Duelo gastronómico

Hace siete meses, tres chefs se reunieron en una céntrica plaza madrileña para proponer su menú a un nutrido grupo de personas hambrientas. El menú, no muy elaborado, consistía en un par de huevos con chorizo. Los huevos procedían de dos gallinas diferentes, una que ponía huevos orgánicos y la otra que era la gallina tradicional de toda la vida. El chorizo se ufanaba de ser ibérico de bellota, aunque en realidad tenía más bellota que ibérico.

Ante esta oferta, se levantaron en armas los chefs alternativos, que propusieron una ensalada vegana. Empezaron a anunciar por todos los medios (sobre todo los afines) los perjuicios que acarrearía la dieta propuesta por los tres chefs rivales, sobre todo por el exceso de colesterol que produciría la ingesta de la grasa del chorizo. Infartos, sobrepeso, triglicéridos, coágulos, trombosis… hasta impotencia. La lista de los males potenciales era más amplia que los del tabaco.

Consultados los comensales, la mayoría se inclinó a favor de la ensalada vegana. En un tiempo en el que existe una preocupación tan alta por la dieta y la salud, el miedo a la obesidad ganó la partida. Pero cuando tomas una decisión en contraposición a algo (en lugar de a favor de) sucede que no te terminas de fijar bien en la calidad de los ingredientes propuestos (aunque ya los estés empleando en otras comidas).

Los convidados, que habían celebrado eufóricos el triunfo de la ensalada, se disponían hambrientos a saborear su plato. Sin embargo, llegó un jarro de agua fría en lugar del vino prometido para maridar el banquete. Ante la sorpresa de los comensales, el chef principal anunció que la comida ya no podría salir a tiempo. No obstante, les tranquilizó. No había motivo para alarmarse, ya que la ensalada no se enfría y los huevos con chorizo ya no iban a estar disponibles… aunque con tranquilizantes no se calma el hambre.

La base principal del plato fue una abundante lechuga, con un verde deslumbrante pero un sabor bastante insípido. Pero como la lechuga no es suficiente para hacer una buena ensalada, había que analizar el resto de los ingredientes. Y ahí empezaron a surgir los problemas. El primero fue con el tumaca. Se dieron cuenta de que el tomate propuesto para la ensalada provenía de un lote defectuoso. Una parte estaba ya retirada del mercado y la otra parte tenía fecha de caducidad apenas en otoño.

El segundo problema (y principal) surgió con la berenjena. El chef de la lechuga, que había indicado semanas atrás que era una verdura muy apetitosa, argumentó que nunca se ha visto en una mesa (no solo nacional, sino mundial) una ensalada de lechuga con berenjena. Las condiciones tremendamente beneficiosas de la lechuga se echarían a perder con el amargo sabor de la berenjena, sobre todo porque alertaba de que el chef morado quería colocarla cruda en el plato.

Había también otros ingredientes pendientes de incluir en la ensalada, aunque no se veía mayores inconvenientes para aceptarlos. Es el caso del pepino, que siempre repite. Una fruta (que no verdura) que incluso se ha visto combinada en el menú de los huevos fritos en un pasado no tan lejano. Un comodín que no hace sino esperar a ver en qué receta se puede acomodar, siempre y cuando pueda gozar de los privilegios de estar en el plato. Así que, por el momento, solo está confirmada una anchoa, que no calma el hambre y no es precisamente un ingrediente vegano.

El maestro lechuguero, al ver que el verde elemento estaba prácticamente solo en el plato, advirtió que también se han visto ensaladas con huevo. Así que abrió a la posibilidad a los denostados chefs de los huevos para que, sin incluirlos en su ensalada, se pudiesen quedar (si eso) con el rol de segundo plato, pero sin molestar demasiado. ¡Sería injusto dejar a los convidados pasando hambre, cuando podrían disfrutar de un magnífico plato de lechuga!

La respuesta fue la previsible. Los cocineros, ofendidos, pidieron que no les tocasen sus huevos. Si en algún momento ha habido huevos en una ensalada, éstos se presentan cocidos. Pero como se los habían freído durante un año, éstos ya no podían ser empleados en ensalada. Además resultaría difícil de explicar a los comensales que los causantes de la obesidad y el colesterol podían ser, en realidad, buenos materiales para una cocina saludable. En fin, las típicas discusiones entre aspirantes a Master Chef.

Yo, en cambio, soy partidario de menús más elaborados. En un país donde contamos con un elevado número de chefs entre los más prestigiosos del planeta (195 restaurantes con estrellas Michelín), esperaría encontrarme con recetas de mayor nivel. Pero me temo que dentro de poco tendremos que volver a elegir entre lechuga insípida, verduras crudas o caducadas y huevos fritos con chorizo.

¡Manda huevos!

4 comentarios en “Duelo gastronómico

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