Violencia de género

54 mujeres han sido asesinadas por hombres en lo que llevamos de año en España en casos de violencia de género. Pero esto es solo una pequeña parte del problema. En 2018, de acuerdo un informe del INE, se produjeron 34.994 sentencias condenatorias en el ámbito de la violencia de género o violencia machista. De todas ellas, 3.940 han implicado el ingreso a prisión de los condenados (1.199 con sentencia firme a más de 3 años de privación de libertad), la mayoría por lesiones. Es la tercera causa de encarcelamiento en España. Sin duda, se trata de un problema muy importante que hay que atacar de raíz y que implica la movilización de importantes partidas presupuestarias para asistir a las víctimas, no dejarlas desamparadas y prevenir nuevos delitos.

La violencia de género está definida como aquella violencia (física o psicológica) del hombre hacia la mujer que se produce dentro de una relación (actual o pretérita) de afectividad. Este tipo de violencia es diferente de la doméstica (que puede ser producida tanto por hombres como por mujeres) en el entorno familiar. Es evidente que se han implementado medidas adicionales contra la violencia de género, pero esto no implica que la violencia doméstica no esté perseguida. Los delitos que se producen en este ámbito pueden tener penas agravadas en consideración a lo dispuesto en los artículos 22 y 23 del Código Penal. 7.388 personas (62% mujeres, 38% hombres) han sido consideradas víctimas de delitos de violencia doméstica. También hay estadísticas de hombres asesinados por sus parejas, que fueron 10 (7 por mujeres y 3 por hombres) en el último año.

El número de denunciados por violencia de género fue menos de 1,5 hombres por cada mil en 2018. También tenemos estadísticas que diferencian entre los denunciados que han nacido en España y los nacidos en el extranjero. 1,2 españoles por cada mil son acusados, mientras que lo son 4,6 nacidos en África y 3,5 en América. Estos números pueden ser analizados de dos maneras. Algunos harán hincapié en que, en proporción, son denunciados casi 4 veces más africanos y 3 veces más americanos que españoles y así alertar del peligro de la inmigración. Otra lectura es que el 99,54% de los hombres africanos o el 99,65% de los americanos no fueron acusados en 2018. La cifra no deja tampoco en mal lugar al 99,88% de machos ibéricos. Esto nos da una conclusión muy interesante. Del mismo modo que podemos admitir que existe violencia hacia la mujer por el mero hecho de serlo, ésta no se produce por la naturaleza del hombre, sino más bien contra ella. No hay nada que tenga menos hombría que abusar de una mujer.

A los delitos de violencia de género, habría que sumar los delitos contra la libertad sexual (violación, agresión sexual, abuso, acoso…), que se recogen en otros apartados estadísticos. Esto añadiría más de 2.700 condenas adicionales registradas por el CGPJ en 2018 por estos tipos delictivos contra mujeres. Estas cifras son rebatidas por organizaciones que afirman que los delitos que se producen son muy superiores a los que finalmente son denunciados. Una encuesta de Amnistía Internacional señala que el 7,2% de las mujeres españolas declaran haber sido objeto de violencia sexual a lo largo de su vida (aunque no se especifica de qué naturaleza). En cualquier caso, los hombres abusadores seguirían siendo una inmensa minoría. Yo diría que son un 2% y exagerando (lo que no dejaría de ser la escalofriante cifra de casi medio millón de varones). Lo que no existe en España es impunidad para los asesinos, ya que hemos visto en los medios de comunicación cómo finalmente terminan en prisión, por larga que sea la investigación del crimen.

Ante esta realidad, debería haber una unidad de acción en la lucha contra estos delitos, pero están surgiendo debates acerca de aspectos polémicos: el número de denuncias vs el número de condenas que se producen (23% del total de denuncias, 10% en Juzgados de lo Penal); la dificultad de valorar las pruebas en el caso de delitos que se producen en la intimidad; la formación insuficiente de las Fuerzas de Seguridad del Estado o de los Jueces en violencia contra la mujer; medidas cautelares que se toman sin tener en cuenta la presunción de inocencia del hombre; los recursos que se emplean para combatir la violencia de género (si son efectivos, si son suficientes, si hay corrupción en su gestión…). No hay que tener miedo a debatir sobre estos temas. Hace mucho tiempo que me enseñaron que lo que no se evalúa, se devalúa.

La Ley Integral contra la Violencia de Género se aprobó por unanimidad hace 15 años para luchar contra unos tipos de delito que suceden fundamentalmente en la intimidad y con ausencia de testigos. A esto se añade el hecho de la diferencia física favorable al hombre que se produce en más del 90% de las parejas. Es por ello que en este tipo de delitos se puede considerar suficiente únicamente la prueba testifical de la víctima, siempre que el Juez determine que su testimonio cuenta con visos de verosimilitud (que no exista motivación espuria, testimonio creíble y no contradicciones en el testimonio). ¿Puede facilitar esta situación un abuso por parte de mujeres frente a los hombres? Sin duda. ¿Existe alguna alternativa para evitar la violencia contra las mujeres? Complicado. ¿Por qué no se producen más investigaciones contra denuncias que no son admitidas? Porque se considera que ello supondría que mujeres en riesgo no darían el paso de denunciar.

Esto nos lleva a la pregunta central: ¿Qué riesgo preferimos asumir como sociedad, una mujer inocente muerta u hospitalizada o un hombre inocente separado de sus hijos o detenido? Creo que la respuesta, hoy día, es clara. Y la consecuencia también. Por eso, del mismo modo que estoy de acuerdo en que el número de denuncias es inferior a los delitos que se cometen contra las mujeres, también estoy convencido de que las denuncias falsas están infraestimadas. El número de casos que conozco (de mujeres que no han sido condenadas por ello) está muy por encima de lo excepcional que se supone que deberían de ser.

En ocasiones se han de tomar medidas injustas en casos concretos para ser justos con la mayoría. Para defender un bien jurídico protegido, como es la integridad de las mujeres, se puede menoscabar otro, como es la presunción de inocencia. Es una paradoja diabólica, que no servirá de consuelo para las personas que la sufren. Hay que ser consciente de la compleja realidad (difícil de aceptar en un mundo de buenos y malos, de blanco o negro), explicarla y aceptar las contradicciones… pero sin dejar de luchar por reducir al mínimo las injusticias. Tenemos que lograr también tolerancia cero de la sociedad hacia las personas que se aprovechan de una lacra social, como es la violencia contra la mujer, en su beneficio.

No creo que el Estado opresor sea un macho violador. Más bien al contrario. Donde se producen los mayores abusos es donde no existe un estado represor con medios para combatir al macho violador. Si se repiten eslóganes importados, hay que tener en cuenta que se están solidarizando con mujeres que no tienen ni la suerte ni los medios que existen en España (aunque todavía haya margen de mejora), sino que sufren en sus carnes la impunidad de unos Estados que no las protegen. Ser mujer pobre en un barrio pobre de un país pobre es una enorme tragedia. Como aquella mujer en un barrio del sur de Bogotá que nos contó que fue cruelmente violada por 3 amigos de su ex pareja como castigo por haberlo abandonado ante sus abusos. Un crimen impune, ya que no fue ni denunciado por el miedo que tenía por su vida.

Hay que saber diferenciar entre el feminismo y los delitos. El feminismo no es de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. El desarrollo de la mujer y su mayor presencia en la vida pública, es un impulso beneficioso para nuestra sociedad. Es una transformación imparable, de la que tenemos que hacer bandera. Habrá hombres que protesten y les cueste aceptar el cambio de roles que se está produciendo en nuestra sociedad, pero eso no les convierte en delincuentes. Hay que intentar ser siempre justos, incluso con Woody Allen.

Todo delito contra las mujeres tiene que salir a la luz y ha de ser castigado. Sin ninguna impunidad ni condescendencia. Pero no nos olvidemos de que el objetivo a largo plazo no es que haya un mayor número de denuncias o de condenas, sino al contrario. El objetivo final es que no haya casos ni de violencia machista ni contra la libertad sexual porque se haya logrado entre todos, hombres y mujeres, la erradicación de este tipo de violencia. Trabajemos juntos para educar a nuestros hijos en ese sentido. Ése será nuestro éxito.

6 comentarios en “Violencia de género

  1. Coincido en parte de lo expuesto en el artículo. Añadiría que:

    – La LVIG debería declararse anticonstitucional por su asimetría, ambigüedad, y pocas garantías de un juicio justo hacia el acusado, ya que se está demostrando que los jueces, influenciados por esa perspectiva de género que emana desde las instituciones, y acojonados por la presión social, admiten o no las pruebas deliberadamente según favorezcan o no. Debería bastar con la actual ley de violencia intrafamiliar con sus agravantes y atenuantes.

    – El tema de las denuncias falsas es un tema mas transcendente de lo que muchos creen. Las consecuencias hoy en día de que te acusen falsamente por VG, son a mi juicio tan dañinas como lo puede ser un maltrato. De echo, debería ser tratado como maltrato institucional. Se han demostrado asociaciones, bufetes de abogados, mafias etc. beneficiándose y lucrándose con esta práctica. Para la victima de falsa denuncia, en muchos casos, conlleva pérdida del empleo, pérdida de la custodia compartida de los menores, costas de juicios, multas, linchamiento social etc etc. Si esto no es grave…

    – ¿La manera de disuadir las denuncias falsas? Penándolas mas gravemente y no tener misericordia solo por el argumento de desincentivar las futuras denuncias. Obviamente habrán casos que no se pueda probar la culpabilidad de ninguna de las dos partes y estos casos no se tengan que castigar, pero hay casos flagrantes de denuncias falsas que se penan con multa de 150€. La verdadera maltratada no debería temer denunciar, y la falsa maltratada debería temer verdaderamente comenzar un proceso judicial falso por las posibles consecuencias.

    – La lucha feminista actual lo vería bien en países islámicos, o subdesarrollados socialmente como muchos países sudamericanos. Pero en España, actualmente, no domina una perspectiva machista hacia las mujeres. Me atrevería a decir, que ni siquiera los asesinatos hacia las parejas femeninas se incitan por el mero echo de ser mujer, si no por muchas otras causas diversas, de las cuales no hay interés en investigar ni debatir, que pueden ser celos, traiciones, adicciones, y trastornos, entre otros.

    – Leyes asimétricas simplemente basadas en las estadísticas son muy peligrosas, pues se podría empezar a aplicar igualmente para otros delitos, lo que se conoce como «delito de autor», prejuzgándote en base a tu raza, orientación sexual, ideología etc. cayendo en la discriminación, racismo y odio. Así pues, se podrían crear juzgados exclusivos para juzgar gitanos, marroquíes, madres secuestra/asesina niños, etc etc con lo perverso que podría ser eso.

    – Desde luego que el feminismo no debería estar politizado, pero por desgracia, sí lo está.

    – Es frustrante que ante los intentos de deliberar sobre estos temas (me ha ocurrido), te tomen isofacto como machista que va en contra de las mujeres. Ya en círculos personales, como en debates públicos o redes sociales. También se nota cierta carencia argumental desde esta gente, a mi juicio, ya que saben que todo se sustenta entre hilos muy finos que ni siquiera ellos se tragan.

    Creo que ya me he desahogado bastante.

    Un afectuoso saludo,

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