Audaces fortuna iuvat

La invasión de los almohades y almorávides en el siglo XII en España es un tema fascinante para catedráticos medievalistas, pero un inquieto chaval de 15 años suele tener otros intereses. Por eso, si un alumno de bachillerato se enfrenta a un examen oral sorpresa, la tragedia está casi garantizada. Y así, una fatídica mañana de hace más de un cuarto siglo, el alumno A.A. fue llamado a la pizarra. Era habitualmente brillante, pero al igual que yo, entiendo que tuvo cosas más apasionantes que hacer la tarde anterior al día de actos.

Viéndose desamparado, volteó su mirada lastimera a la primera fila en búsqueda de auxilio de un compañero solidario que aliviase el amargo trance que le había tocado vivir. Estaba confiado en la escasa capacidad auditiva del veterano profesor en cuestión, pero su falta de experiencia en dichas lides derivó en una clara falta de prudencia, ya que la fija y descarada mirada de cordero degollado que dirigía desesperado en súplica de ayuda hizo que ninguna sordera pudiese evitar que Don D. se percatase del fraude que se estaba produciendo.

Como un cosa lleva a la otra, el segundo momento trágico de la mañana no tardó en llegar: “Señor P., ya que parece que usted tiene tanto conocimiento de los almohades y almorávides, por favor salga a la pizarra para compartirlo con el resto de sus compañeros… y de paso conmigo”. Y ahí salió el señor P. que mucha idea tampoco tenía, más allá de lo que acababa de leer para acudir en auxilio de A.A.

La adolescencia es una etapa de la vida en la que el atrevimiento y la imprudencia están separadas por una delgada línea que fácilmente se traspasa. Así que súbitamente se le ocurrió al señor P. una idea de bombero torero. Faltaban 12 minutos para la 1 de la tarde. Si alargaba la respuesta durante ese tiempo podría alegar que necesitaba más tiempo para terminar su exposición y así solicitar que el examen oral se repitiese el día siguiente. Todas las esperanzas puestas en ser salvado por la campana. Posiblemente estaba inspirado en una inocente Elisabeth Berkley (en la que posiblemente estaría pensando el día anterior en lugar de estudiar). Una linda y tierna muchachita antes de convertirse en una showgirl y mostrarle el camino a Milley Cirus.

Y a las 13 horas, después de marear 2 ideas (o idea y media) durante esos eternos 12 minutos, sonó la campana. Pero no le salvó… Las 13 era el timbre de los niños de EGB, mientras que la salida de Bachillerato era a las 13:10. En un acto paranormal de difícil explicación, logró extender la respuesta durante 5 minutos adicionales. Cuando un adolescente mete la pata, la mete hasta el fondo. Por eso, el final tenía que ser apoteósico: “Y, en resumidas palabras, esto es lo que les puedo contar de las invasiones de almohades y almorávides”.

Después de aguantar con impecable estoicismo más de un cuarto de hora, don D. decidió ser implacable: “Señor P., le tengo que reconocer que usted no va a pasar hambre en su vida. Acaba de demostrar una innegable capacidad de oratoria. Le felicito. No obstante, lamento comunicarle que le voy a tener que colocar dos ceros. Uno por soplar a su compañero y… (breve pausa) otro por no tener ni (otra breve pausa) idea de la lección. Justo en ese momento sonó la campana por segunda vez y el señor P. salió compungido de clase, mientras A.A. se salvó del correctivo. La fortuna no siempre favorece a los audaces.

Uno podría pensar que por el señor P. nos estaríamos refiriendo al señor Pablo Casado. Esa persona que es capaz de responder a cada pregunta que le hacen con siete frases subordinadas en las que habla a la vez de Torra, Puigdemont, Batasunos, Podemitas, subida de impuestos y liberalismo. Esa persona que no sabe que se puede responder una pregunta con la simple estructura sujeto-verbo-predicado (ej: yo-como-pan). Lamentablemente, yo era el señor P., aunque 25 años más tarde, veo que me podría haber ganado la vida, ya con 15 años, como candidato a presidente del gobierno. Y si ya vemos que Dolors Montserrat, con su proverbial clarividencia a la hora de transmitir los mensajes, es su elegida como cabeza de lista del PP a las europeas, me veía de capitán general.

Y aunque en el fondo en muchas cosas tenga razón, el exceso de audacia aderezado con impericia es la mejor receta para terminar cayendo en desgracia. No le vendría mal a Casado centrarse un poco más (en todos los sentidos), porque en caso contrario él puede ser uno de los principales culpables de que el presunto doctor que ha polarizado a la sociedad apoyándose en unos extremistas de los que ahora reniega, experto en Falcon y populismo impositivo, sea quien esté llamado a dirigir este país los próximos cuatro años con compañías poco recomendables. Vamos a terminar echando de menos a la derechita prudente.

P.D.: Aprovecho el recuerdo de hace 25 años para solicitar a los descendientes de almohades y almorávides que pidan perdón a los españoles por los abusos que cometieron durante sus incursiones belicistas en la península. Después de casi mil años, ¡tenemos una oportunidad histórica de lograr la reconciliación!

7 comentarios en “Audaces fortuna iuvat

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