PINpampum

Si en un momento de crisis de tu Gobierno eres capaz de colocar en primera plana de los periódicos un recurso contra una decisión tomada cuatro meses antes por la oposición en una región y que nadie recordaba, hay que reconocer que o bien eres un genio o tu oponente no es muy espabilado… o ambas cosas a la vez. Pero ésta va a ser la dinámica de la legislatura que acaba de iniciar en España. Buscar polémicas por aspectos puntuales, exagerarlas y tensionar a la sociedad para que tenga que retratarse a favor o en contra de la misma y así saber si pertenecen al grupo de los buenos… o al de los malos y terribles fascistas. En esta ocasión el absurdo debate parece situarse entre si los hijos pertenecen a los padres o si, por el contrario, su primera obligación es con la sociedad de la que forman parte.

 Cualquier padre es consciente que un hijo no es propiedad suya en el momento en el que crecen y te ganan al futbolín o cometen aberraciones como hacerse seguidores del Atleti o del Barcelona. Más tarde, se verá ratificado cuando llegue a tu casa la novia de tu hijo/a luciendo un PIN de Vox o el novio con su brazo tatuado con la hoz y el martillo. Del mismo modo, desearás que tu hijo sea propiedad del Estado cuando la aparición de los primeros dientes de tu bebé no te deje dormir más de dos horas seguidas; o una diarrea imprevista surja en mitad de un delicioso almuerzo y se te haya olvidado la muda de recambio en casa; o tengas que pagar la factura de un audífono o unas gafas; o tu hijo llegue mareado a casa indispuesto por un intenso mal de amores y un par de copas de más; o pases horas en vela en un quirófano a la espera de que su incierto futuro se resuelva favorablemente.

Los padres somos conscientes de que los hijos tienen una responsabilidad con la sociedad de la que forman parte. De hecho, pasan más de seis horas al día en el colegio para recibir una formación integral obligatoria, de acuerdo con la Ley Educativa estatal y los contenidos que determina la Comunidad Autónoma en la que vives. Una educación muchas veces polémica, al restringir el idioma en el que quieres ser educado o presentar contenidos con marcado sesgo ideológico favorable a las tesis de los partidos en el poder.

PINk Floyd fue el primer promotor del veto parental en The Wall y su Teacher, leave the kids alone!, que es seguido en la actualidad por los promotores del home schooling. Pero la polémica actual no es una enmienda a la totalidad del sistema educativo. Se trata únicamente de una autorización de los padres para actividades escolares complementarias de sus hijos. Si bien es cierto que no son optativas y se imparten en horario escolar con aprobación por el Consejo Escolar de cada centro, hay que reconocer que no forman parte del núcleo central de la educación de los alumnos. Por otro lado, podría evitar a algunos padres contrarios al PIN que sus hijos participen en charlas provida de Hazte Oír o asistan a la promoción de los valores del ejército.

Lo que se presenta como una gran discusión acerca de la propiedad de los hijos es, en realidad, una pequeña discusión acerca del límite de decisión de los padres en un tema muy concreto. Yo nunca tuve en mis cada vez más lejanos tiempos de infancia y juventud este tipo de actividades complementarias y me siento feminista, contrario a la violencia de género, tolerante, respetuoso con la diversidad… Entiendo que la educación de mis hijos, durante todas las horas que asisten al colegio, está en el respeto a los valores humanistas y de respeto a sus próximos. Si no, tenemos un serio problema como sociedad.

Además, esta polémica se resuelve de una manera muy sencilla. Interponiendo un recurso sobre un conflicto positivo de competencia ante el Tribunal Constitucional. Las competencias en educación están divididas en aspectos que corresponden al Gobierno Central y otros que dependen del Gobierno Autonómico. Será el TC quien determine qué norma se aplica (aunque una jacobina representante de Podemos proponga ya la aplicación del 155). Es una manera de judicializar la política (algo que se supone pasado de moda en estos nuevos tiempos), aunque parece que esto no aplica para regiones no históricas, como el Reino de Murcia o el Cantón de Cartagena. Si se hubiese legislado en panocho, no habría problema.

Como soy muy mal pensado, creo que esta polémica absurda, además de ocultar vergüenzas del Gobierno, viene a preparar una polémica mayor en unos pocos meses o años. Imponer una educación pública y laica universal en España parece ser la siguiente lucha entre fascistas y antifascistas. La libertad de elegir una enseñanza concertada está en las antípodas de las creencias de los partidos que forman parte de la coalición en el Gobierno, aunque recurran a ella para sus hijos. Una libertad que podría quedar limitada a los ricos que se puedan pagar la educación privada.

 

Una lástima. Con lo bonito que sería buscar acuerdos transversales para la mayoría…

4 comentarios en “PINpampum

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