Salario mínimo

La legislatura ha comenzado con un aparente éxito en la negociación colectiva. Se ha firmado un rápido acuerdo entre patronal y sindicatos para fijar el nuevo salario mínimo interprofesional (SMI), con una labor de árbitro convincente por parte del gobierno: Patronal, si ustedes no salen en la foto, en lugar de subir de 900 a 950 Euros lo haremos por decreto a 1.000. Y en diez minutos hubo acuerdo.

Detrás de esta iniciativa está el objetivo de que el SMI sea un 60% del salario medio (SMe), tal y como consideró la Carta Social Europea. En tal caso, tendríamos que analizar si esa cifra es razonable y si tiene sentido aplicarla en España o qué matices lo podrían hacer viable. En este punto, lo primero a tener en cuenta es que si el SMI es el 0% del SMe, esto quiere decir que no está regulado un salario mínimo por Ley (lo que sucede en países como Italia, Dinamarca, Austria o Finlandia) y si el SMI es el 100% del SMe, quiere decir que estamos en un régimen comunista donde todos cobran lo mismo (hasta los miembros del Politburó).

¿Cuál es la situación actual en países de nuestro entorno?*

SMI pais

*Se ha armonizado el SMI teniendo en cuenta la remuneración total en 12 pagas, como aparece en casi todos los países de nuestro entorno. Para España se ha considerado el SMI de 2019 (900 Euros, pero en 14 pagas)

Partiendo de la información publicada en https://datosmacro.expansion.com (con datos de 2019) el porcentaje SMI/ SMe en España es prácticamente del 50%. Países como Alemania, Holanda o Japón se encuentran más de 10 puntos por debajo. Uno de los datos que más llaman la atención es que (excepto en Polonia) los países en los que el porcentaje es inferior, la tasa de paro es también más reducida. Esto repercute también en la tasa de paro de jóvenes menores de 25 años, que son los que tienen proporcionalmente salarios más bajos al ser menos productivos.

Por tanto, si llegamos al 60% en 2023, como pretende el gobierno de España, seremos a nivel país los pioneros en Europa y podremos servir de ejemplo (bueno o malo) para el resto de los países. A nivel regional, ya podemos servir de ejemplo en algunos lugares, ya que las asimetrías existentes entre las diferentes Comunidades Autónomas hace que nos encontremos con algunas regiones que ya tienen un SMI que es superior al 60% del SMe:

SMI CCAA

De acuerdo a los datos obtenidos del Instituto Nacional de Estadística, las regiones que cuentan con el porcentaje recomendado por la Carta Social Europea son, evidentemente, las regiones más pobres. A pesar de contar con salarios medios mucho más bajos (Canarias o Extremadura un 30% inferiores al País Vasco) sufren de una mayor tasa de paro (más del doble). El dato es especialmente dramático si nos fijamos en las tasas de desempleo juvenil (<25 años), que en Extremadura supera el 46%. Una cifra  que empuja también a la despoblación de esta región, con una juventud que tiene que emigrar para asegurar su futuro.

Por tanto, nuestro objetivo tiene que ser incrementar el SMe. Esto lo podemos lograr por dos caminos. El primero es atraer inversión que permita generar empleos que requieran de mayor cualificación y que, por tanto, impliquen mayor productividad de los trabajadores. La segunda es eliminar los trabajos de menor cualificación, mediante la introducción de nuevas tecnologías (automatización, robótica, internet de las cosas…). La parte dramática sería el futuro de todas las personas que quedarían desplazadas del mercado de trabajo.

La urgencia en este momento no es tanto incrementar el SMI (que puede ser pan para hoy y hambre para mañana) sino establecer un plan de capacitación y formación que nos prepare para un futuro que ninguno de nosotros tenemos asegurado… y menos en este mundo tan cambiante. Esto nos pone el reto en cada uno de nosotros: nuestra formación, nuestro esfuerzo y nuestra capacidad de adaptación. Tenemos que exigir al gobierno que nos ayude a generar oportunidades de desarrollo a medio y largo plazo, no seguridades a corto.

Hay muchos otros aspectos conflictivos que habría que analizar. Yo me fijo en 4:

1.- La productividad: El 66% del empleo en España (más de 13 millones de empleos) se genera por las PyMes (<250 empleados) y el 95,4% son microempresas (<9 empleados). Esto quiere decir que si una panadería tiene que pagar un 25% adicional a sus empleados, tiene que vender un 25% más de barras de pan o venderlas un 25% más caras para que el propietario mantenga su poder adquisitivo. El incremento de precio supone inflación y pérdida del poder adquisitivo para los asalariados. Muy relacionado con este tema están las manifestaciones que se están produciendo en el mundo rural: el equilibrio entre ingresos y gastos.

2.- Mundo competitivo global: Un nuevo drama para comunidades como Extremadura, que tiene que competir al otro lado de la frontera con Portugal, con un SMI un 37% más barato. A esto le podemos añadir la competencia de productos agrícolas procedentes de Marruecos. Un reto de especial importancia para España sería la competencia de los países del Este para que se instale allí la industria automovilística. El sector de la automoción es una de las principales industrias españolas, que supone el porcentaje más alto de nuestras exportaciones. Se instaló en España en los años 70 por los bajos costes laborales que había en nuestro país pero podría buscar nuevos destinos si no somos capaces de fidelizar a las compañías del sector con estabilidad regulatoria y valor añadido ante el reto tecnológico que afrontan (vehículos eléctricos).

3.- Economía sumergida: El sueldo que percibe el trabajador es diferente del coste laboral, al que hay que sumar seguridad social o retenciones por impuestos. En 2019, para que un empleado del hogar recibiese 850 Euros limpios al mes, el coste para la persona que lo contrata era superior a 1.300. Si una pareja tiene 3 hijos y los dos trabajan, el sueldo que recibe uno de los dos se tiene que ir casi íntegramente a pagar a una persona, si no quiere desvincularse del mercado de trabajo. La otra alternativa sería recibir un pago en negro por un importe que sea aceptado por las dos partes, como realizó Echenique con su cuidador. Además, en Europa es más viable, al contar todas las personas con seguro médico.

4.- Desincentivos al progreso: Si el SMI es muy cercano al SMe, puede suponer un desincentivo a asumir nuevos retos profesionales. Si la diferencia en remuneración entre tener un trabajo que no implique responsabilidades y otro que sí (donde tengas que viajar largas temporadas lejos de tu familia, debas tomar decisiones desagradables o implique algún riesgo) no es muy elevada ¿por qué motivo tendrías que aceptarlo? En España tenemos el problema adicional de que habitualmente se mira con recelo a las personas que tienen remuneraciones altas.

Es complicado llegar a una conclusión. Carezco del conocimiento necesario para saber si el 60% es el porcentaje adecuado. O si la solución pasa por establecer diferentes SMI dependiendo de la región (lo que nos relaciona con la polémica de la equiparación salarial entre funcionarios de diferentes CCAA). O si se ha de diferenciar por sector productivo. O por tipo de empresa… Lo que tengo claro es que existen muchos problemas estructurales en la economía española y que no se puede culpar a la subida del SMI de todos los males. Pero también es posible que si se toman medidas sin tener en cuenta la realidad para la que se legisla, se pueden agravar los problemas preexistentes.

La salida de la crisis en España vino por un recorte brutal de los salarios, ya que nos habíamos convertido en un país con una productividad paupérrima para los salarios que existían. El verdadero paso adelante para ser un país próspero ha de venir por el incremento de nuestra productividad y, a partir de ahí, reclamar sueldos más altos. De lo contrario, volveremos a la misma situación en la que estábamos en 2007.

Se ha realzado una foto en Moncloa que se ha vendido como una importante victoria de los trabajadores más pobres. Mucha gente estará de acuerdo, pero creo que no se ha realizado un análisis profundo de los pros y contras de la medida. Me temo que decir esto me puede convertir en cómplice de los terratenientes carcas (como diría el Secretario General de UGT)… o simplemente en un FASCISTA.

 

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