Mundo ¿machista?

Si me hubiera tocado vivir en la época de William Wallace, no dudo que mi mujer habría sufrido la prima note con un depravado señor feudal y, si se hubiese encaprichado, la segunda, la tercera o habría sido obligada a formar parte de su corte de cámara. También es posible que un aspirante a trovador sin capacidad para garantizar la seguridad de su familia hubiera visto extinguir su estirpe, al no resultar atractivo. Mis hijos y yo habríamos sido un daño colateral de la sociedad machista.

En la lucha por salvaguardar mi descendencia, podría haber sacado valor para buscar la protección del propio William e intentar desarrollar mis capacidades estratégicas para atacar al pérfido inglés. Eso no evitaría vivir con el miedo de que las compañeras que quedasen en retaguardia fuesen violadas, mutiladas o asesinadas. Como pasó recientemente en los Balcanes o sucede actualmente en Siria. Y es que si tengo que buscar un adjetivo que acompañe a mundo sería INSEGURO, ya que en hemos visto a lo largo de la historia cómo todos los pueblos se han visto amenazados por potencias vecinas con mayor capacidad para garantizarse los recursos escasos e imponer su forma vida, ya sea el Imperio Romano, Egipcio, Británico, Español, Azteca o Inca.

Los más fuertes han gobernado a los más débiles (ya sean mujeres, ancianos, niños u otros hombres) y el poder ha estado detentado mayoritariamente por una parte del género masculino. Por fortuna, hubo algunas excepciones matriarcales, como el caso de Isabel La Católica. Será por ello que, en las Leyes de Indias, prohibió la esclavitud de los habitantes originales de esas tierras, reconoció su derecho a la propiedad, un salario justo, descanso dominical y eximió de trabajar a mujeres con más de 4 meses de embarazo. Pero, por regla general, la historia nos ha traído una enorme cantidad de guerras, destrucción y miseria.

Sin embargo, los paradigmas han cambiado y el monopolio de la fuerza reside en la soberanía de un pueblo compuesto por mujeres y hombres libres e iguales que han de luchar conjuntamente por el bienestar de todos los ciudadanos. Los avances educativos, culturales, sociales, económicos, científicos… creados por tantos hombres y mujeres han generado una nueva sociedad donde el papel de la mujer es cada vez más protagonista. Los hombres, del mismo modo, tienen acceso a tareas que antes se consideraban impropias de ellos. ¿O es que acaso el modelo de paternidad no ha evolucionado radicalmente en los últimos años?

Y así, corriendo en las últimas décadas frente al gateo de siglos anteriores, hemos llegado al mundo actual, donde se habla de la sociedad líquida. La solidez de valores y estructuras tradicionales se ha visto quebrada por un nuevo mundo donde el 50% de los trabajos que existen actualmente desaparecerán en los próximos 30 años, del mismo modo que los actuales poco tienen que ver con los de hace tres décadas. Por tanto, estamos en un mundo CAMBIANTE. Todo se cuestiona, pero en estas transformaciones tan profundas es donde se genera una importante oportunidad para que las mujeres sean protagonistas en el emprendimiento de un mundo mejor. Pero adaptarse a los cambios es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el ser humano ya que genera miedo, desconfianza e inseguridad, incluso a hombres honestos y buenos que desconfían y no saben interpretar un nuevo tipo de liderazgo. Se tendrán que adaptar, no hay alternativa.

A pesar de lo anterior, poner en cuestión la existencia de un mundo MACHISTA en un momento en el que el 80% de los hombres considera que existen motivos para la huelga de mujeres del 8 de marzo, por aspectos tales como la brecha salarial, el techo de cristal o los asesinatos de mujeres por parte de sus parejas, podría parecer una manera gratuita de provocar. Nada más lejos de mi intención. No me gusta la crítica destructiva, pero reconozco que levantar la voz es a veces necesario y otras obligatorio. Por ello, apuesto por una visión del mundo inclusiva donde hombres y mujeres salgan beneficiados de la protesta.

Creo que es lo mismo que ha expresado la cantante Bebe y un poco alejado de algunos planteamientos del Manifiesto de las convocantes, en el que reclamaciones necesarias y legítimas se mezclan con una visión poco transversal e integradora del pensamiento e ideología de diferentes tipos de mujeres. Es totalmente cierto que “Si las mujeres paran, para el mundo”, pero no deja de serlo menos que “Si las mujeres avanzan, avanza el mundo”

Espero que podamos estar de acuerdo en que, aun siendo todavía insuficiente, la situación de empoderamiento actual de las mujeres es la mejor de la historia. Ejemplos hay muchos: las mujeres tienen mejores calificaciones en los estudios, más de la mitad de las nuevas plazas de jueces y fiscales son ocupados por ellas, el número de mujeres en puestos directivos ha crecido exponencialmente… Entonces, ¿cuál es el motivo por el que las mujeres tienen un techo de cristal que les impide ocupar puestos de responsabilidad? La respuesta mayoritaria viene por el lado de la maternidad y de la conciliación familiar, que las penaliza en mayor grado.

Una de las soluciones planteadas para evitar la discriminación por esta causa es otorgar permisos de paternidad y maternidad con los mismos plazos e irrenunciables para ambos. El riesgo que veo es que el problema pase de ser madre a tener hijos, ya que las personas que renuncien a esa opción tendrán mejores oportunidades para desarrollarse profesionalmente, sobre todo en el caso de optar por una familia numerosa. La solución pasa por corresponsabilidad e incentivos que posibiliten la maternidad sin discriminar por ello a las mujeres, sobre todo en PyMEs o startups. Una sociedad en la que tener descendencia sea visto como una carga o un obstáculo para su desarrollo presenta riesgos evidentes. Lo mismo sucede en otro gran reto que también afecta en la actualidad principalmente a las mujeres: la relación con los mayores en una sociedad donde la necesidad de atenderlos va a ser cada vez más marcada.

La relación de pareja, por tanto, presenta unos esquemas muy diferentes a las de nuestros padres o abuelos. Quizá por ello, optar por una vida single es cada vez más común, por voluntad o por la dificultad de compaginar vida profesional y personal. Hay muchas soluciones a adoptar desde el sector público, pero existe otra parte muy importante que depende de nosotros y consiste fundamentalmente en educación, valores y, sobre todo, negociación. Y esa NEGOCIACIÓN se va a tener que producir indefectiblemente dentro de la pareja, ya que el acceso a mayores oportunidades (o a mayores esfuerzos) genera de manera forzosa frustración y renunciar a sueños, ya sea del hombre o de la mujer, por una vida en familia.

Modelos de relación hay miles y están en continua evolución. Cada vez existen más familias en las que los hombres renuncian a su carrera profesional para cuidar de sus hijos o que abandonan sus lugares de residencia por una mejor oportunidad laboral de sus mujeres. También conozco mujeres que han sido criticadas por renunciar a su baja de maternidad por su profesión, como es el caso de la vicepresidenta española Soraya Sáenz de Santamaría. Pero también hay mujeres con doctorados que han encontrado la felicidad en el cuidado de sus hijos. Las parejas que encuentren el equilibrio serán las que sobrevivan y sean felices, que no olvidemos es el objetivo fundamental en la vida.

Pero donde verdaderamente pervive el machismo es en las poblaciones donde existe menor educación y mayor desigualdad y miseria. Zonas donde el Estado no está presente o lo está de forma testimonial. Ser mujer en un barrio en el Sur de Bogotá o en los extrarradios de Lima es vivir temiendo que un hombre pueda violarte, lanzarte ácido a la cara o pegarte una paliza hasta quedar medio muerta, ante el silencio cómplice o temeroso de otros hombres y mujeres. Esos miedos no dejan de existir en Miraflores o en Rosales pero donde están presentes las instituciones, donde se garantiza la seguridad, se minimizan y toda la sociedad se vuelca para reclamar #niunamenos, mediante la aplicación de la Ley y la Justicia.

Las reivindicaciones que se han producido el 8-M en España no son de mujeres que exigen un puesto en la sociedad. Ya lo tienen y el camino que han emprendido afortunadamente no tiene retorno. Es para alzar la voz y acelerar en la lucha por mejores oportunidades, mayor justicia y un puesto de mayor calidad en igualdad de condiciones. Eso lo conseguiremos entre todos, hombres y mujeres. Ha sido una celebración seria, pero a la vez festiva y reivindicativa, con pequeños borrones (0,2% y exagerando)  típicamente heteropatriarcales, como piquetes o ataques a mujeres de diferente ideología, que no deben de enturbiar el buen tono general de la propuesta. No obstante, noté la ausencia de una bandera, una reivindicación concreta, que permita evaluar a futuro los logros concretos obtenidos a raíz de la movilización de esta semana.

España aparece en un ranking recientemente publicado como el quinto mejor país del mundo para ser mujer (Perú está en el puesto 73, Colombia en el 96 y Estados Unidos en el 22), lo que fue posiblemente uno de los motivos que ayudó a que las concentraciones fuesen tan multitudinarias. Somos conscientes del largo camino por recorrer, pero estamos en la senda correcta. En cualquier caso, hemos de tener bien claro el objetivo. Para mí, el foco no está en que el porcentaje de trabajadores en un mismo sector económico sea paritario ni el establecimiento de cuotas. Igualar es diferente a estandarizar, porque del mismo modo que existen diferentes tipos de hombre también existen mujeres muy diversas. No creo que la solución sea que haya un 50% de trabajadores de cada sexo en minería, construcción, puericultura, periodismo o abogacía. Ni que los estándares de moda sean iguales entre hombres y mujeres. Ni siquiera que destrocemos el diccionario para parecer más feministas.

El foco está en generar las condiciones de seguridad, educación e igualdad de condiciones (incluyendo salario) que permitan que una mujer pueda optar a las mismas oportunidades que un hombre y donde la meritocracia sea el elemento diferenciador. Una vez alcanzado el objetivo, no juzgaré a las personas por las decisiones que tomen en su vida, sino que me sentiré orgulloso de formar parte de una sociedad inclusiva que permite que mujeres y hombres puedan realizarse y ser felices de acuerdo a su escala de valores. Iguales en la diversidad. Porque está demostrado que un mejor mundo para las mujeres es un mundo mejor para los hombres.

P.D.: Que manda decir mi mujer que muy bonito lo escrito, pero que llegue más temprano a casa entre semana y madrugue más por las mañanas con los niños. Que consejos vendo que para mí no tengo. Los ideales se escriben en macro y se demuestran en micro. Tomo nota.

16 comentarios en “Mundo ¿machista?

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