Controversia de Afganistán

Entre 1550 y 1551 se llevó a cabo en el colegio San Gregorio la Controversia de Valladolid. Ante las denuncias recibidas por los abusos que supuestamente realizaban los primeros españoles en el Nuevo Mundo, el Rey Carlos I de España decidió suspender nuevas encomiendas hasta que se realizase una investigación a fondo de lo que estaba sucediendo y se decretasen medidas para evitar la arbitrariedad de los encomenderos, asegurando el cumplimiento de las Leyes de Burgos (una regulación muy avanzada en el reconocimiento de derechos humanos para su época) en todos los lugares del Nuevo Mundo.

Este parón fue una interesante novedad que no se había producido con anterioridad en los imperios dominantes a lo largo de la historia. Los egipcios, griegos, romanos, hunos, mongoles o aztecas habían mirado tan solo por su bienestar y la cantidad de territorios que podían gestionar de manera segura. El debate que se instauró fue muy interesante y con dos posiciones bien definidas. Por un lado, Bartolomé de las Casas no solo denunciaba abusos sino que también creía en la libertad absoluta de los habitantes de aquellas tierras por lo que los españoles no deberían intervenir, aunque fuesen rechazados y observasen injusticias… que, aunque os resulte increíble, también las había.

En el otro lado estaba Juan Ginés de Sepúlveda. Su posición era la contraria. Si una civilización más desarrollada puede ayudar a evitar abusos que se están produciendo en esas sociedades, como es el caso de los sacrificios humanos, no solo está facultado sino que más bien está obligado a intervenir para proporcionar a esas personas unas condiciones de vida de acuerdo a su dignidad. Es un argumento que han empleado posteriormente muchos procesos coloniales. Y si, de paso, consigues un poco de oro o mano de obra barata para trabajar será una justa recompensa para tan duro esfuerzo… que los imperios nunca han trabajado gratis.

Cuatrocientos ochenta años más tarde, vemos en Afganistán cómo esta polémica sigue estando vigente. Yo confieso mi ignorancia del país, más allá de lo visto en Homeland, leído en Cometas en el cielo o las crónicas de David Gistau y escuchado en las noticias en estos últimos años, meses y días… pero me parece muy interesante el paralelismo con los debates de hace cinco siglos. Los primeros españoles en el Nuevo Mundo (igual de antiguo que el Antiguo Mundo para sus habitantes originales) querían ofrecer el cristianismo y las Leyes de Indias a las personas con las que se encontraban, imponiendo un estado de vida más avanzado al que se encontraron. Ahora cambiemos cristianismo por democracia y libertad y retomemos el debate, porque tenemos un carajal montado lleno de contradicciones. 

¿Cuál ha de ser el papel de las democracias occidentales ante Afganistán? En un primer momento surgieron declaraciones contra Estados Unidos y sus aliados por ser imperialistas invasores en un territorio extranjero, aunque fuese una cuna de terroristas, después de los atentados contra las Torres Gemelas de hace 20 años. Pero llega el momento en el que las potencias extranjeras abandonan el país, después de cientos de miles de millones de dólares tirados a la basura y la sangre de miles de sus nacionales derramada en las escarpadas montañas afganas (entre ellos, 102 españoles), repitiendo la historia del imperio británico o de la URSS.

El resultado de la intervención extranjera fue lograr, según estadísticas del Banco Mundial, que se multiplicase por 5 el PIB en 20 años (aunque estancado en el último lustro, cuando Obama anunció la salida de las tropas americanas), casi duplicado la población de 21 millones a 39, pasado de una escolarización del 20% a casi universal (incluyendo a las mujeres), o subir la esperanza de vida de 56 a 65 años. Con su salida, los talibanes regresan al poder, se impone una cruel dictadura, las mujeres son condenadas a no salir de sus casas sin sus maridos, a no estudiar y a cambiar los avances de que habían disfrutado en independencia y libertad por una cruel opresión. En este caso, ¿qué hacemos? ¿añoramos a los invasores extranjeros o asumimos que un país corrupto que ha dilapidado todo el apoyo recibido se merece el padecimiento que ahora le toca sufrir? ¿o echamos mejor la culpa a las potencias extranjeras por haber gestionado mal estos 20 años, a pesar de los buenos indicadores?

Se estima que con un número reducido de tropas extranjeras (el año pasado quedaban 10.000 soldados americanos y de la OTAN) liderando los más de 300.000 nacionales se podría haber mantenido Kabul, Kandahar y las principales ciudades afganas indemnes de los talibanes… En ese caso, ¿quién tendría que haber pagado la factura? ¿Estados Unidos? ¿Europa? ¿España? ¿Naciones Unidas? ¿Cuánto estarías dispuesto a poner tú de tu bolsillo? Porque China o Rusia no parecen estar por la labor… Y en el resto de países que están sufriendo horribles tiranías como Siria, Venezuela, Cuba o 44 dictaduras en África… ¿tenemos derecho a imponer nuestro modo de vida democrático y beneficiar así a sus habitantes? ¿o hemos de vivir impasibles ante las crueldades e injusticias que padecen millones de compañeros de planeta? ¿quién paga el coste? ¿quién es el líder? ¿en qué casos es aceptable y en cuáles no? ¿derechos humanos universales o autonomía de los territorios? ¿o mejor nos olvidamos de todas estas cuestiones? A fin de cuentas, ¿quién se acuerda hoy de las niñas secuestradas por Boko Haram?

En Valladolid no hubo un dictamen definitivo a la controversia, pero se retomaron las encomiendas a la vez que se reformaron las leyes para hacerlas más garantistas de los derechos de los indígenas. Tras librarse los tlaxcaltecas, totonacas y resto de tribus del yugo mexica, se integraron los indígenas con los españoles en el Virreino de Nueva España, germen del actual México, cuyo origen con la caída de Tenochtitlan celebramos el quinto centenario el pasado 13 de agosto. Se lograron grandes avances en sanidad, educación y derechos humanos (de los que no se hablan) a la vez que se cometieron sangrantes abusos (de los que sí se hablan). Se creó una nueva sociedad mestiza (que abarca un 90% de la población mexicana), cuya mezcolanza de sangres bombea por el corazón de la que fue América Española. Los poderosos hijos de la aristocracia prehispánica ocuparon lugares de privilegio en esa nueva sociedad. Los no poderosos siguieron padeciendo, como siempre, aunque un poco menos. Ya no les abrían el pecho con afiladas piedras de obsidiana para arrancarles vivos el corazón como ofrenda a Tláloc en el Altar Mayor.

Hoy día, tampoco tenemos un dictamen definitivo sobre Afganistán. Lo único que sabemos es que a su población le espera una larga travesía por el desierto. Muchos morirán de hambre, sed o asaltados en su intento de huir de la tiranía y sus mujeres llorarán por su sometimiento ante el régimen machista talibán. Mientras no vuelvan a ser centro logístico de terroristas, vivirán tranquilos. Si vuelven a las andadas, les caerán algunas bombas de vez en cuando. Pero los afganos tendrán que levantarse con sus propios medios contra los 75.000 soldados talibanes, ahora armados con material americano. Espero que el legado que Occidente ha dejado en los últimos años sirva a los afganos de estímulo para levantarse contra la tiranía. Los extranjeros me temo que nos hemos ido para no volver.

Importan

Charles trabajaba como profesor de agricultura en el Instituto de Formación Profesional que los Hermanos Maristas tienen en la isla de Mfangano (Kenia). Durante el verano de 2001 tuvimos la oportunidad de compartir mucho tiempo juntos mientras participaba en un campo de trabajo. Los alumnos tenían clases teóricas por la mañana en kiswahili e inglés (los dos idiomas oficiales de Kenia), aunque el idioma natal de la mayoría era el lúo (dholuo). Un obstáculo más a superar en su formación. Los lúos forman una tribu nilótica que se ubica en la orilla ugandesa, tanzana y keniana del lago Victoria. A partir de las 11 de la mañana empezaban las clases de cada especialidad.

Repasando el abecedario debajo de un árbol

Hicimos una excursión con Charles para conocer Mfangano y de paso comprobé cómo una hora africana se puede convertir en más de cinco europeas. Rodeamos la isla y no fracasamos en el intento gracias a que una familiar de Charles apareció en el otro extremo con un té providencial que me salvó de una más que probable deshidratación. A pesar de las penalidades, las cinco horas europeas y una africana se nos hicieron cortas conversando acerca de los retos que tenían que afrontar sus alumnos, de las escasas opciones de trabajo que tenían, del 90% de población que tenía malaria (que él también sufría) y una presencia del SIDA que afectaba a más del 20% de la región (a pesar de las ONGs que se pasaban un par de veces al año por la isla para repartir condones). Me comentaba que era imprescindible ser muy exigentes con sus alumnos ya que el riesgo de no tener éxito en su desarrollo profesional era elevado. Las oportunidades eran escasas, sobre todo en una agricultura que, en muchas ocasiones, era más bien un medio de subsistencia poco tecnificado que un negocio.

Con Charles (a la izquierda) cuando todavía teníamos agua (dos horas europeas después de la salida, 20 minutos africanos)

Maurice trabajaba como profesor de construcción. Entre sus responsabilidades estaba coordinar la edificación de la nueva escuela de enseñanza primaria en la isla gracias a la financiación de la ONGD SED. Era el colegio en el que iban a asistir a clase sus hijos, con los que jugábamos todas las tardes después de comer. Tener un techo bajo el que recibir la enseñanza les iba a permitir tener sus clases sin interrupción en la época de lluvias ni recibir sus clases sentados en el suelo o de pie a la sombra de un árbol. Un gran avance en su formación. El siguiente proyecto consistía en mejorar el acceso al agua potable y concienciar de la necesidad de hervir un agua lleno de parásitos que hacía que casi todos los niños mostrasen una amplia barriga, lo que les causaba no pocas diarreas e infecciones. Un grave riesgo cuando el médico más cercano estaba a cinco horas de distancia.

Terminando la construcción de las nuevas aulas. Las medidas de Seguridad y Salud son mucho más precarias.

Maurice vivía en una pequeña casa para profesores que estaba en el recinto del Instituto, junto con su mujer y sus cuatro niños. Uno de los momentos más agradables de ese verano fue la noche en la que me invitaron a cenar a su casa. Ofrecieron sus mejores galas y a Maurice no se le quitó la sonrisa de la boca en toda la cena por poder compartir la cena conmigo. Sus hijos se entretuvieron acariciando mi pelo lacio europeo como si fuese una mascota, mientras yo me metía en el papel con los correspondientes maullidos y ladridos.

Cenando en Maurice’s con su familia

Benjamin era responsable del ciclo de electricidad. Muchas noches conversábamos después de cenar. Un día me empezó a hablar de su familia. Su esposa había fallecido y él tenía que vivir alejado de sus hijas, quienes vivían fuera de la isla en casa de un familiar cercano. Me habló de las apreturas económicas que tenía, de los apuros que tenía para pagar la renta de su casa o para pagar la colegiatura de sus hijas. Quería para ellas un futuro mejor del que él había podido tener y soñaba con que pudiesen ser profesionales y tener un futuro en Nairobi, Mombassa o en alguna otra de las ciudades principales de Kenia. Se sentía muy orgulloso de las altas calificaciones que tenían sus hijas, su única opción para obtener una beca que les permitiese cursar estudios superiores.

Después de un rato escuchando a Benjamin, lo interrumpí. Le pregunté si existía alguna manera en la que pudiese colaborar con él. Me parecían injustas las dificultades que él estaba viviendo y yo me sentía su amigo, por lo que le quería ayudar. Su reacción fue de total indignación. Él pensaba que estaba conversando con un amigo, a quien se le pueden contar los problemas, y por eso no quería mi ayuda. Si me estaba compartiendo sus preocupaciones no era para que yo se los solucionase. Él se sentía un privilegiado al contar con una profesión, no como los estudiantes que él tenía a su cargo, muchos de ellos viviendo una situación más complicada que la suya. Él sabría cómo salir de los apuros que le agobiaban y sería capaz de darle un futuro a sus hijas. La igualdad que proporciona la amistad yo la había roto con mi ofrecimiento.

Benjamin con sus tres hijas y una familiar en la inauguración de la escuela. Al fondo las casas de los profesores.

Michael era el administrador del Instituto. La mano derecha de los Hermanos Hans y Marino. El día siguiente a mi charla con Benjamin tuvimos la suerte de que una pareja de alemanes de avanzada edad, abuelos de una familia de tres generaciones en un colegio marista que colaboraba con el Instituto estuviesen por la isla haciendo turismo. Después de visitar al Hermano Hans, éste les ofreció la posibilidad de llevarles con la lancha del Instituto (Tina Celline) a un lugar cercano en el que se había construido una playa para turistas. La playa tenía restricciones para el baño a personas que no estuviesen de visita. Michael y Benjamin me animaron a que me bañase con ellos, ya que yo daba el pego de visitante como buen mzungu. Decliné su propuesta y preferí compartir el tiempo tomando una coca cola con ellos mientras esperábamos en la lancha charlando y contando chistes (el humor negro siempre ha sido mi preferido). Al fin y al cabo ellos ya eran mis amigos y a los alemanes los acababa de conocer. En ese momento, sentí que volvíamos a la normalidad con Benjamin.

Con Michael y Benjamin en el cierre de curso

Mary trabajaba como profesora de corte y confección. Hasta el año anterior, los ciclos formativos estaban destinados únicamente para hombres y recién se abría una línea para mujeres. La historia de Mary no había sido sencilla. Era una mujer intrépida y de fuerte carácter. Nunca se conformó con vivir del trabajo de su marido, quien no aceptaba su carácter independiente. Mary sufrió frecuentes maltratos, de los que le quedaron cicatrices en el cuerpo. Cuando sus dos hijos ya habían crecido decidió abandonarlo, lo que supuso el completo rechazo por parte de su familia. El concepto de familia es mucho más amplio en África que en Europa y ese abandono le implicaba estar sola en el mundo.

El Instituto se había convertido en su familia, donde cuidaba a sus tres primeras alumnas como una gallina a sus polluelos. Insistía mucho en el valor de las mujeres en un mundo en el que todavía muchas mujeres terminaban padeciendo la humillación de una poligamia que les degradaba en la lucha por la atención de sus maridos. Les inculcaba su necesidad de ser autónomas y cuidaba de que no hiciesen tonterías con el resto de alumnos. Muchos cántaros de leche se derramaban por un mal polvo en la adolescencia (o por uno bueno, que sin protección tienen el mismo efecto secundario). Los cuentos de los lecheros no se veían tan afectados en muchas ocasiones.

Con Mary en la fiesta de final de curso

M’butta era uno de los alumnos del curso de construcción. Muchos días trabajamos juntos en la construcción de la escuela. Con el fin de curso terminaba su formación. Su proyecto era obtener un microcrédito o buscar apoyo de su familia para establecer su pequeño negocio de construcción junto con su amigo Abdul y un primo un par de años mayor que ya había desarrollado algunos trabajos por la zona. Era un chaval muy agradable… hasta que jugábamos los partidos de fútbol vespertinos. Antes de anochecer nos juntábamos más de treinta en un campo improvisado en el que no había portero y había que marcar goles en una portería diminuta. En esos momentos se convertía en un chupón. En mi juventud (divino tesoro) no era una persona que me caracterizase precisamente por ser habilidoso con el balón en los pies, pero paliaba mis evidentes carencias técnicas con un elevado espíritu competitivo. Así que aproveché mi condición de minoría racial y hablante de un idioma por ellos desconocido (ya tenían suficiente con ser trilingües) para rebautizarle como J´putta cada vez que no pasaba la pelota. Por fortuna, la rivalidad solo duraba hasta que se terminaba la pachanga y nos íbamos a bañar en el lago; ellos en pelotas y yo en bañador. No es que me avergonzase de mi arma, pero es que no había nada que hacer en cuestión de calibres… y creo haber mencionado antes que yo era muy competitivo.

Con M’butta, Abdul y otros trípodes del equipo

Despreciar a una persona por su color de piel no es cuestión de ideologías: es simplemente estupidez. Cualquier abuso racial es totalmente condenable. Sucede lo mismo cada vez que se producen exclusiones de personas por su orientación sexual, por su género, por ser ancianos o por tener una capacidad especial. Una sociedad inclusiva, por el contrario, es aquélla que es capaz de aprovechar el verdadero potencial de cada una de las personas que forman parte de ella. El resultado no implica una pérdida de libertades para los que están en una mejor situación sino que, por el contrario, proporciona un espacio de libertades cada vez más amplio del que todos nos beneficiamos. La humanidad nos lo ha demostrado en las últimas décadas, en las que los niveles de riqueza global y de reducción de la pobreza (particularmente en el Tercer Mundo) han evolucionado de manera espectacular… aunque quede mucho trabajo por realizar. Todo ello en un contexto de estabilidad y ausencia de conflictos. Confiemos en que la pandemia del coronavirus no suponga un importante retroceso en la lucha que llevamos contra el hambre en el mundo.

Con Moises (hijo de Maurice) en el centro y dos amiguitos

Cada una de las vidas negras importan, pero considerar que todos los negros son iguales es entrar en el mismo reduccionismo de pensar que los blancos también lo somos (y anda que no nos hemos matado entre nosotros a lo largo de la historia). O que los homosexuales piensan todos de la misma manera. O que todas las mujeres son iguales (aunque lo que antes era un comentario machista se haya convertido ahora en el anhelo de algún grupo de mujeres). Cuando quitamos del centro a las personas y colocamos las ideologías, perdemos la finalidad de lo que debe de ser la cooperación: lograr que cada una de personas (con sus nombres, sus apellidos, sus circunstancias y sus anhelos) puedan tener el futuro que ellos deseen y encontrar líderes que puedan multiplicar las opciones de futuro de las personas que les rodean.

Para ello, como comentaba Charles, es fundamental la educación… y la exigencia. A cualquier niño del tercer o del cuarto mundo le va a costar cien veces más esfuerzo lograr su futuro deseado que a uno del primero. Ese trabajo silencioso es el único que termina dando frutos. En cambio, cuando se opta por la ideología, los liderazgos suelen recaer en las personas más radicales y no en las más inclusivas. Ahí tenemos el ejemplo de Robert Mugabe, quien después de acabar con los blancos explotadores de la antigua Rhodesia decidió realizar lo propio con los ndebele de la nueva Zimbabue causando un atroz genocidio. Una situación crítica que se está agravando en estos meses de COVID. Tanto la colonización como la descolonización están repletas de lamentables historias como ésta.

He ain’t heavy… he’s my brother

En un capítulo de la segunda temporada de El ala oeste se reclamaba a un funcionario de la Casa Blanca que los sueldos no pagados por la esclavitud negra en Estados Unidos alcanzaba la cifra de 1,7 trillones de dólares americanos (billones europeos) en el año 2000. Otros hablan de 14 trillones. Podemos quedarnos en el lamento de esos recursos que nunca llegarán o empezar a trabajar con los recursos que se puedan movilizar y luchar por más. Algunas personas podrán aprovechar su oportunidad con gran esfuerzo, otras quedarán en el camino por no tener capacidad para superar los obstáculos que se les presenten o por falta de voluntad. Algunas personas negras mirarán con resentimiento hacia aquellos compañeros de escuela que abusaban de ellos y terminaron desperdiciando su oportunidad (o que cayeron en las drogas o la violencia) y les tratarán con desprecio. Otros se convertirán en líderes que transformarán sus comunidades trabajando codo con codo con sus vecinos para sacarles de la droga o la violencia.

Toda la comunidad organizándose para llevar agua para construir la escuela.

Es muy complicado no conmoverse (moverse-con) la vitalidad que transmiten los niños africanos. Su alegría y vitalidad es contagiosa. Nos hacen ilusionarnos con su futuro y lamentar un posible futuro frustrado. No obstante, una de las cosas que más agradezco del verano en África fueron los espacios para compartir y conversar con los profesores. Las vidas de Charles, Maurice, Benjamin, Michael, Mary, M’butta y Abdul son importantes. Personas adultas que mostraban en su rostro y en su cuerpo las cicatrices que supone salir adelante en un mundo a veces cruel en el que superaron obstáculos como la malaria, la epidemia del SIDA, no tener acceso a agua potable, el elevado coste de los estudios, la sanidad precaria, la obligación de ser responsables de sus hermanos menores ante la ausencia de sus padres, la búsqueda de un microcrédito para comprar sus primeras herramientas con las que poder ganarse la vida… No es solo pecado matar a un ruiseñor, sino también quebrar sus alas.

Ruiseñores

Todas estas personas anónimas no están destinadas a solventar a medio plazo las necesidades de una Europa que cada vez presenta más síntomas de agotamiento, empezando por unas previsiones demográficas cada vez más alarmantes. Están destinadas a escribir un nuevo futuro. Su propio futuro.

Asante sana, Kenya. Hakuna matata.

Profesores y alumnos abandonando el Instituto tras el final de curso.

La estatua de Tamar

Si todos asumimos que somos un poco hijos de puta viviremos con menos presión, nos reconciliaremos con nuestra historia… y derribaremos menos estatuas.

En teoría tenemos 2 padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos y más de 1.000 antepasados al llegar a la décima generación. No obstante, el dicho de que a la prima se le arrima (y si es hermana con más gana) se cumple con más frecuencia de lo que pensamos, sobre todo en las mejores familias, por lo que las cifras se pueden ver sensiblemente reducidas. Aun así, cada uno de nosotros somos el milagroso resultado de cientos de generaciones y miles de antepasados.

Según encuestas recientes, el 39% de los españoles han pagado por sexo en su vida. Si dicha proporción se mantuviese constante en las generaciones precedentes, las probabilidades de tener un antepasado putero serían ciertamente muy elevadas. Ser hijo de puta (en sentido estricto) sería mucho más raro, ya que se trata de un sector donde la demanda supera claramente a la oferta. Si lo consideramos en sentido amplio, no tener ningún antepasado hijoputa sería muy raro en una historia repleta de guerras, envidias, traiciones, adulterios, conquistas y violencia.

Tamar fue esposa de Er, el primogénito de Judá (cuarto hijo de Jacob). Er falleció sin que Tamar engendrase hijos por lo que se casó con Onán, el segundo hijo de Judá. Onán se dedicó a ser el patrón de la marcha atrás (que no de las pajas) y falleció también sin descendencia. Le tocaba entonces el turno al tercero, Selá, pero Judá era más partidario del no hay dos sin tres que de a la tercera va la vencida, por lo que el matrimonio se quedó en veremos. Tamar temió que se iba a quedar para vestir santos (o lo que se vistiese en aquella época), siendo como era la falta de descendencia una desgracia para aquella sociedad.

No resignada ante su destino, Tamar se disfrazó de prostituta (con la cara tapada) y se quedó esperando en el camino por el que habitualmente caminaba su antiguo suegro. El pobre Judá llegó con los depósitos llenos de amor, ya que había enviudado recientemente, y lo que pasó… pasó. Como consecuencia del choque y fuga nacieron Farés y Zara, Tamar recobró su lugar en el pueblo de Israel y Selá fue quien se quedó vistiendo santos (bueno, este último punto puede ser que esté equivocado).

No es el único hecho truculento descrito en el Antiguo Testamento. Otro ejemplo relevante lo protagonizó el más importante Rey de Israel: David. Betsabé estaba casada con Urías, un príncipe hitita que era aliado del Rey David. Mientras se estaba bañando en un río, David la vio, quedó prendado y lo que volvió a pasar… volvió a pasar. De este nuevo choque y fuga, Betsabé también quedó embarazada (la puntería en aquellos tiempos era impresionante). Para tapar su deshonor, el rey David ubicó a Urías en la zona más peligrosa de la batalla contra los amonitas, con lo que se le quedó el camino expedito para que se formalizase su relación con quien fue la madre del Rey Salomón.

No es que le celebrase el pueblo judío su adulterio y asesinato a David, ya que el profeta Natán se encargó de hacer ver al más importante Rey de Israel que se había comportado como un verdadero capullo y le predijo grandes sufrimientos en su vida. No obstante, a pesar de vuestra indignación contra el Rey David, os pido que por favor contengáis la ira cuando visitéis Florencia, no os convirtáis en vengadores del pobre Urías y sigáis admirando la formidable estatua que le dedicó Miguel Ángel. La historia del arte no se podría permitir semejante pérdida.

Hay que poner en valor la lección de honestidad que nos legaron los judíos, ya que en los tiempos actuales estoy seguro de que la censura meapilas de la corrección política habría obviado estos dos hechos tan reprobables y poco edificantes. La visión cristiana continuó con la tradición de transparencia de nuestros hermanos judíos y en la genealogía de Jesús (del evangelio según San Mateo) aparecen tanto Tamar como Betsabé como antepasadas suyas, junto con otros hombres y mujeres (novedad en una sociedad patriarcal) que no siempre fueron de conducta intachable. Sin duda, es una historia apasionante que nos demuestra cómo grandes personas pueden cometer actos reprobables y, aun así, ser dignos de ser recordados e incluso admirados. Esto supone un contraste con la tradición recogida en el Corán, donde el Rey David es reconocido como uno de sus profetas pero se niega su pequeña aventura adúltera, ya que todos los que precedieron a Mahoma tenían que contar con un pasado irreprochable.

Las conductas censurables han afectado a antepasados de todas las ideologías. No pensemos que es un reducto exclusivo de judíos y cristianos. Por ejemplo Rousseau, precursor de la Revolución Francesa, estaba tan preocupado por un contrato social que liberase a la sociedad de las ataduras del Antiguo Régimen que no tuvo tiempo para cuidar de sus cinco hijos, a los fue abandonando al nacer en un miserable hospicio de París. O Karl Marx, impulsor de la lucha de clases, quien no solo tenía una criada, sino que además tuvo un hijo con ella (al estilo Schwarzenegger pero con las libertades del siglo XIX). Para que su mujer no le echase de casa, le endosó el hijo a su buen amigo Friedrich Engels (¡eso es un colega!), quien de paso le escribió un libro. Esto ha debido de ser una maldición para los comunistas, que han sufrido importantes problemas de bragueta hasta nuestros días. La tradición parece continuar con la fogosidad de Pablo Iglesias quien, de aquellos polvos, padece los actuales lodos telefónicos.

A pesar de las enseñanzas de la historia, es curioso cómo todos los países o grupos sociales quieren presumir de pureza de linaje. En España nos sucede con el mito de Numancia. Hay quienes han querido convertir a los españoles en dignos herederos de Viriato y sus paisanos, sin tener en cuenta que todos los numantinos prefirieron suicidarse antes que caer en manos de los opresores romanos. Ahí empezó todo… por lo que ya sabemos a quién culpar de posteriores abusos que se produjeron a lo largo de la historia. Estaba en su ADN.

Este mismo relato se repite en el caso de los aztecas o los incas. Se olvida que es mucho más probable que los actuales mexicanos y peruanos desciendan de matrimonios mixtos entre conquistadores y la aristocracia inca y azteca; o de los tlaxcaltecas o totonacas que dieron apoyo a los apenas mil españoles que llegaron a México; o de los incas seguidores de Huáscar que se levantaron junto con los huancas o los cañaris contra Atahualpa. Siempre me queda la incomprensión acerca del ansia por preferir ser descendiente de aquellos que sacrificaban a los inocentes pueblos enemigos en lo alto del Templo Mayor (arrancándoles el corazón sin anestesia) antes que de aquellos que trajeron las Leyes de Burgos, precursoras de las Leyes de Derechos Humanos, cuando ambas sangres corren por las venas de la inmensa mayoría de la población actual de Latinoamérica… a diferencia de lo que sucede en Norteamérica.

Desde Luke Skywalker, creo que todos estamos de acuerdo en que no podemos culpar a nadie de los pecados de sus padres. Éste fue el caso de Alexander Hamilton, un bastardo pobre e hijo de una prostituta, nacido en una isla pobre del Caribe, pero que llegó a convertirse en un erudito economista, Secretario del Tesoro y el más joven de los siete padres fundadores de los Estados Unidos. Sus adversarios difundían maledicencias acerca de él en las que comentaban que por las noches iba (como Marco) en busca de su mamá y que, no encontrándola, se entretenía con sus compañeras de profesión. No sé si esto convierte a los hijos de la patria más desarrollada del mundo en nietos de puta (o hijos de putero), pero sin duda es todo un homenaje al Sueño Americano que pueden celebrar los estadounidenses al contemplar su cara en el billete de 10 dólares. Eso sí, recomendaría no quemarlos… que con las cosas de comer no se juega.

En España se habla mucho últimamente del Rey Emérito, quien fue el principal protagonista de que hayamos disfrutado los 40 años de mayor progreso y estabilidad de nuestra historia. La transición española de la dictadura a la democracia es unánimemente alabada en el extranjero y los españoles nunca podremos agradecer bastante el papel que desempeñó. Sin embargo, ahora hay acusaciones a Don Juan Carlos por haber pagado facturas de 65 millones de euros por amor (¡como para tener un gatillazo en Botsuana!). Es curioso que nuestra sociedad sea tan cínica como el capitán Renault en Casablanca y haya tardado tanto tiempo en darse cuenta de que en el casino de Rick se jugaba. Imagino que tendremos que ponerle una estatua al Rey Emérito por su importante legado para después derribarla por sus pecados. Pero vayamos despacito y no toquemos una institución, como la monarquía constitucional, que tan buen servicio está prestando actualmente por medio del Rey Felipe VI.

Al igual que sucede con Juan Carlos I, las estatuas de Churchill están también en cuestión. Sin duda a Sir Winston le afeamos sus ramalazos racistas pero, por otro lado, también le agradecemos su papel de freno primero frente a Hitler y después frente a Stalin. Podríamos sugerir entonces el uso de una radial para que derriben sus estatuas por la mitad (aunque si se encarga la labor a un comunista igual apenas deja un cuarto).

Esperemos que estos ejemplos ayuden a superar el trauma de una joven feminista, aficionada colchonera, que descubra al primer propietario del Atlético de Madrid S.A.D. en un video de YouTube de Jesús Gil y Gil (que no era hijo de primos) mientras disfrutaba en un jacuzzi de la cariñosa compañía las Mama Chicho. No es necesario que apostate de su fe en el equipo del pueblo, justo el año en el que va a ser campeón de Europa por primera vez en su historia… si el coronavirus no lo impide. Hasta en las mejores familias cuecen habas.

Hay ingenuos que afirman que si no se hubiesen producido hechos reprobables a lo largo de la historia, habríamos tenido otros antepasados de los que sí sentirnos orgullosos. Un argumento totalmente falso ya que, de no haber existido los asesinos, violadores y ladrones que nos transmitieron su ADN y sus genes, nosotros ocuparíamos actualmente un lugar privilegiado en el limbo a la derecha de los hijos de Onán. Existen probabilidades ciertas de que desciendas de alguno de los 82 hijos del Rey David, pero ninguna de que el cornudo y apaleado Urías sea tu antepasado. Otras personas no tuvieron la oportunidad de existir, ora porque murieron a manos de tus ancestros ora porque otras personas se interpusieron en el camino de aquel muchacho del que estaba enamorada tu tatarabuela… que se consoló finalmente con tu tatarabuelo. Ellos habrían ocupado nuestro lugar en el mundo, haciendo de este planeta un lugar más sostenible, feminista, igualitario y justo… o no.

Lo más sano sería aceptar que nuestra sangre está mucho más sucia de lo que nos gustaría reconocer. Y que todos (o casi todos) hemos cometido actos deleznables de los que nos arrepentimos profundamente. En realidad, debería suponernos un alivio … porque no os podéis imaginar la pesada carga y la enorme presión que me supone mantener la inmaculada historia de la única familia que no cuenta con mayor mancha en su seno que el pecado original. ¡Cuánto os envidio… hijos de puta!

P.D.: Y si alguien más está libre de pecado, que tire la segunda piedra.

Paradójicamente

Es una paradoja que la manera de estar más unidos sea separarnos, pero también lo es la gran cantidad de personas que trabajan unidos para que podamos estar separados. En estos días son muchos los reconocimientos a todas las personas que están a nuestra disposición para ayudarnos. No solo personal sanitario (en primera fila de la batalla), sino también trabajadores de supermercados, logística, servicios de telecomunicaciones, empresas eléctricas, de gas, locutores de radio…

También es paradójico solicitar a las personas sin techo que se queden en casa o el día a día de los 4 millones de personas mayores que viven solas en España, anhelantes de una compañía tan prohibida como necesaria. Ese reto de una sociedad que mientras lucha por el último rollo de papel higiénico va a aplaudir a los médicos, u organizará mecanismos de solidaridad con los vecinos. Un sociedad profundamente democrática que acude a la limitación de derechos humanos y la concentración del poder para su propia supervivencia. Una sociedad que reclama más tiempo para uno mismo y que no sabe que hacer con él cuando finalmente lo tiene. Una sociedad que critica un sistema educativo que ahora añora.

La rápida evolución de la enfermedad también anuncia a muchas personas un cambio de paradigmas en la sociedad resultante de esta crisis, con la verdad absoluta de un regreso del poder de lo público y del localismo. Sin embargo, tenemos la paradoja de que va a ser la globalización y el desarrollo tecnológico lo que nos proporcione la salida a esta crisis. Parecemos no recordar que, siglos atrás, la viruela, la peste negra o la bubónica o la mal llamada gripe española llegaron a los rincones más recónditos, pese a ser sociedades que contaban con unos mecanismos de comunicación mucho más precarios que los que tenemos en la actualidad. Tardaban más en llegar, pero lo hacían para quedarse décadas. Sin embargo, ahora tenemos información en tiempo real del número de infectados, las medidas económicas propuestas por cada país o las líneas de estudio de los científicos en la búsqueda de vacunas y retrovirales, que seguramente tendremos antes de que finalice el año.

También puede parecer una paradoja que pueda ser beneficioso que en una situación tan crítica un partido populista forme parte del gobierno. Pese a lo que nos pueda pesar, estos son momentos de unirnos y respaldar al gobierno que está en el poder, sea de la ideología que sea. Tampoco pensemos que va a tener un margen de maniobra mucho más amplio que el de sus vecinos alemanes o franceses. Por lo menos, contar con los populistas en el poder te elimina el riesgo de que tomen las calles y trabajen por desestabilizar al gobierno. Lo ideal sería un acuerdo transversal (derecha e izquierda) para que las duras medidas que se tomen (y se tomarán) cuenten con un amplio respaldo de la sociedad … pero creo que eso está en contra de los signos de los tiempos actuales. Las luchas de méritos y culpabilidad serán nuestro entretenimiento para el próximo trimestre.

Mientras se instala en la sociedad la idea de que el sector público está sosteniendo a la población, paradójicamente nos encontramos con que está siendo también la colaboración de lo privado lo que está ayudando a combatir la crisis: hospitales privados al servicio del sistema público, hoteles que se convierten en hospitales, empresas energéticas o de telecomunicaciones, autónomos transportistas, agricultores, empresas de comunicación, cadenas privadas de supermercados que garantizan el suministro de víveres, productores de papel higiénico… O el caso de empresas de comida rápida (como Telepizza o Rodilla), que han facilitado la alimentación de los niños más necesitados de Madrid su estructura logística. Cuando es preciso, todos somos capaces de unirnos para lo más importante. A fin de cuentas, el gasto público lo acabarán pagando los impuestos de los privados.

También nos han estado comentando que la pandemia del coronavirus es una situación cambiante, lo que invitaría a pensar que la solución pasa por ir improvisando día a día de acuerdo a las circunstancias que se vayan produciendo. Paradójicamente, la salida a la crisis no va a venir de la improvisación, sino de una mirada a largo plazo donde se puedan prever los peores escenarios y las respuestas que se puedan ir articulando de manera progresiva. Porque, ¿cuánto tiempo puede durar la economía parada? ¿o un autónomo sin ingresos? ¿o un niño sin salir de casa? ¿o un estado sin ingresos? ¿o un español sin crear un meme?

Son muchos los retos de los que todavía no se han hablado, pero que vamos a tener que afrontar. Nos hemos centrado en la salud física en los hospitales, pero no hemos hablado de la salud mental de millones de personas encerradas en sus casas. O los más de dos millones de parados adicionales que se van a generar en los próximos dos meses. O los trabajadores autónomos que no van a recibir ingresos. O cómo relanzar una sociedad con un estado que no va a tener apenas ingresos en un trimestre. O cómo gestionar un estado que este año va a tener un déficit de cerca de un 15% con una deuda pública que ya está casi al 100% del PIB.

Es posible que acabemos teniendo el primer experimento de renta básica universal para muchas personas que no pueden asumir un mes sin recibir un salario, lo que paradójicamente puede terminar con el BCE imprimiendo moneda a lo loco, a instancia de Alemania, para paliar las consecuencias de la crisis, con su consiguiente inflación y devaluación de moneda. También nos podremos encontrar con que los que ven la crisis como una oportunidad para experimentar los aspectos positivos del decrecimiento, se den cuenta de que éste lo único que nos trae es inseguridad y miseria, aunque sí que nos vaya a ayudar a mejorar el medioambiente (lamentablemente no es una medida sostenible).

Finalmente, ésta va a ser la primera pandemia en una sociedad que no mirará mayoritariamente a Dios como solución a sus problemas. Todos estaremos de acuerdo en la suspensión de las procesiones de Semana Santa y nos pondremos en manos de la ciencia para que acuda en nuestra salvación. Pero, paradójicamente, más de una plegaria de descreídos se elevarán al cielo pidiendo que se termine este encierro cuanto antes… sobre todo ante la enésima pataleta del niño encarcelado. ¿Qué es la vida sin esperanza?

Porque, paradójicamente, nunca sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes.

Perdón

Cualquier momento es bueno para pedir perdón. Su efecto catártico tiene efectos beneficiosos, incluso para la salud (algo muy necesitado en los tiempos que corren). Son muchas las personas con las que yo tendría que disculparme, empezando por la niña a la que le tiré un balonazo cuando apenas contaba 10 años. Sé que ella tampoco se ha olvidado, a pesar de mi profundo arrepentimiento. Es lo que tiene crecer en una pequeña ciudad (infierno grande). Así podría continuar con mis padres, hermanos, amigos, enemigos… Aunque no formo parte del 2% peor de la población, mis actos reprobables son muchos más de los que hubiese deseado cometer. Al menos esto no me sucede en casa, donde siempre tengo la razón… bueno, en realidad, casi siempre.

Sin embargo, la reciente experiencia de Plácido Domingo ha hecho que me replantee solicitar públicamente perdón, aunque ser un prestigioso autor para minorías selectas hace que la repercusión de mi solicitud sea sensiblemente inferior a la del aclamado tenor. Eso sí, no podemos quitar ni un ápice de importancia a los presuntos hechos reprobables que ha reconocido Domingo. Parece haber hecho honor al clásico refrán español: Donde tengas la olla no metas la… gallina. Y mucho menos si eres el chef más reputado (no sé si es el adjetivo más preciso para emplear en esta ocasión).

El acoso en el trabajo es una de las cosas más detestables que existen. Es el lugar en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y donde ponemos nuestra seguridad, nuestros anhelos de desarrollo y el bienestar de nuestra familia. Imagino que cuando alguien alcanza los niveles de fama de Plácido puede llegar a sentirse el más gracioso, guapo y poderoso. Esto te puede hacer sentir que casi siempre tienes la razón. Como yo en casa… bueno, en realidad, solo a veces.

La reacción de Plácido Domingo ha consistido en disculparse por todo el daño que ha causado, poniéndose a disposición de las personas ofendidas para reparar el daño causado. Pero parece que cometió un enorme error en el mundo que vivimos. Tanto como para que se hayan cancelado las actuaciones que tenía programadas en Madrid. Posteriormente matizó su disculpa, indicando que “Nunca me he comportado agresivamente con nadie y jamás he hecho nada para obstruir o perjudicar la carrera de nadie», pero reconociendo su culpa por haber hecho sentir mal a mujeres y concienciando a toda la sociedad de que comportamientos como el suyo no pueden repetirse jamás (lo que le honra). Lo que él pudo considerar galante, otros lo pudieron ver como baboso y otras (probablemente con razón) como acoso.

En realidad, Domingo podría haber negado todas las demandas, alegando que son acusaciones de hechos sucedidos hace 30 años y de los que es imposible obtener pruebas. También podría haber manifestado que las acusaciones provenían de oscuros intereses de la Iglesia de la Cienciología, como han publicado medios de comunicación que han salido en su defensa. Pero lo más probable es que esa estrategia también hubiese sido en vano. 

Cuando todos creíamos que Frank Underwood era el mejor intérprete de Kevin Speacy, nos encontramos con que las acusaciones criminales que le realizaron fueron desestimadas por los fiscales. Woody Allen también resultó absuelto de todas las acusaciones realizadas por Mia Farrow, pero su versión de la historia no podrá salir a la luz en Estados Unidos por el veto realizado por la editorial que tenía los derechos sobre sus memorias debido a la presión de Ronan Farrow. O Roman Polanski, que ha quedado condenado por vida por unos hechos totalmente reprobables ocurridos hace más de 40 años. Por un lado, nos oponemos a la cadena perpetua, pero por otro hay personas que no tendrán la absolución de la sociedad mientras vivan.

La conclusión es que sabemos que Plácido Domingo ha sido acusado de conductas impropias (pero no sabemos de cuales) y que él se ha declarado culpable (no sabemos si de todo o de parte de lo que no sabemos que le acusan). Pero, como en el mundo actual nos sentimos con autoridad moral para juzgar a los demás, parece que en el imaginario colectivo el tenor se encuentra ubicado tan solo un par de escalones por encima de Harvey Weinstein, quien sí ha sido condenado a 30 años de cárcel por sus acciones criminales (para gran disgusto de grandes artistas que agradecieron en público el desinteresado apoyo que ofreció a sus carreras artísticas). El problema es que juzgamos desde nuestros prejuicios, no desde la búsqueda de la verdad y el equilibrio entre el daño causado la víctima y la presunción de inocencia del acusado.

Es lo mismo que sucede en esta sociedad actual, donde hay que gritar muy alto para tener la razón. Una sociedad excluyente por mitades donde quien no coincide con las ideas que transmite la otra mitad se convierte directamente en un fascista o un machista, lo cual es muy útil para cubrir las vergüenzas propias de ser un principiante a la hora de redactar leyes que no vienen a responder las necesidades de fondo que tenemos todas las mujeres y todos los hombres que luchamos por una sociedad más inclusiva.

Por el otro extremo, tampoco estaría mal que pidieran perdón aquellos que tratan como feminazis comunistas a todos aquellos que reclaman que todavía existe un importante camino por recorrer hasta terminar con la brecha de género y alcanzar la plena igualdad y seguridad de la mujer en nuestra sociedad. Un gran ejemplo nos han dado las mujeres del PP alabando las bondades de sus adversarias políticas. Una visión empática a imitar por los que solo a veces tenemos razón en nuestras discusiones domésticas… bueno, en realidad, casi nunca.

Quizá el primer paso puede suponer la aceptación de que las personas somos tremendamente complejas. Que hay personas que cometen actos reprobables, pero que cuentan con otras cualidades altamente positivas y valiosas para la sociedad, de las que no podemos prescindir. ¿Podemos reconocer que el Rey emérito ha sido fundamental para la democracia y las libertades en España a pesar del Corinnavirus? Yo creo que sí. También sería positivo que modulemos las penas dictadas en las sentencias de los autoproclamados jueces, ya que no es lo mismo meter a una persona en la cárcel, que echarle de casa o hacerle dormir en el sofá, condena habitual para los que casi nunca tenemos razón en las discusiones en casa… bueno, en realidad, nunca.

Por eso, cariño, perdona que no te pida perdón (y menos en público), ya que todo lo que diga puede acabar siendo usado en mi contra.

Inmunipunidad

Antes de la aparición del coronavirus, la humanidad ya había sufrido epidemias bastante más demoledoras. La viruela es la enfermedad que mayor número de muertes ha ocasionado en la historia de la humanidad. Más de 300 millones. Fue, sin quererlo, una de las principales causas por la que los españoles acabaron dominando el Nuevo Mundo americano. El hermano de Moctezuma, Cuitláhuac, murió a causa de la viruela en plena defensa de Tenochtitlan, una vez expulsados los españoles en La Noche Triste. Su sucesor, Cuauhtémoc, fue el último Huey Tlatoani de los mexicas, hasta que un ejército de unos diez mil tlaxcaltecas y totonacas (dirigidos por Cortés y sus 400 soldados españoles) conquistó una Tenochtitlan devastada por la falta de agua potable… y las enfermedades.

Que la viruela se convirtiese en un inesperado aliado de la Conquista, no quiere decir que fuese deseada por los españoles, sino más bien todo lo contrario. Con la obligación de velar por los Derechos Humanos reconocidos en las Leyes de Burgos (1512) y por el bienestar de los nuevos pueblos españoles, los Conquistadores empezaron a construir una amplia red de hospitales, siendo el Hospital de la Concepción de Jesús Nazareno el primero en ser construido en el continente americano. Fue fundado en Ciudad de México por Hernán Cortés en 1524 para atender tanto a cristianos como a indios. 324 hospitales adicionales se construyeron en el siglo XVI hasta un total de 843 a finales del XIX en la América Española.

Un hito muy relevante en la lucha contra la viruela sucedió en la primera década del siglo XIX, con la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, liderada por el médico español Francisco Javier Balmis. Su finalidad era luchar contra la viruela, afrontando el reto de llevar la vacuna al Nuevo Mundo en el cuerpo de niños huérfanos. Una expedición que dio la vuelta al mundo para evitar que miles de personas indefensas fuesen contagiadas por esta devastadora enfermedad. La vacuna es el ejemplo más claro de inmunidad, que consiste en proteger a una persona de un mal futuro.

En el lado opuesto de la inmunidad está la impunidad, que consiste en que las personas que han cometido crímenes no sean castigadas. En Norteamérica, tanto los británicos en sus trece colonias como los nuevos gobernadores tras la independencia llevaron a cabo una masacre contra los indígenas, ya que los consideraron un obstáculo para su desarrollo. Tenemos el ejemplo del británico Sir Jeffrey Amherst, precursor de las mantas infectadas de viruela, comandante en jefe del ejército de Su Majestad en Norteamérica durante el siglo XVIII y que todavía no ha sido desposeído para la historia de su título nobiliario por su crueldad inhumana.

No obstante, también existe la posibilidad de que su indigno comportamiento haya sido más bien un elemento a favor de su rango aristocrático, si tenemos en cuenta que la tradición se mantuvo en declaraciones (no muy afortunadas) del elegido británico más importante de todos los tiempos por sus propios compatriotas, Sir Winston Churchill: No admito que se haya infligido una gran injusticia contra los indios rojos de América y el pueblo negro de Australia por el hecho de que una raza superior haya llegado y ocupado su lugar. Paradójicamente, el mundo libre le debe mucho a este señor, pero dicha deuda no es objeto del presente artículo.

Otro caso fue el de Leland Stanford, primer Gobernador del Estado de California, quien pidió dinero al Gobierno Federal de Estados Unidos para organizar partidas de militares que matasen a pobladores nativos. Este antiguo territorio mexicano perdió el 80% de su población indígena desde 1848. Lamentablemente, se han retirando estatuas de Cristóbal Colón en Los Ángeles, pero todavía nadie en California ha solicitado cambiar el nombre de la Stanford University para rebautizarla como la Universidad de Gerónimo (en español, que era el idioma empleado por el líder apache). Si yo fuese de Berkeley lo propondría, aunque solo fuese por tocar los… sentimientos.

Estos ejemplos también estaban lamentablemente en sintonía con el pensamiento de muchos próceres de la independencia en Latinoamérica, como el Libertador Bolívar, quien en una carta a Francisco de Paula Santander afirmaba en 1824 que los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe. O Fructuoso Rivera, exterminador de charrúas en la matanza del Salsipuedes (1831) en Uruguay. O Bernardo O’Higgins en Chile, quien tras reconocer autonomía de los Mapuches en 1819, dijo al dejar el poder en 1823 que las razas roja y blanca no pueden crecer y prosperar en el mismo territorio. O la Guerra de las Castas en la segunda mitad del siglo XIX en México, que casi acabó con los mayas en Yucatán. O…

Todos estos personajes históricos han pasado impunes a la posteridad a pesar de las atrocidades infligidas a la población indígena. Por ello, impunidad es sinónimo de injusticia. Lo que no existe es la inmunipunidad. El doctor Balmis nunca podría haber salvado a los indígenas infectados por el regalo de las mantas envenenadas de Sir Amherst, una vez éstos ya hubiesen estado contagiados de viruela. Si vacunas a una persona que ya está infectada, tu esfuerzo es vano.

Es importante tener clara la diferencia entre estos dos conceptos para entender que, quienes buscan salvar a Puigdemont y su banda de la prisión alegando su inmunidad, realmente pretenden su impunidad. No se puede inmunizar de delitos que fueron cometidos más de un año antes de ser elegido europarlamentario. No obstante, el nuevo papel del independentismo como socio en la supuesta gobernabilidad de España (junto con la ayuda de la nueva Fiscal General del Gobierno) puede provocar que finalmente salga impune del daño causado en ese absurdo pulso de pobres contra pobres que se inventaron los secesionistas tras crear una posverdad en Cataluña para su propio beneficio, causando profundas heridas que todavía hoy supuran y que son de difícil cicatrización.

 En esto parece consistir la desjudicialización de la política: generar espacios de impunidad donde los políticos no estén obligados a responder ante la Ley. Es por ello que hoy sigue siendo tremendamente necesaria una vacuna que nos inmunice contra las dos enfermedades más mortíferas que ha creado la humanidad, aunque no aparezcan en los tratados de epidemiología: el nacionalismo (de todo tipo) y la estupidez humana. Ojalá las dejemos de padecer, del mismo modo que la humanidad ya no sufre a causa de la viruela.

PD: Agradecimiento a comunicadores tan diversos como Juan Eslava Galán, Guillermo Fesser, Elvira Roca Barea, el blog https://laamericaespanyola.wordpress.com o Academia Play, quienes han escrito muchas páginas acerca del legado español en la América a la que no viajaron mis antepasados. Además de enseñar, también hacen pasar ratos amenos y divertidos.
PD2: Si he omitido aspectos no tan positivos relatados en la Leyenda Negra, no penséis que es por ocultarlos o por crear una Leyenda Rosa (ningún proceso de Conquista en la historia de la humanidad fue un cuento de hadas), sino porque sé que seréis capaces de encontrar abundante bibliografía al respecto sin la menor dificultad.

PINpampum

Si en un momento de crisis de tu Gobierno eres capaz de colocar en primera plana de los periódicos un recurso contra una decisión tomada cuatro meses antes por la oposición en una región y que nadie recordaba, hay que reconocer que o bien eres un genio o tu oponente no es muy espabilado… o ambas cosas a la vez. Pero ésta va a ser la dinámica de la legislatura que acaba de iniciar en España. Buscar polémicas por aspectos puntuales, exagerarlas y tensionar a la sociedad para que tenga que retratarse a favor o en contra de la misma y así saber si pertenecen al grupo de los buenos… o al de los malos y terribles fascistas. En esta ocasión el absurdo debate parece situarse entre si los hijos pertenecen a los padres o si, por el contrario, su primera obligación es con la sociedad de la que forman parte.

 Cualquier padre es consciente que un hijo no es propiedad suya en el momento en el que crecen y te ganan al futbolín o cometen aberraciones como hacerse seguidores del Atleti o del Barcelona. Más tarde, se verá ratificado cuando llegue a tu casa la novia de tu hijo/a luciendo un PIN de Vox o el novio con su brazo tatuado con la hoz y el martillo. Del mismo modo, desearás que tu hijo sea propiedad del Estado cuando la aparición de los primeros dientes de tu bebé no te deje dormir más de dos horas seguidas; o una diarrea imprevista surja en mitad de un delicioso almuerzo y se te haya olvidado la muda de recambio en casa; o tengas que pagar la factura de un audífono o unas gafas; o tu hijo llegue mareado a casa indispuesto por un intenso mal de amores y un par de copas de más; o pases horas en vela en un quirófano a la espera de que su incierto futuro se resuelva favorablemente.

Los padres somos conscientes de que los hijos tienen una responsabilidad con la sociedad de la que forman parte. De hecho, pasan más de seis horas al día en el colegio para recibir una formación integral obligatoria, de acuerdo con la Ley Educativa estatal y los contenidos que determina la Comunidad Autónoma en la que vives. Una educación muchas veces polémica, al restringir el idioma en el que quieres ser educado o presentar contenidos con marcado sesgo ideológico favorable a las tesis de los partidos en el poder.

PINk Floyd fue el primer promotor del veto parental en The Wall y su Teacher, leave the kids alone!, que es seguido en la actualidad por los promotores del home schooling. Pero la polémica actual no es una enmienda a la totalidad del sistema educativo. Se trata únicamente de una autorización de los padres para actividades escolares complementarias de sus hijos. Si bien es cierto que no son optativas y se imparten en horario escolar con aprobación por el Consejo Escolar de cada centro, hay que reconocer que no forman parte del núcleo central de la educación de los alumnos. Por otro lado, podría evitar a algunos padres contrarios al PIN que sus hijos participen en charlas provida de Hazte Oír o asistan a la promoción de los valores del ejército.

Lo que se presenta como una gran discusión acerca de la propiedad de los hijos es, en realidad, una pequeña discusión acerca del límite de decisión de los padres en un tema muy concreto. Yo nunca tuve en mis cada vez más lejanos tiempos de infancia y juventud este tipo de actividades complementarias y me siento feminista, contrario a la violencia de género, tolerante, respetuoso con la diversidad… Entiendo que la educación de mis hijos, durante todas las horas que asisten al colegio, está en el respeto a los valores humanistas y de respeto a sus próximos. Si no, tenemos un serio problema como sociedad.

Además, esta polémica se resuelve de una manera muy sencilla. Interponiendo un recurso sobre un conflicto positivo de competencia ante el Tribunal Constitucional. Las competencias en educación están divididas en aspectos que corresponden al Gobierno Central y otros que dependen del Gobierno Autonómico. Será el TC quien determine qué norma se aplica (aunque una jacobina representante de Podemos proponga ya la aplicación del 155). Es una manera de judicializar la política (algo que se supone pasado de moda en estos nuevos tiempos), aunque parece que esto no aplica para regiones no históricas, como el Reino de Murcia o el Cantón de Cartagena. Si se hubiese legislado en panocho, no habría problema.

Como soy muy mal pensado, creo que esta polémica absurda, además de ocultar vergüenzas del Gobierno, viene a preparar una polémica mayor en unos pocos meses o años. Imponer una educación pública y laica universal en España parece ser la siguiente lucha entre fascistas y antifascistas. La libertad de elegir una enseñanza concertada está en las antípodas de las creencias de los partidos que forman parte de la coalición en el Gobierno, aunque recurran a ella para sus hijos. Una libertad que podría quedar limitada a los ricos que se puedan pagar la educación privada.

 

Una lástima. Con lo bonito que sería buscar acuerdos transversales para la mayoría…

Violencia de género

54 mujeres han sido asesinadas por hombres en lo que llevamos de año en España en casos de violencia de género. Pero esto es solo una pequeña parte del problema. En 2018, de acuerdo un informe del INE, se produjeron 34.994 sentencias condenatorias en el ámbito de la violencia de género o violencia machista. De todas ellas, 3.940 han implicado el ingreso a prisión de los condenados (1.199 con sentencia firme a más de 3 años de privación de libertad), la mayoría por lesiones. Es la tercera causa de encarcelamiento en España. Sin duda, se trata de un problema muy importante que hay que atacar de raíz y que implica la movilización de importantes partidas presupuestarias para asistir a las víctimas, no dejarlas desamparadas y prevenir nuevos delitos.

La violencia de género está definida como aquella violencia (física o psicológica) del hombre hacia la mujer que se produce dentro de una relación (actual o pretérita) de afectividad. Este tipo de violencia es diferente de la doméstica (que puede ser producida tanto por hombres como por mujeres) en el entorno familiar. Es evidente que se han implementado medidas adicionales contra la violencia de género, pero esto no implica que la violencia doméstica no esté perseguida. Los delitos que se producen en este ámbito pueden tener penas agravadas en consideración a lo dispuesto en los artículos 22 y 23 del Código Penal. 7.388 personas (62% mujeres, 38% hombres) han sido consideradas víctimas de delitos de violencia doméstica. También hay estadísticas de hombres asesinados por sus parejas, que fueron 10 (7 por mujeres y 3 por hombres) en el último año.

El número de denunciados por violencia de género fue menos de 1,5 hombres por cada mil en 2018. También tenemos estadísticas que diferencian entre los denunciados que han nacido en España y los nacidos en el extranjero. 1,2 españoles por cada mil son acusados, mientras que lo son 4,6 nacidos en África y 3,5 en América. Estos números pueden ser analizados de dos maneras. Algunos harán hincapié en que, en proporción, son denunciados casi 4 veces más africanos y 3 veces más americanos que españoles y así alertar del peligro de la inmigración. Otra lectura es que el 99,54% de los hombres africanos o el 99,65% de los americanos no fueron acusados en 2018. La cifra no deja tampoco en mal lugar al 99,88% de machos ibéricos. Esto nos da una conclusión muy interesante. Del mismo modo que podemos admitir que existe violencia hacia la mujer por el mero hecho de serlo, ésta no se produce por la naturaleza del hombre, sino más bien contra ella. No hay nada que tenga menos hombría que abusar de una mujer.

A los delitos de violencia de género, habría que sumar los delitos contra la libertad sexual (violación, agresión sexual, abuso, acoso…), que se recogen en otros apartados estadísticos. Esto añadiría más de 2.700 condenas adicionales registradas por el CGPJ en 2018 por estos tipos delictivos contra mujeres. Estas cifras son rebatidas por organizaciones que afirman que los delitos que se producen son muy superiores a los que finalmente son denunciados. Una encuesta de Amnistía Internacional señala que el 7,2% de las mujeres españolas declaran haber sido objeto de violencia sexual a lo largo de su vida (aunque no se especifica de qué naturaleza). En cualquier caso, los hombres abusadores seguirían siendo una inmensa minoría. Yo diría que son un 2% y exagerando (lo que no dejaría de ser la escalofriante cifra de casi medio millón de varones). Lo que no existe en España es impunidad para los asesinos, ya que hemos visto en los medios de comunicación cómo finalmente terminan en prisión, por larga que sea la investigación del crimen.

Ante esta realidad, debería haber una unidad de acción en la lucha contra estos delitos, pero están surgiendo debates acerca de aspectos polémicos: el número de denuncias vs el número de condenas que se producen (23% del total de denuncias, 10% en Juzgados de lo Penal); la dificultad de valorar las pruebas en el caso de delitos que se producen en la intimidad; la formación insuficiente de las Fuerzas de Seguridad del Estado o de los Jueces en violencia contra la mujer; medidas cautelares que se toman sin tener en cuenta la presunción de inocencia del hombre; los recursos que se emplean para combatir la violencia de género (si son efectivos, si son suficientes, si hay corrupción en su gestión…). No hay que tener miedo a debatir sobre estos temas. Hace mucho tiempo que me enseñaron que lo que no se evalúa, se devalúa.

La Ley Integral contra la Violencia de Género se aprobó por unanimidad hace 15 años para luchar contra unos tipos de delito que suceden fundamentalmente en la intimidad y con ausencia de testigos. A esto se añade el hecho de la diferencia física favorable al hombre que se produce en más del 90% de las parejas. Es por ello que en este tipo de delitos se puede considerar suficiente únicamente la prueba testifical de la víctima, siempre que el Juez determine que su testimonio cuenta con visos de verosimilitud (que no exista motivación espuria, testimonio creíble y no contradicciones en el testimonio). ¿Puede facilitar esta situación un abuso por parte de mujeres frente a los hombres? Sin duda. ¿Existe alguna alternativa para evitar la violencia contra las mujeres? Complicado. ¿Por qué no se producen más investigaciones contra denuncias que no son admitidas? Porque se considera que ello supondría que mujeres en riesgo no darían el paso de denunciar.

Esto nos lleva a la pregunta central: ¿Qué riesgo preferimos asumir como sociedad, una mujer inocente muerta u hospitalizada o un hombre inocente separado de sus hijos o detenido? Creo que la respuesta, hoy día, es clara. Y la consecuencia también. Por eso, del mismo modo que estoy de acuerdo en que el número de denuncias es inferior a los delitos que se cometen contra las mujeres, también estoy convencido de que las denuncias falsas están infraestimadas. El número de casos que conozco (de mujeres que no han sido condenadas por ello) está muy por encima de lo excepcional que se supone que deberían de ser.

En ocasiones se han de tomar medidas injustas en casos concretos para ser justos con la mayoría. Para defender un bien jurídico protegido, como es la integridad de las mujeres, se puede menoscabar otro, como es la presunción de inocencia. Es una paradoja diabólica, que no servirá de consuelo para las personas que la sufren. Hay que ser consciente de la compleja realidad (difícil de aceptar en un mundo de buenos y malos, de blanco o negro), explicarla y aceptar las contradicciones… pero sin dejar de luchar por reducir al mínimo las injusticias. Tenemos que lograr también tolerancia cero de la sociedad hacia las personas que se aprovechan de una lacra social, como es la violencia contra la mujer, en su beneficio.

No creo que el Estado opresor sea un macho violador. Más bien al contrario. Donde se producen los mayores abusos es donde no existe un estado represor con medios para combatir al macho violador. Si se repiten eslóganes importados, hay que tener en cuenta que se están solidarizando con mujeres que no tienen ni la suerte ni los medios que existen en España (aunque todavía haya margen de mejora), sino que sufren en sus carnes la impunidad de unos Estados que no las protegen. Ser mujer pobre en un barrio pobre de un país pobre es una enorme tragedia. Como aquella mujer en un barrio del sur de Bogotá que nos contó que fue cruelmente violada por 3 amigos de su ex pareja como castigo por haberlo abandonado ante sus abusos. Un crimen impune, ya que no fue ni denunciado por el miedo que tenía por su vida.

Hay que saber diferenciar entre el feminismo y los delitos. El feminismo no es de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. El desarrollo de la mujer y su mayor presencia en la vida pública, es un impulso beneficioso para nuestra sociedad. Es una transformación imparable, de la que tenemos que hacer bandera. Habrá hombres que protesten y les cueste aceptar el cambio de roles que se está produciendo en nuestra sociedad, pero eso no les convierte en delincuentes. Hay que intentar ser siempre justos, incluso con Woody Allen.

Todo delito contra las mujeres tiene que salir a la luz y ha de ser castigado. Sin ninguna impunidad ni condescendencia. Pero no nos olvidemos de que el objetivo a largo plazo no es que haya un mayor número de denuncias o de condenas, sino al contrario. El objetivo final es que no haya casos ni de violencia machista ni contra la libertad sexual porque se haya logrado entre todos, hombres y mujeres, la erradicación de este tipo de violencia. Trabajemos juntos para educar a nuestros hijos en ese sentido. Ése será nuestro éxito.