Roscón

Si quitamos la fruta escarchada, que es un ingrediente prescindible para muchos, son tres los elementos que se necesitan para hacer un roscón de Reyes: una buena masa, un poco de levadura y el calor del horno. Curiosamente son los mismos tres elementos que se necesitan para organizar una sedición… como acabamos de comprobar con la panda de frikis seguidores de Trump que asaltaron el Capitolio el día de Reyes.

Todo proceso de sedición surge de una masa enfurecida que se siente descontenta ante su situación, en muchas ocasiones por crisis económicas. La levadura es el catalizador que se utiliza para explicar a las masas cuál es la causa de sus problemas (el establishment, la burguesía, los ricos, los inmigrantes…), prometiendo soluciones sencillas que reviertan su descontento. Finalmente, se calienta a las masas a través de medios de comunicación afines o redes sociales… hasta que se producen los incidentes típicos de una sedición. De este modo, un grupo de estadounidenses se sienten molestos con el resultado electoral, se acusa al establishment de manipular el resultado, Trump insta al apreteu a sus seguidores en Twitter y unos exaltados terminan asaltando el Capitolio.

Los procesos de sedición ya existían a principios del siglo XIX en España, solo que se llamaban Motines. Galdós lo describió muy bien en la primera serie de sus Episodios Nacionales (El 19 de marzo y el 2 de julio) al referirse a la multitud que participó en el Motín de Aranjuez: Nada hay más repugnante que la justicia popular, la cual tiene por sí el anatema de no acertar nunca, pues toda ella se funda en lo que llamaba Cervantes el vano discurso del vulgo, siempre engañado. La turba, espoleada por el felón de Fernando VII consiguió la caída del denostado Godoy, pero no solucionó los problemas existentes. Apenas mes y medio más tarde España cayó bajo el yugo de Napoleón, padeció una sangrienta guerra de independencia durante 6 años y sufrió la posterior división de las dos Españas (liberales y absolutistas) durante más de medio siglo.

Las revoluciones de las masas se han producido a lo largo de toda la historia. El verdadero problema ha sido cuando han triunfado, como en el golpe de estado de Lenin contra la legítima república rusa de Kérenski (ocho meses después de la caída de los zares); o la movilización de las masas que llevó a Hitler al poder en Alemania para acabar con el poder constitucional de la República de Weimar desde dentro. Son los dos casos extremos, en los que la levadura en el primer caso fue el bienestar de la burguesía frente a la pobreza del pueblo y en el segundo caso la superioridad de la raza aria, lo que llevó a formar dos regímenes iliberales que sumieron en la más absoluta pobreza a aquellas poblaciones que en teoría venían a salvar.

En intensidades mucho más reducidas, hemos tenido dos procesos de masa, levadura y horno en España desde que estalló la crisis financiera de 2008. El primer proceso se vivió en Cataluña, con dos fases. En la primera (desde grupos opuestos al gobierno), la levadura era la corrupción de los partidos políticos (tres per cent) y los recortes sociales. En la segunda (alentada desde el gobierno), se cambió hábilmente la levadura para que fuese el España nos roba. La consecuencia fueron dos asaltos al Parlament, una declaración ilegal de independencia y una división de la sociedad por la mitad, que va a costar décadas superar.

El segundo proceso se vivió con dos manifestaciones cuyo lema era Rodea el Congreso. Solo un fuerte dispositivo policial evitó que viésemos escenas similares a las del Capitolio. La primera fue en 2012 (convocada por populistas que estaban fuera del Parlamento), cuya levadura fueron los recortes que imponía la Troika y la corrupción política. La segunda fue en 2016 (con los populistas dentro del Parlamento) antes de la toma de posesión de Rajoy. Un elemento paradójico es que se presionaba a unas Cortes Generales elegidas apenas 4 meses antes en unas elecciones democráticas… pero que algunos consideraban que no les representaban (a pesar de haber participado en ellas). De locos. En esa sesión del Congreso, Rajoy necesitó de la abstención del PSOE para ser investido. Ese apoyo contrario a lo prometido en las elecciones fue lo que llevó a algunos a considerar ilegítimo ese gobierno (¿paralelismos?).

Por fortuna para los que alentaron las dos protestas, ahora mismo están en el poder. Unos en Cataluña y otros en el gobierno de España. Además, la situación económica de sus líderes parece haber mejorado hasta alcanzar unas cotas de bienestar que no podían haber soñado antes de incorporarse a la casta. Por eso, ha sido un gran regalo de Reyes para España el asalto al Capitolio por parte de los seguidores de Trump, ya que ha puesto a los populistas de izquierda ante el espejo de los populistas de derecha. De ese modo, los populistos que están ahora mismo en el poder defienden el imperio de la ley frente a masas descontroladas que quieren asaltar los cielos desde las calles… al menos hasta que su nefasta gestión los devuelva al frío que supone no tocar el pelo del poder.

¿Y Vox? Preguntarán algunos. Pues yo creo que Vox tiene la levadura de las soluciones sencillas para problemas complejos que ofrecen los populismos, así como el calor de las redes sociales… pero le falta la masa. Al contrario de lo que sucede en Francia o en Alemania, en España no se producen trasvases entre extrema izquierda y extrema derecha. Cuando pones en el horno mucha levadura y poca masa, el roscón sube rápidamente, pero con la misma velocidad se desinfla como un suflé ante su falta de consistencia.

Para ser justos, han sido más bien los simpatizantes de Vox quienes han sufrido el bullying por parte de masas de extremistas de izquierdas o separatistas que al contrario. Sus votantes pueden protestar airados su descontento, pero en su mayoría no son subversivos. Por ello, su defensa de populismos de derecha (Salvini, Trump, Le Pen) les pone también ante la contradicción de su semejanza con los populismos de izquierda… lo que espero que propicie una huida de votantes hacia opciones más moderadas. Sería también el mejor regalo de Reyes para que el centro derecha español pueda ejercer una oposición real y convertirse en una alternativa viable a un gobierno demasiado influido por el menguante (por fortuna) populismo de Iglesias. Ahora solo queda que las opciones moderadas de centro derecha tengan la capacidad de articular dicha alternativa con un discurso sólido y convincente… lo que tampoco está tan claro.

Winter is coming. La crisis por la pandemia va a intensificar los problemas que ya teníamos en nuestras sociedades occidentales (envejecimiento de la población, transformación tecnológica, reto medioambiental, etc). La lucha en España, en Europa y en el mundo va a ser entre las soluciones sencillas de los populismos (de derechas o de izquierdas) o las complejas soluciones democráticas que se puedan realizar desde postulados socialdemócratas, liberales o conservadores. Populismo o democracia, no izquierdas o derechas. Que no nos engañen.

El roscón ha llegado este año con una sorpresa muy desagradable, pero espero que se convierta en un regalo en forma de lección aprendida contra el peligro de los populismos.

6 comentarios en “Roscón

  1. Hola Juan:

    No sabes cuanto celebro que hayas retomado tu blog. Este post me ha interesado especialmente por el recurso a ‘las masas’ y al término ‘sedición’:

    Desde que me enfrenté en la Universidad a ‘La Rebelión de las Masas’ de Ortega, siempre he observado que nadie se siente incluido en el concepto de hombre-masa «un individuo sin tradiciones, valores ni individualidad o autonomía», aunque supuestamente, las masas son mayoritarias. Para mí, hoy, nadie identifica tan bien a las masas como Santiago Lorenzo en «Los asquerosos» cuando se refiere a los ‘mochufas’: “Ser ‘mochufa’ es creerse que Ana Rosa no se está riendo en tu cara cuando se emociona”. Pero también incluyo en las masas a los que se saltan las restricciones anti-pandemia o se niegan a vacunarse porque no admiten injerencias de las autoridades en su modo de vida. O los que hoy, tras la nevada del siglo en Madrid, prescinden de retirar la nieve frente a sus viviendas, porque: «para eso pagamos a los funcionarios».

    Abordar el contenido del término ‘sedición’ me resulta aún más aventurado. Según la RAE: «alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión (que se distingue por tener la intención de derrocar a los poderes del Estado)». El código penal español, en su artículo 544 va más allá: «Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales». Es decir, hablamos de un acto de resistencia o enfrentamiento a la autoridad que va más allá de la protesta pacífica pero se queda un escalón por debajo de la rebelión armada.

    No he podido evitar que venga a mi cabeza el jesuita Juan de Mariana (S. XVI), insigne representante español de un liberalismo incipiente que justifica el tiranicidio cuando el monarca actúa en contra de su pueblo: «la finalidad de su obra es establecer límites claros al poder político fundándose para ello en la tradición artistotélico-tomista, según la cual la sociedad es anterior al poder político y por lo tanto aquella puede recuperar sus derechos originales si el Gobierno no le es de utilidad. Inspirándose en Santo Tomás de Aquino, justifica como este la revolución y la ejecución de un rey por el pueblo si es un tirano.» https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_de_Mariana

    En fin, no puedo ocultar que me declaro fan de las revoluciones liberales del Siglo XIX y que prefiero la democracia actual al Despotismo Ilustrado de un antiguo régimen que ya no daba más de sí. El sufragio universal y el estado del bienestar no habrían ocurrido sin los movimientos populares (incluyendo los ‘sediciosos’) de los dos últimos siglos, aunque ello haya incluido la sustitución del imperio británico por la Commonwealth y la fragmentación de Estados hace medio siglo tan sólidos como la URSS o Yugoslavia.

    Por último, no puedo más que aplaudir la conclusión de tu post, con la que no podría estar más de acuerdo: Populismo o democracia, no izquierdas o derechas. Que no nos engañen.

    ¡Feliz 2021!

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    1. Muchas gracias Jaime!

      Imagino que del mismo modo que no tenía sentido forzarme a escribir para llegar al post 100, tampoco lo tiene tener una idea que pueda ser interesante y no compartirla.

      Ya me he apuntado «Los asquerosos» para leerlo en cuanto tenga un espacio. En cuanto a las revoluciones liberales del siglo XIX, el año pasado me leí «Ciudadanos» de Simon Schama, que me pareció muy interesante, desde el momento en el que narra cómo una revolución puede llegar a degenerar, como sucedió en Francia. Esto pudo llevar a situaciones de éxito y fracaso hasta que finalmente se consolidó la República… El problema es cómo muchas veces se han manipulado a las masas, aunque sea por buenas ideas.

      Lo que me preocupa es que ahora se supone que estamos en la forma de gobierno menos mala y que desde dentro haya movimientos populistas que quieran acabar con lo que ha costado tanto construir y que llevamos disfrutando 75 años en casi toda Europa y 40 en España.

      Mil gracias por tu comentario y Feliz 2021 también a vosotros!!!

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