Paradójicamente

Es una paradoja que la manera de estar más unidos sea separarnos, pero también lo es la gran cantidad de personas que trabajan unidos para que podamos estar separados. En estos días son muchos los reconocimientos a todas las personas que están a nuestra disposición para ayudarnos. No solo personal sanitario (en primera fila de la batalla), sino también trabajadores de supermercados, logística, servicios de telecomunicaciones, empresas eléctricas, de gas, locutores de radio…

También es paradójico solicitar a las personas sin techo que se queden en casa o el día a día de los 4 millones de personas mayores que viven solas en España, anhelantes de una compañía tan prohibida como necesaria. Ese reto de una sociedad que mientras lucha por el último rollo de papel higiénico va a aplaudir a los médicos, u organizará mecanismos de solidaridad con los vecinos. Un sociedad profundamente democrática que acude a la limitación de derechos humanos y la concentración del poder para su propia supervivencia. Una sociedad que reclama más tiempo para uno mismo y que no sabe que hacer con él cuando finalmente lo tiene. Una sociedad que critica un sistema educativo que ahora añora.

La rápida evolución de la enfermedad también anuncia a muchas personas un cambio de paradigmas en la sociedad resultante de esta crisis, con la verdad absoluta de un regreso del poder de lo público y del localismo. Sin embargo, tenemos la paradoja de que va a ser la globalización y el desarrollo tecnológico lo que nos proporcione la salida a esta crisis. Parecemos no recordar que, siglos atrás, la viruela, la peste negra o la bubónica o la mal llamada gripe española llegaron a los rincones más recónditos, pese a ser sociedades que contaban con unos mecanismos de comunicación mucho más precarios que los que tenemos en la actualidad. Tardaban más en llegar, pero lo hacían para quedarse décadas. Sin embargo, ahora tenemos información en tiempo real del número de infectados, las medidas económicas propuestas por cada país o las líneas de estudio de los científicos en la búsqueda de vacunas y retrovirales, que seguramente tendremos antes de que finalice el año.

También puede parecer una paradoja que pueda ser beneficioso que en una situación tan crítica un partido populista forme parte del gobierno. Pese a lo que nos pueda pesar, estos son momentos de unirnos y respaldar al gobierno que está en el poder, sea de la ideología que sea. Tampoco pensemos que va a tener un margen de maniobra mucho más amplio que el de sus vecinos alemanes o franceses. Por lo menos, contar con los populistas en el poder te elimina el riesgo de que tomen las calles y trabajen por desestabilizar al gobierno. Lo ideal sería un acuerdo transversal (derecha e izquierda) para que las duras medidas que se tomen (y se tomarán) cuenten con un amplio respaldo de la sociedad … pero creo que eso está en contra de los signos de los tiempos actuales. Las luchas de méritos y culpabilidad serán nuestro entretenimiento para el próximo trimestre.

Mientras se instala en la sociedad la idea de que el sector público está sosteniendo a la población, paradójicamente nos encontramos con que está siendo también la colaboración de lo privado lo que está ayudando a combatir la crisis: hospitales privados al servicio del sistema público, hoteles que se convierten en hospitales, empresas energéticas o de telecomunicaciones, autónomos transportistas, agricultores, empresas de comunicación, cadenas privadas de supermercados que garantizan el suministro de víveres, productores de papel higiénico… O el caso de empresas de comida rápida (como Telepizza o Rodilla), que han facilitado la alimentación de los niños más necesitados de Madrid su estructura logística. Cuando es preciso, todos somos capaces de unirnos para lo más importante. A fin de cuentas, el gasto público lo acabarán pagando los impuestos de los privados.

También nos han estado comentando que la pandemia del coronavirus es una situación cambiante, lo que invitaría a pensar que la solución pasa por ir improvisando día a día de acuerdo a las circunstancias que se vayan produciendo. Paradójicamente, la salida a la crisis no va a venir de la improvisación, sino de una mirada a largo plazo donde se puedan prever los peores escenarios y las respuestas que se puedan ir articulando de manera progresiva. Porque, ¿cuánto tiempo puede durar la economía parada? ¿o un autónomo sin ingresos? ¿o un niño sin salir de casa? ¿o un estado sin ingresos? ¿o un español sin crear un meme?

Son muchos los retos de los que todavía no se han hablado, pero que vamos a tener que afrontar. Nos hemos centrado en la salud física en los hospitales, pero no hemos hablado de la salud mental de millones de personas encerradas en sus casas. O los más de dos millones de parados adicionales que se van a generar en los próximos dos meses. O los trabajadores autónomos que no van a recibir ingresos. O cómo relanzar una sociedad con un estado que no va a tener apenas ingresos en un trimestre. O cómo gestionar un estado que este año va a tener un déficit de cerca de un 15% con una deuda pública que ya está casi al 100% del PIB.

Es posible que acabemos teniendo el primer experimento de renta básica universal para muchas personas que no pueden asumir un mes sin recibir un salario, lo que paradójicamente puede terminar con el BCE imprimiendo moneda a lo loco, a instancia de Alemania, para paliar las consecuencias de la crisis, con su consiguiente inflación y devaluación de moneda. También nos podremos encontrar con que los que ven la crisis como una oportunidad para experimentar los aspectos positivos del decrecimiento, se den cuenta de que éste lo único que nos trae es inseguridad y miseria, aunque sí que nos vaya a ayudar a mejorar el medioambiente (lamentablemente no es una medida sostenible).

Finalmente, ésta va a ser la primera pandemia en una sociedad que no mirará mayoritariamente a Dios como solución a sus problemas. Todos estaremos de acuerdo en la suspensión de las procesiones de Semana Santa y nos pondremos en manos de la ciencia para que acuda en nuestra salvación. Pero, paradójicamente, más de una plegaria de descreídos se elevarán al cielo pidiendo que se termine este encierro cuanto antes… sobre todo ante la enésima pataleta del niño encarcelado. ¿Qué es la vida sin esperanza?

Porque, paradójicamente, nunca sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes.

14 comentarios en “Paradójicamente

  1. Jaime Estévez

    La última paradoja es que son precisamente las regiones más prósperas, cultas y sofisticadas donde más se está cebando la pandemia. Lombardía en Italia y Madrid en España no sólo han sido concentradores del virus sino propagadores y centrifugadores a escala masiva. Hoy Italia ha anunciado 475 muertos en un día: la mayor cifra correspondiente a una única jornada dentro de un país, incluyendo a China, con casi 20 veces más población. Según datos de las operadoras móviles, el 40% de los habitantes de Milán sigue desplazándose habitualmente por la ciudad. El confinamiento no va con nosotros. Frente a la ‘sumisión’ oriental, la ‘suficiencia’ occidental va camino de convertirse en disparo en el pie de nuestro modelo de civilización. La gran paradoja es que el Leviathan de Hobbes es ahora más necesario que nunca si Occidente no quiere desaparecer víctima de sus propios desmanes.

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    1. Aamparo

      Se ha extendido más por donde más densidad de población y turismo hay.
      En Madrid por ejemplo es donde más chinos viven y donde hay más vuelos con China e Italia. Además es donde se celebró la mayor manifestación el 8-M, con 125000 personas.

      Otra cosa importante es que regiones como China, Singapur, Taiwan, Corea… sufrieron la epidemia del SARS hace una década, eso les ha servido para llegar prevenidos a ésta.
      Países como España, Italia o UK llevaban muchísimo tiempo sin epidemias, lo veían como algo que no les afectaría.

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