casas y hoteles; un servicio de recogida de basuras; una información turística que permita conocer toda la oferta que la ciudad ofrece… o tantos otros servicios. Y para gestionar todas estas actividades, necesitamos también pagar a unos políticos preparados que sean capaces de hacer crecer esas sinergias entre lo público y lo privado o generar nuevas (como potenciar el Puerto de Motril para convertirlo en puerta de entrada para el turismo de cruceros en Granada).

Hay muchas otras actividades que también están asignadas a las Administraciones Públicas como educación, pensiones, prestaciones de desempleo… Su función es garantizar la inclusión social, de forma que se genere un nuevo círculo virtuoso. Por ejemplo, garantizar un acceso a educación de calidad donde se premie el mérito y el esfuerzo (al contrario de lo que propone la infame Ley Celaá) de personas brillantes con independencia de su condición socioeconómica no solo supone una acción de justicia social sino que es también un acto de egoísmo, ya que les permitirá en el futuro que estén en mejores condiciones de aportar riqueza a la sociedad a través de nuevos emprendimientos. También el Gobierno tiene en sus manos otras labores sociales, como atender a nuestros mayores o facilitar a todos aquellos padres que son campeones en la nieve el acceso a centros de educación especial en los que ayudar al desarrollo e integración de sus hijos (al menos hasta que la infame Ley Celaá acabe con ellos), ayudar a mujeres maltratadas, etc. Pero hemos de tener en cuenta que toda actuación de los poderes públicos se realiza mediante recursos limitados y generados por otros, por lo que los políticos han de ser muy respetuosos con los ciudadanos ampliando sus ámbitos de libertad y evitando imposiciones ideológicas (como podría suceder nuevamente con la infame Ley Celaá prohibiendo la elección de Centro o poniendo obstáculos a la educación concertada). Si pagamos la comida con nuestros impuestos, que al menos nos dejen elegir parte del menú.

Ahora se están elaborando los Presupuestos en España para 2021. Los Presupuestos han de encontrar el equilibrio entre los ingresos y los gastos. Los ingresos ya hemos visto que dependen de la riqueza que sea capaz de generar el país. La crisis del coronavirus ha puesto en peligro la supervivencia del sueño de muchas personas que han invertido mucho tiempo y dinero en dar servicios a la sociedad, lo que les puede convertir en receptores de subsidios y pueden excluirles de su futura capacidad de generar riqueza. Los gastos sirven para repartir la riqueza que se ha generado previamente y en la situación actual hay muchos más demandantes de auxilio. La capacidad de gasto proviene de detraer recursos de aquellas personas que previamente han generado riqueza (cada vez más escasa), ayudas externas como fondos europeos (con una cantidad también limitada) o un endeudamiento a futuro (lo que también implica consumir recursos de nuestros hijos o nietos).

Es muy importante que tengamos en cuenta los conceptos de crisis y escasez de cara a estos Presupuestos. Y que no engañemos a la gente indicando que vamos a salir más fuerte de una crisis tan devastadora como ésta. Se puede generar una envidia insana y un cabreo lógico por parte de personas que se están quedando en la ruina sin soporte de los poderes públicos, que ven cómo se incrementan los sueldos de los funcionarios públicos o todas las pensiones; o se mantiene una gobierno elefantiásico de 23 ministerios y un 60% más de asesores y altos cargos; o que ven cómo se incrementa un 70% los gastos del Ministerio de Igualdad para dar cabida a informes de apesebrados propios que buscan igualar en la miseria en lugar de ayudar a los que pueden volver a generar riqueza. No hay nada mas espurio y rastrero que aprovecharse de las tragedias ajenas para interés propio… aunque ya tengan amplia experiencia en ello.

Yo siempre he creído más en los que trabajan desde abajo que en capitanes a priori que no han aportado riqueza en su vida. De hecho, el planteamiento de los fondos europeos tiene esa filosofía: financiar proyectos del sector privado que ayuden a un desarrollo en la transformación digital o en iniciativas ambientalmente sostenibles, que son prioridades europeas que impulsan todos los sectores privados. En ambos sectores, España tiene un amplio camino recorrido y un enorme potencial. Espero que se empleen en iniciativas transformadoras y no en subsidios a corto plazo. Aun así, estas iniciativas no han de eclipsar el necesario apoyo que precisan tantos otros sectores productivos españoles, de creatividad elevada e ingente valor añadido para nuestra sociedad, si queremos seguir viviendo en una sociedad de alto bienestar que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

Porque creer en un país es creer en sus ciudadanos. No tener envidia de ellos y pretender cambiarles impulsando populismos cuya finalidad es moldear súbditos de acuerdo a su ideología.

Capitanes a priori

De esta crisis vamos a salir más reforzados. Es el lema que se repite en numerosos videos compartidos a través de las redes sociales y lo recibimos como una inyección de optimismo. Yo, en cambio, me conformo con que primero salgamos y después, si eso, nos reforzamos. Creo que es a lo más que podemos aspirar, con más de doscientos mil fallecidos en el mundo por coronavirus y muchos trabajos y negocios en riesgo de desaparecer. Sin embargo, me temo que existe un disenso unánime respecto a un retorno al punto de partida. Si en vacaciones nos da por reflexionar y prometemos un cambio en nuestra vida con nuevos propósitos como apuntarnos al gimnasio, hacer dieta o aprender idiomas, ¿cómo no vamos a querer cambiar el mundo después de dos o tres meses confinados?

Todos los capitanes a priori aprovechan estos anhelos para proyectar sus creencias y convertirse en gurús de la recuperación. Tendríamos un punto de optimismo con la esperanza de que se neutralicen entre sí. Sin embargo, el resto de puntos apuntan al pesimismo: de las crisis ha salido históricamente victorioso el capitán que ha demostrado una mayor capacidad para sacar a los ciudadanos de la pobreza para llevarlos a las más profundas cotas de miseria. Aun así, todavía estamos a tiempo de dejar nuestras ideologías aparte y enfrentarnos a la realidad sin apriorismos para lograr un equilibrio exitoso entre sostener a los más desfavorecidos e impulsar a aquellos que han de multiplicar la recuperación.

Es lógico se esté planteando una renta mínima vital, una iniciativa que ha puesto de acuerdo a políticos de diferente signo que van desde Trump hasta Iglesias, pasando por Luis de Guindos. En la situación actual no nos podemos permitir que haya personas que no tengan ningún ingreso. Existe el riesgo real de un estallido social, como los asaltos a supermercados en el sur de Italia a finales de marzo. No obstante, hemos de tener claro de que se trata de una medida de último recurso, como ya sucede con las rentas de inclusión que vienen proporcionando desde hace años las autonomías. Vivir de un subsidio del estado no es algo que deba de ser estructural a largo plazo. No solo por los costes, sino también por la dignidad de las personas que están en condiciones de aportar a la sociedad. Puede generar dependencia y corrupción (sobre todo en países en los que la economía sumergida supone más del 20% del PIB). El objetivo de toda prestación asistencial debe ser su propia desaparición a largo plazo, por ser capaz de generar condiciones que hagan que no sean necesarias. Son un medio, no un fin. Por tanto, el objetivo principal de la acción política y económica no debe estar centrado en estas medidas que son necesarias en este momento, pero son pan para hoy y hambre para mañana.

En lugar de subsidios de dependencia, la mayoría de la población quiere mantener sus puestos de trabajo o los negocios que han conseguido sacar adelante con ímprobo esfuerzo. En ocasiones, bajo el sudor de varias generaciones. Muchas empresas y autónomos tienen ahora el único objetivo de sobrevivir al COVID-19. Su propia supervivencia sería, paradójicamente, su mejor acto de contribución y solidaridad a la sociedad, ya que dejarían de ser personas receptoras de subsidios y pasarían a aportar los impuestos con los que pagar los sueldos del personal sanitario, los profesores, los servicios sociales o la renta mínima vital. Tenemos que evitar que caigan nuestras empresas y autónomos, ya que reconstruir el tejido empresarial sería una ardua tarea, prolongada en el tiempo, que implicaría un coste social que no podemos asumir. Sin embargo, la CEOE denuncia que las ayudas a empresas y autónomos en España están siendo 6 veces inferiores respecto a Alemania y la mitad que en Francia o en Italia.

El elemento central es lograr la liquidez que permita llevar a cabo las políticas de sustento e impulso. España estaba a finales de 2019 en una deuda del 95,5% sobre el PIB. Si el PIB cayese un 10% este año, el porcentaje de endeudamiento de la economía ascendería al 106% (95,5/90). La recaudación de impuestos caería vertiginosamente por el parón de actividad. Un estudio estimaba hace un par de semanas una reducción del 19% de los ingresos fiscales (más de 3 puntos de PIB) respecto al año pasado con caída de la economía de solo un 5%. Un escenario que ya no lo contemplan ni los más optimistas. Frente a la caída de los ingresos, los gastos se incrementarían en dirección contraria por pago de ERTEs, prestaciones de desempleo y rentas de inclusión. Esta situación nos puede llevar a un déficit bastante superior al 10% y quedarnos con una deuda por encima del 120% del PIB. Si tenemos recuperación en V (algo que pocos analistas ya contemplan) y la economía crece en 2021 por encima del 5%, el porcentaje de deuda sobre PIB podría tener un decrecimiento importante. Pero, insisto, para que la economía se recupere con rapidez, necesitamos que las empresas sobrevivan, creen empleo y, de este modo, haya menos gente recibiendo subsidios.

El aspecto más positivo, a diferencia de 2009, es que no tenemos problemas estructurales. Tampoco necesitaremos de una reconstrucción ya que carreteras, edificios, puertos e industrias siguen en pie. No estamos en una guerra, a pesar de lo que nos venden en algunos discursos. Lo único que nos falta es la riqueza que estamos dejando de generar. ¿Y cómo conseguimos el dinero que nos falta? Los países por sí solos no pueden afrontar este reto. Por eso miramos al BCE y la Unión Europea. Ya tienen estructurados mecanismos como el MEDE y se han liberado facilidades de crédito por 500 mil millones de Euros, que posiblemente no serán suficientes. Estados Unidos ya ha movilizado 2 billones. Con la creación de la Moneda Única, los países europeos hemos perdido la autonomía en política monetaria, cuya competencia ha pasado al BCE. La emisión descontrolada de moneda tiene dos efectos: la inflación y la devaluación de la moneda. ¿Por qué? Porque la emisión de moneda sin un sistema productivo que lo sustente implica que estás vendiendo castillos en el aire, con consecuencias como la dramática devaluación del bolívar en Venezuela o del peso en Argentina. Pero en una situación como la actual, con un riesgo enorme de deflación y en una economía de la solidez de la europea, ¿podría ser una solución viable? ¿en qué medida? ¿cuál sería el límite? A fin de cuentas, la inflación también es un impuesto para los más pobres.

Y aquí es donde en Europa existe el dilema de cómo coordinar una acción de salida conjunta de la crisis. Todo va a depender de si la pandemia va a generar un shock asimétrico o no en las economías de los diferentes países. Es decir, si la crisis nos va a afectar con la misma intensidad y durante un periodo de tiempo similar. Un impacto homogéneo implicaría las mismas medidas para salir de la crisis pero, si es diferente, medidas beneficiosas para unos países pueden perjudicar a otros. A esto le añadimos la diferente situación de partida de los países europeos. Alemania cuenta con mayor margen para endeudarse al tener una deuda del 62% del PIB y Holanda tiene el 50% (ambas reduciendo casi 20 puntos su endeudamiento desde 2012). Sin embargo, Italia parte de casi el 140% y Francia y España cerca del 100% (creciendo los tres más de 10 puntos desde 2012). Desafortunadamente, las predicciones del FMI indican que la pandemia afectará de manera más severa a los países que dependen más del turismo y el entretenimiento. Francia, España e Italia son la primera, segunda y quinta potencia turísticas del mundo, el sector económico que la mayoría de los analistas consideran que va a ser de los últimos en recuperarse.

Aquí hemos de entender a los gobernantes de los países del norte de Europa: ¿Cómo pueden explicar a sus ciudadanos que los ahorros que ellos han conseguido (recibiendo, por tanto, menores prestaciones públicas) los han de emplear en rescatar a los países del sur que hemos seguido una senda divergente de gasto? Todo ello, con una dura crisis económica que también van a sufrir sus ciudadanos. ¿Qué es más pro europeo, ayudar a otros países ante una emergencia o ejercer políticas de largo plazo que te permitan tener una economía más saneada y estar más preparado ante posibles crisis? No obstante, la situación de los diferentes países europeos no será completamente distinta. La pandemia va a golpear a todos los países y la crisis de los países del sur también afectará profundamente a los países del norte. En una economía tan interdependiente como la que ha generado la globalización, la caída de sus principales clientes ralentizará la suya propia y generará también incentivos de colaboración. Me parece que la demanda de Audis y BMWs se va a reducir sensiblemente en los próximos años. Esperemos que esto abra caminos al acuerdo entre los países del norte y del sur, pero no estamos en condiciones de exigir y tendremos que asumir que los países del norte quieran establecer condiciones para asegurarse de que los préstamos se devuelvan.

Creo que a corto plazo no va a existir problemas para financiarnos. El verdadero problema lo tendremos en España dentro de 3 o 4 años si nos estancamos en un paro estructural superior al 15%, con un déficit anual en el entorno del 5%, una economía con un crecimiento en el entorno del 2% y, por tanto, con una deuda que siga incrementándose. En ese caso ¿nos van a seguir prestando dinero? ¿qué condiciones nos pondrían? ¿podremos seguir pagando las mismas pensiones a nuestros mayores, los mismos sueldos a nuestros profesores o podremos reconocer con mejores condiciones a los sanitarios que han luchado de forma tan denodada contra el virus? El reto que realmente tenemos encima es evitar un rescate a medio plazo.

Si somos capaces de visualizar este peligro, nos daremos cuenta de que quienes han sido capitanes a posteriori (porque no lo fueron cuando había avisos de una crisis sanitaria) no pueden convertirse ahora en capitanes a priori ante la crisis económica. No hay que engañar. Muchas personas se van a quedar atrás (para empezar más de 30 mil), pero tienen que ser las mínimas posibles y durante el menor tiempo posible. Como aquellas que serán despedidas para que las empresas puedan sobrevivir y vuelvan a contratar trabajadores lo antes posible. Personas a las que habrá que proteger.

Habrá que dialogar mucho, conocer cada uno de los sectores de la economía productiva española, monitorear de manera constante los impactos de las medidas que se implementen… Cada Euro que se utiliza es un recurso escaso que hay que devolver, ya que cualquier incremento de deuda implica una detracción de renta para nuestros hijos y nietos. España no se puede permitir que ningún recurso se pierda en la picaresca de la economía sumergida ni dejar de ser exigentes con los beneficiarios de los subsidios que se van a dar (a particulares o a empresas), ya que en ellos ponemos la esperanza para que ayuden a otros a salir de la crisis. Por tanto, no podemos fiar nuestra recuperación únicamente a prestaciones asistencialistas y a la confianza en un rescate europeo sin condiciones.

Recordemos que la sanidad o la educación pública no son un derecho universal. Quienes hemos vivido en África o en América bien lo sabemos. Los servicios públicos de que podemos gozar son aquellos que una sociedad es capaz de proporcionar a sus ciudadanos por medio de la riqueza que genera. En esta situación tan compleja, cualquier capitán a priori lo único que conseguirá es que nos vayamos a pique. Y no puede solicitar adhesiones para que todos nos ahoguemos juntos. Lo que necesitamos es un líder inclusivo, humilde y que se rodee de gente capaz en la situación tan complicada que nos va a tocar vivir, en la que es muy probable que vaya a tener que tomar medidas muy impopulares. Si llega ese momento, sí que sería necesario acordar unos pactos trasversales entre las diferentes fuerzas políticas.

El regreso al punto de partida (bendito 2019) sería beneficioso para todas las personas, desde los más privilegiados a los más desgraciados. Todos estábamos mucho mejor en el inicio de la crisis de lo que vamos a estar al final. Se puede alegar que existen muchos desequilibrios y aspectos para mejorar en nuestra sociedad. Es cierto. Pero la situación actual no es una foto inamovible, al estilo Parménides. Más que ante una foto, estamos ante un video. Un continuo cambio, como indicaba Heráclito. El hombre está en constante progreso y ha sido precisamente un parón lo que nos ha puesto en problemas. Muchos de los aspectos en los que se considera que tiene que basarse la salida de la crisis forman parte de la continua evolución que está realizando el ser humano en pleno siglo XXI. Una sociedad donde las tasas de pobreza se han reducido de manera espectacular; la libertad religiosa está reconocida cada vez en más países; la diversidad y el papel de la mujer es mejor que nunca (aunque todavía haya camino por recorrer); donde los países más desarrollados están consiguiendo reducir de manera drástica sus emisiones de CO2; y donde las nuevas tecnologías como Blockchain, IoT, impresoras 3D o el streaming ya son una realidad en nuestra sociedad y nos ha permitido sobrellevar mejor la pandemia. Pero este desarrollo no continuará si la mayoría del sector productivo termina en manos públicas por medio de nacionalizaciones masivas.

Por tanto, vamos a concentrarnos en sobrevivir a esta crisis e intentar retomar la senda positiva desde el punto en el que estábamos. Las transformaciones radicales hacia un mundo mejor las dejamos para otro momento. Solo saldremos de la crisis económica desde la libertad, que es la base para propiciar situaciones de igualdad. Volvamos a crear las condiciones que nos permitan repartir riqueza con los más necesitados en lugar de compartir miseria. Será muy duro, pero ¡resistiremos!

Liderazgo

No sé si estamos en la peor crisis que hemos vivido o si la peor crisis está por venir. Lo que sí tengo claro es que en España necesitamos de un liderazgo fuerte que nos ayude a salir de esta crisis sanitaria y económica lo antes posible. Una persona que esté al frente de toda la sociedad y sea capaz de coordinar los esfuerzos que todos estamos realizando. Hemos entrado juntos en una crisis global, cuyas trágicas consecuencias eran difícil de prever hace apenas unos meses, y juntos hemos de salir. Esto implica un liderazgo inclusivo que articule la colaboración entre todos los que tienen la capacidad de aportar valor e ideas, ya sean de izquierdas o de derechas, ricos o pobres, públicos o privados, mujeres u hombres.

Lamentablemente, en estos últimos días se empieza a hablar demasiado de la mala política mientras existen personas que no tienen apenas tiempo libre y que luchan encarnizadamente contra la enfermedad. Una oportunidad perdida, ya que la primera reacción por parte de todos partidos políticos (menos de los separatistas) ha sido de colaboración y aprobación de las medidas excepcionales que el Gobierno ha propuesto. Era el mejor punto de partida para ejercer un liderazgo no autoritario que aunase voluntades. Sin embargo, el Gobierno ha estado dos semanas sin llamar a los líderes de la oposición, quienes van a tener que convalidar en el Parlamento los Decretos del poder ejecutivo para luchar contra la crisis (negociando las modificaciones que ellos consideren beneficiosas para los ciudadanos). En eso consiste la democracia.

En este sentido, hay decisiones que son complicadas de comprender. Por ejemplo, el Gobierno Central no tiene competencias para la compra de material sanitario desde que fueron transferidas a las Comunidades Autónomas en 2002. Esto ha dificultado la creación de un mando único sanitario ágil y ha llevado a esperpentos como la fallida compra de los test rápidos. Hubiese sido mucho más sencillo realizar un acuerdo con una o dos Comunidades, con experiencia en la gestión de este tipo de compras, soportándolas con lo que el gobierno puede aportar: capacidad financiera, diplomática y logística. Lo más inteligente hubiese sido dar esa responsabilidad al menos a una región gobernada por la oposición, como Madrid (la Comunidad con más afectados), de manera que se generase una responsabilidad compartida (para los aplausos y las críticas). Todos remando en la misma dirección, en lugar de las críticas de Ayuso al gobierno por no darle material y ahorrándonos la campaña organizada por medios como la Cadena Ser contra la Presidente de la Comunidad.

En una crisis hay que generar confianza, para lo que es necesario dar respuestas concretas a las preguntas que te hacen periodistas libres; admitir el mayor número posible sin censura previa; dar datos; reconocer las limitaciones o el desconocimiento. 30 segundos es tiempo más que suficiente para responder a las preguntas que te realizan. En cambio, nos estamos acostumbrando a respuestas interminables, que es la mejor manera de no responder a nada. En sus dos últimas ruedas de prensa Sánchez respondió 6 respuestas en 40 minutos. ¿Cómo quieren que nos quedemos con ideas claras de lo que nos quieren transmitir? ¿O es que no tienen las ideas claras? Sabemos que la claridad y la concreción son harto complicadas para un Gobierno precario que estaba diseñado para la ambigüedad (para hacer ver a sus socios que cedía en temas importantes sin ceder), pero las urgencias y prioridades de hace apenas dos meses han quedado (espero) enterradas.

Aunque la situación es muy cambiante, para ejercer el liderazgo hay que trabajar de manera ordenada; controlar el caos; prever diferentes escenarios; adelantarte a ellos. Un cierre más estricto de la actividad económica estaba encima de la mesa desde hace semanas. Es una medida que ya habían tomado otros países. Ir a una rueda de prensa un sábado para anunciar únicamente que se incrementa el confinamiento y tardar 30 horas en publicar el Decreto no tiene sentido. Que le pregunten al Presidente en la rueda de prensa si los medios de comunicación son servicio esencial y que él dé su opinión personal, en lugar de comentar lo que está incluido en el decreto, es preocupante. El gobierno cuenta con un cuerpo de asesores y abogados muy amplios, por lo que si sales a comunicar a la sociedad una medida es porque previamente la tienes acordada y redactada. Lo contrario es una chapuza.

Eso no da seguridad. La seguridad ha de provenir también de tener un conocimiento profundo de los temas de los que uno habla. Un caso sangrante ha sido la explicación de los ERTEs, donde la Ministra de Trabajo se realizó un lío a la hora de comentarlo con los periodistas. Paradójicamente, la que se ha presentado como la mejor medida del Gobierno para salvaguardar a los trabajadores fue aprobada por el PP de Rajoy en la Reforma Laboral que el nuevo Gobierno quería derogar. Y al no realizar un reconocimiento a la oposición, tampoco se destaca el propio mérito de un Gobierno que adopta medidas implantadas por partidos que tienen una visión muy diferente de la suya.

Pero me temo que estos problemas de gestión vienen derivados de la intención de utilizar también el COVID-19 para dividir. Se quiere demostrar que existe una manera de gestionar diferente, en la que solo una parte tiene que pagar la factura. Se achaca a la oposición que ellos gestionaron la crisis de 2008, causando grandes daños a la sociedad, mientras que el Gobierno actual va a lograr superar esta crisis salvando a los buenos (los trabajadores) para que paguen los malos (los empresarios y los ricos). Es curioso, ya que nadie recuerda que en realidad Rajoy siguió los pasos de unos recortes que inició Zapatero (con el voto favorable de Sánchez desde su escaño). Quizá sin las primeras medidas de Zapatero, el rescate que evitó Rajoy hubiese sido imparable. En cualquier caso, la ignorancia y cortedad de miras no les deja ver que ante el coronavirus todos vamos a salir dañados: buenos, malos y regulares.

Para mí, no tiene ninguna importancia ahora si el 8-M, los partidos de fútbol o la mascletá valenciana incrementaron los contagios. O si se ignoraron avisos de expertos. Tampoco es relevante ahora si hubo recorte en el gasto sanitario en Madrid (aunque hay informaciones que indican que en las comunidades gobernadas por el PP se incrementó en un 13% y decreció en las del PSOE un 4%). Tampoco tiene sentido entrar en duras críticas al hospital de campaña de IFEMA, cuando se ha construido en menos de una semana y hay que hacer funcionar como hospital lo que antes era un recinto ferial. Ya habrá tiempo de sacar las lecciones aprendidas cuando esto termine. Entre la mala conciencia de unos y las ganas de derrocar al Presidente de otros, se quiere colocar lo secundario en el centro de la actualidad.

Sí es importante y preocupa que el gobierno está administrando de una manera muy deficiente esta crisis. Pero no solo es un problema de errores de gestión, que todos los están cometiendo en una situación de tremenda complejidad. Es un problema de actitud y de prepotencia. Debería realizar cambios de personas y buscar apoyos amplios. Sánchez va a ser nuestro Presidente durante la emergencia sanitaria y los años de crisis económica que están por venir. Tendremos que ayudarle y él tendrá que dejarse ayudar, aunque seguiremos estando en nuestro derecho de criticarle y oponernos a medidas que proponga, si las consideramos perjudiciales. Si la solución que se busca es excluyente estamos en un grave peligro. Ante la afirmación de que la salida puede venir únicamente por reforzar lo público frente a iniciativas privadas, la pregunta cae por su peso. ¿Para qué? ¿Para que lo gestiones tú? Pues yo, la verdad, prefiero a Amancio Ortega.

Un antiguo jefe una vez me indicó que existen dos tipos de liderazgo. Uno consiste en que la gente te admire, lograr adhesión por parte de la gente que te sigue (así se veía a sí mismo). El otro tipo de liderazgo consiste en llevarte bien con el personal a tu cargo y crear buen ambiente (así veía al resto). Sin embargo, estos dos tipos de liderazgo presentan grandes deficiencias. Un líder absoluto que genera adhesiones tiene el límite en él mismo y acaba ahogado en su propia prepotencia. Un líder que se encarga de mantener simplemente buenas relaciones (sin criterio para tomar decisiones) deriva en una parálisis por análisis. En cambio, un buen líder debería rodearse por profesionales que conozcan mucho más que él de sus áreas de especialización, saber escuchar, colaborar incluso con personas con criterios divergentes, tomar decisiones y, finalmente, asumir la responsabilidad de los aciertos y errores cometidos.

Por desgracia, me temo que a Iglesias le gusta ejercer el primer tipo de liderazgo y a Sánchez el segundo. Cuando escuché esa lección por parte de mi antiguo jefe comprendí que mi tiempo allí había terminado. A los pocos meses tuve la suerte de iniciar una nueva aventura laboral. En cambio, ni puedo ni quiero cambiar de nacionalidad, por lo que solo me queda mantener la fe en todos los referentes de la sociedad civil que se están dejando la piel para que la recuperación sanitaria y económica sea una realidad lo antes posible. Esperemos que se negocien unos nuevos Pactos de la Moncloa. Para ello se necesita mirar honestamente al resto de partidos. Ser consciente de que esta crisis le ha tocado liderar a la coalición en el Gobierno, pero que su papel temporal y que esta responsabilidad le puede corresponder dentro de poco a los partidos de la legítima oposición (como ya la ejercen gobernando en muchos territorios). Lo importante es que las medidas que se acuerden sean asumidas por toda la sociedad y se apliquen en el largo plazo.

Ojalá nuestra clase dirigente cambie y terminen todos remando en la misma dirección, porque solo tenemos dos opciones: salir de esta crisis con unidad o con divisiones y luchas. Yo apuesto por lo primero.

Perdón

Cualquier momento es bueno para pedir perdón. Su efecto catártico tiene efectos beneficiosos, incluso para la salud (algo muy necesitado en los tiempos que corren). Son muchas las personas con las que yo tendría que disculparme, empezando por la niña a la que le tiré un balonazo cuando apenas contaba 10 años. Sé que ella tampoco se ha olvidado, a pesar de mi profundo arrepentimiento. Es lo que tiene crecer en una pequeña ciudad (infierno grande). Así podría continuar con mis padres, hermanos, amigos, enemigos… Aunque no formo parte del 2% peor de la población, mis actos reprobables son muchos más de los que hubiese deseado cometer. Al menos esto no me sucede en casa, donde siempre tengo la razón… bueno, en realidad, casi siempre.

Sin embargo, la reciente experiencia de Plácido Domingo ha hecho que me replantee solicitar públicamente perdón, aunque ser un prestigioso autor para minorías selectas hace que la repercusión de mi solicitud sea sensiblemente inferior a la del aclamado tenor. Eso sí, no podemos quitar ni un ápice de importancia a los presuntos hechos reprobables que ha reconocido Domingo. Parece haber hecho honor al clásico refrán español: Donde tengas la olla no metas la… gallina. Y mucho menos si eres el chef más reputado (no sé si es el adjetivo más preciso para emplear en esta ocasión).

El acoso en el trabajo es una de las cosas más detestables que existen. Es el lugar en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y donde ponemos nuestra seguridad, nuestros anhelos de desarrollo y el bienestar de nuestra familia. Imagino que cuando alguien alcanza los niveles de fama de Plácido puede llegar a sentirse el más gracioso, guapo y poderoso. Esto te puede hacer sentir que casi siempre tienes la razón. Como yo en casa… bueno, en realidad, solo a veces.

La reacción de Plácido Domingo ha consistido en disculparse por todo el daño que ha causado, poniéndose a disposición de las personas ofendidas para reparar el daño causado. Pero parece que cometió un enorme error en el mundo que vivimos. Tanto como para que se hayan cancelado las actuaciones que tenía programadas en Madrid. Posteriormente matizó su disculpa, indicando que “Nunca me he comportado agresivamente con nadie y jamás he hecho nada para obstruir o perjudicar la carrera de nadie», pero reconociendo su culpa por haber hecho sentir mal a mujeres y concienciando a toda la sociedad de que comportamientos como el suyo no pueden repetirse jamás (lo que le honra). Lo que él pudo considerar galante, otros lo pudieron ver como baboso y otras (probablemente con razón) como acoso.

En realidad, Domingo podría haber negado todas las demandas, alegando que son acusaciones de hechos sucedidos hace 30 años y de los que es imposible obtener pruebas. También podría haber manifestado que las acusaciones provenían de oscuros intereses de la Iglesia de la Cienciología, como han publicado medios de comunicación que han salido en su defensa. Pero lo más probable es que esa estrategia también hubiese sido en vano. 

Cuando todos creíamos que Frank Underwood era el mejor intérprete de Kevin Speacy, nos encontramos con que las acusaciones criminales que le realizaron fueron desestimadas por los fiscales. Woody Allen también resultó absuelto de todas las acusaciones realizadas por Mia Farrow, pero su versión de la historia no podrá salir a la luz en Estados Unidos por el veto realizado por la editorial que tenía los derechos sobre sus memorias debido a la presión de Ronan Farrow. O Roman Polanski, que ha quedado condenado por vida por unos hechos totalmente reprobables ocurridos hace más de 40 años. Por un lado, nos oponemos a la cadena perpetua, pero por otro hay personas que no tendrán la absolución de la sociedad mientras vivan.

La conclusión es que sabemos que Plácido Domingo ha sido acusado de conductas impropias (pero no sabemos de cuales) y que él se ha declarado culpable (no sabemos si de todo o de parte de lo que no sabemos que le acusan). Pero, como en el mundo actual nos sentimos con autoridad moral para juzgar a los demás, parece que en el imaginario colectivo el tenor se encuentra ubicado tan solo un par de escalones por encima de Harvey Weinstein, quien sí ha sido condenado a 30 años de cárcel por sus acciones criminales (para gran disgusto de grandes artistas que agradecieron en público el desinteresado apoyo que ofreció a sus carreras artísticas). El problema es que juzgamos desde nuestros prejuicios, no desde la búsqueda de la verdad y el equilibrio entre el daño causado la víctima y la presunción de inocencia del acusado.

Es lo mismo que sucede en esta sociedad actual, donde hay que gritar muy alto para tener la razón. Una sociedad excluyente por mitades donde quien no coincide con las ideas que transmite la otra mitad se convierte directamente en un fascista o un machista, lo cual es muy útil para cubrir las vergüenzas propias de ser un principiante a la hora de redactar leyes que no vienen a responder las necesidades de fondo que tenemos todas las mujeres y todos los hombres que luchamos por una sociedad más inclusiva.

Por el otro extremo, tampoco estaría mal que pidieran perdón aquellos que tratan como feminazis comunistas a todos aquellos que reclaman que todavía existe un importante camino por recorrer hasta terminar con la brecha de género y alcanzar la plena igualdad y seguridad de la mujer en nuestra sociedad. Un gran ejemplo nos han dado las mujeres del PP alabando las bondades de sus adversarias políticas. Una visión empática a imitar por los que solo a veces tenemos razón en nuestras discusiones domésticas… bueno, en realidad, casi nunca.

Quizá el primer paso puede suponer la aceptación de que las personas somos tremendamente complejas. Que hay personas que cometen actos reprobables, pero que cuentan con otras cualidades altamente positivas y valiosas para la sociedad, de las que no podemos prescindir. ¿Podemos reconocer que el Rey emérito ha sido fundamental para la democracia y las libertades en España a pesar del Corinnavirus? Yo creo que sí. También sería positivo que modulemos las penas dictadas en las sentencias de los autoproclamados jueces, ya que no es lo mismo meter a una persona en la cárcel, que echarle de casa o hacerle dormir en el sofá, condena habitual para los que casi nunca tenemos razón en las discusiones en casa… bueno, en realidad, nunca.

Por eso, cariño, perdona que no te pida perdón (y menos en público), ya que todo lo que diga puede acabar siendo usado en mi contra.

Inmunipunidad

Antes de la aparición del coronavirus, la humanidad ya había sufrido epidemias bastante más demoledoras. La viruela es la enfermedad que mayor número de muertes ha ocasionado en la historia de la humanidad. Más de 300 millones. Fue, sin quererlo, una de las principales causas por la que los españoles acabaron dominando el Nuevo Mundo americano. El hermano de Moctezuma, Cuitláhuac, murió a causa de la viruela en plena defensa de Tenochtitlan, una vez expulsados los españoles en La Noche Triste. Su sucesor, Cuauhtémoc, fue el último Huey Tlatoani de los mexicas, hasta que un ejército de unos diez mil tlaxcaltecas y totonacas (dirigidos por Cortés y sus 400 soldados españoles) conquistó una Tenochtitlan devastada por la falta de agua potable… y las enfermedades.

Que la viruela se convirtiese en un inesperado aliado de la Conquista, no quiere decir que fuese deseada por los españoles, sino más bien todo lo contrario. Con la obligación de velar por los Derechos Humanos reconocidos en las Leyes de Burgos (1512) y por el bienestar de los nuevos pueblos españoles, los Conquistadores empezaron a construir una amplia red de hospitales, siendo el Hospital de la Concepción de Jesús Nazareno el primero en ser construido en el continente americano. Fue fundado en Ciudad de México por Hernán Cortés en 1524 para atender tanto a cristianos como a indios. 324 hospitales adicionales se construyeron en el siglo XVI hasta un total de 843 a finales del XIX en la América Española.

Un hito muy relevante en la lucha contra la viruela sucedió en la primera década del siglo XIX, con la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, liderada por el médico español Francisco Javier Balmis. Su finalidad era luchar contra la viruela, afrontando el reto de llevar la vacuna al Nuevo Mundo en el cuerpo de niños huérfanos. Una expedición que dio la vuelta al mundo para evitar que miles de personas indefensas fuesen contagiadas por esta devastadora enfermedad. La vacuna es el ejemplo más claro de inmunidad, que consiste en proteger a una persona de un mal futuro.

En el lado opuesto de la inmunidad está la impunidad, que consiste en que las personas que han cometido crímenes no sean castigadas. En Norteamérica, tanto los británicos en sus trece colonias como los nuevos gobernadores tras la independencia llevaron a cabo una masacre contra los indígenas, ya que los consideraron un obstáculo para su desarrollo. Tenemos el ejemplo del británico Sir Jeffrey Amherst, precursor de las mantas infectadas de viruela, comandante en jefe del ejército de Su Majestad en Norteamérica durante el siglo XVIII y que todavía no ha sido desposeído para la historia de su título nobiliario por su crueldad inhumana.

No obstante, también existe la posibilidad de que su indigno comportamiento haya sido más bien un elemento a favor de su rango aristocrático, si tenemos en cuenta que la tradición se mantuvo en declaraciones (no muy afortunadas) del elegido británico más importante de todos los tiempos por sus propios compatriotas, Sir Winston Churchill: No admito que se haya infligido una gran injusticia contra los indios rojos de América y el pueblo negro de Australia por el hecho de que una raza superior haya llegado y ocupado su lugar. Paradójicamente, el mundo libre le debe mucho a este señor, pero dicha deuda no es objeto del presente artículo.

Otro caso fue el de Leland Stanford, primer Gobernador del Estado de California, quien pidió dinero al Gobierno Federal de Estados Unidos para organizar partidas de militares que matasen a pobladores nativos. Este antiguo territorio mexicano perdió el 80% de su población indígena desde 1848. Lamentablemente, se han retirando estatuas de Cristóbal Colón en Los Ángeles, pero todavía nadie en California ha solicitado cambiar el nombre de la Stanford University para rebautizarla como la Universidad de Gerónimo (en español, que era el idioma empleado por el líder apache). Si yo fuese de Berkeley lo propondría, aunque solo fuese por tocar los… sentimientos.

Estos ejemplos también estaban lamentablemente en sintonía con el pensamiento de muchos próceres de la independencia en Latinoamérica, como el Libertador Bolívar, quien en una carta a Francisco de Paula Santander afirmaba en 1824 que los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe. O Fructuoso Rivera, exterminador de charrúas en la matanza del Salsipuedes (1831) en Uruguay. O Bernardo O’Higgins en Chile, quien tras reconocer autonomía de los Mapuches en 1819, dijo al dejar el poder en 1823 que las razas roja y blanca no pueden crecer y prosperar en el mismo territorio. O la Guerra de las Castas en la segunda mitad del siglo XIX en México, que casi acabó con los mayas en Yucatán. O…

Todos estos personajes históricos han pasado impunes a la posteridad a pesar de las atrocidades infligidas a la población indígena. Por ello, impunidad es sinónimo de injusticia. Lo que no existe es la inmunipunidad. El doctor Balmis nunca podría haber salvado a los indígenas infectados por el regalo de las mantas envenenadas de Sir Amherst, una vez éstos ya hubiesen estado contagiados de viruela. Si vacunas a una persona que ya está infectada, tu esfuerzo es vano.

Es importante tener clara la diferencia entre estos dos conceptos para entender que, quienes buscan salvar a Puigdemont y su banda de la prisión alegando su inmunidad, realmente pretenden su impunidad. No se puede inmunizar de delitos que fueron cometidos más de un año antes de ser elegido europarlamentario. No obstante, el nuevo papel del independentismo como socio en la supuesta gobernabilidad de España (junto con la ayuda de la nueva Fiscal General del Gobierno) puede provocar que finalmente salga impune del daño causado en ese absurdo pulso de pobres contra pobres que se inventaron los secesionistas tras crear una posverdad en Cataluña para su propio beneficio, causando profundas heridas que todavía hoy supuran y que son de difícil cicatrización.

 En esto parece consistir la desjudicialización de la política: generar espacios de impunidad donde los políticos no estén obligados a responder ante la Ley. Es por ello que hoy sigue siendo tremendamente necesaria una vacuna que nos inmunice contra las dos enfermedades más mortíferas que ha creado la humanidad, aunque no aparezcan en los tratados de epidemiología: el nacionalismo (de todo tipo) y la estupidez humana. Ojalá las dejemos de padecer, del mismo modo que la humanidad ya no sufre a causa de la viruela.

PD: Agradecimiento a comunicadores tan diversos como Juan Eslava Galán, Guillermo Fesser, Elvira Roca Barea, el blog https://laamericaespanyola.wordpress.com o Academia Play, quienes han escrito muchas páginas acerca del legado español en la América a la que no viajaron mis antepasados. Además de enseñar, también hacen pasar ratos amenos y divertidos.
PD2: Si he omitido aspectos no tan positivos relatados en la Leyenda Negra, no penséis que es por ocultarlos o por crear una Leyenda Rosa (ningún proceso de Conquista en la historia de la humanidad fue un cuento de hadas), sino porque sé que seréis capaces de encontrar abundante bibliografía al respecto sin la menor dificultad.