Camión

Los jóvenes, para ser felices, ya no quieren un camión. Lo siento, Loquillo, pero tu mundo ha colapsado. Llevar el pecho tatuado se ha convertido en algo fashion en torsos previamente depilados; en un mundo vegano, donde se devora cualquier tipo de plantas, las nuevas generaciones no saben que el tabaco se puede mascar en camiseta; escupir a los urbanos es cosa de Pablo Hassel o de niñatos rebeldes; y andar presumiendo de meter mano a tu chica es lo que ha quedado más desfasado. Desde que los hombres sensibles (o blandengues que diría El Fary) hemos triunfado, los machos alfa empotradores no han quedado más que para los sueños húmedos de una exigua minoría de mujeres, todavía oprimidas, que no han logrado superar el yugo heteropatriarcal.

En los veranos en los que Ana Iris Simón iba de Feria en Feria con sus abuelos por toda España, yo ocupaba mi tiempo en trabajos eventuales que me proporcionaban el dinero suficiente para subsistir en el frío invierno. La mujer de la limpieza en una tienda de extintores en la que trabajé estaba casada con un conductor de camiones. Su mayor orgullo era su hijo universitario, el primero de la familia, salvo cuando la ociosidad estival le llevaba a abusar de bebidas espirituosas en su intento de sobrellevar el tedio de su bien merecido descanso veraniego. El arduo esfuerzo de ambos progenitores les permitió afrontar el elevado coste de una universidad privada para su retoño. Estas instituciones no son rentables solo con las matrículas que pagan los ricachones y también han permitido a muchas familias trabajadoras ver a sus hijos obtener una licenciatura… aunque estén demonizadas por una parte de la sociedad.

Pasado el tiempo, el hijo licenciado del camionero y la mujer de la limpieza no quiere seguir con ninguna de las dos tradiciones familiares. La alta inversión realizada en una carrera universitaria, que te permite obtener precarios trabajos de oficina (o ni siquiera eso), hace que no sea atractivo recorrer miles de kilómetros al año o vivir tres semanas al mes fuera de casa, en el caso de hacer rutas internacionales. El sueldo que cobra un conductor (al alza en estos momentos de crisis) no luce atractivo para una juventud que no quiere perder los mejores años de su vida al volante. La media de edad de los camioneros en España es de 50 años. Su escasez saltó a las portadas de los noticieros por la ausencia de conductores en Inglaterra a causa del Brexit, pero se trata de un fenómeno que afecta también a Estados Unidos y al resto de Europa (donde existe un déficit de 400.000 conductores).

La vida de un camionero o transportista no es sencilla. Muchos días fuera de casa, riesgo de robos de la carga o de sus pertenencias personales, multas por exceso de velocidad o por no cumplir con los descansos establecidos, riesgo de pérdida de la licencia de conducir, dolores de espalda, presión por cumplir con los tiempos de entrega, disputas por quién es el responsable de descargar el género, accidentes de tránsito, riesgo de transportar mercancías peligrosas… Son muchos los inconvenientes que se presentan en un mundo que te ofrece otras alternativas para disfrutar de una existencia más apacible. Camioneros, curas, sindicalistas, trabajadores del campo… experimentan la misma realidad. Hay mejores alternativas en este nuevo mundo.

Para paliar el déficit de conductores hay quienes ponen sus esperanzas en el fin del heteropatriarcado, de modo que se incremente el exiguo 4% de conductoras que existen en la actualidad y así se cubra el vacío dejado por los perezosos varones. Sería una gran noticia ya que las mujeres han demostrado ser más precavidas al volante, del mismo modo que su primacía en la universidad ya es un hecho. Esto igual provocaría que los hombres que no quieren trabajar en el camión encuentren gustosos una nueva vocación siendo kellys en hoteles, de modo que la paridad real haga de este mundo un lugar más habitable.

De paso, podríamos comprobar si es cierto el oscuro mito de los lugares de esparcimiento nocturno que existen en los bordes de las carreteras y si las mujeres al volante logran erradicar las luces de neón de las áreas de servicio. Los oscuros antros regentados por mafias explotadoras de mujeres podrían ser reemplazadas por nuevos locales con gigantescos ositos de peluche en la puerta, administrados por hombres sensibles que den masajes en los pies a las agotadas camioneras antes de irse a dormir. Si a alguna le sabe a poco, siempre estaría la opción de colocar un satisfyer en la mesilla, taciturno de usar por turnos. Eso sí, estará correctamente esterilizado para evitar los nuevos virus contagiosos, sobre todo en la variante ómicron, una vez que los virus que navegan en el amor parecen haber caído en el olvido.

Sin embargo, me temo que la solución a la crisis del transporte no va a venir por la paridad entre hombres y mujeres. El público sigue reclamando ávido sus mercancías antes de las 10 de la mañana o que los supermercados estén abastecidos para llevar el alimento a casa. A falta de camioneros, la solución vendrá por la tecnología. De la misma manera que el coche autónomo acabará con nuestros taxistas, camiones como el Volvo Vera  o el Tesla SEMI (que además son eléctricos) transformarán la logística, de forma que acabaremos agradeciendo a los obsoletos camioneros sus servicios prestados, al igual que hicimos en su día con los conductores de diligencias o los ascensoristas. A fin de cuentas, los camiones autónomos son más seguros, no se les paga salarios, no duermen, no protestan, no se enferman, consumen menos combustible, no necesitan tacógrafos que midan su velocidad ni los tiempos de descanso cada dos horas, no pelean con su mujer ni tienen trastornos del sueño… y además no hacen huelgas.

Si a la tecnología ya existente de vehículos autónomos, le sumamos la inteligencia artificial y la consolidación del 5G, la universalización del vehículo de transporte autónomo será una realidad, como ya sucede en las minas desde hace años gracias a empresas como Komatsu o Caterpilar. En el transporte masivo de mercancías por carretera, tenemos el ejemplo de la empresa china TU Simple o de la americana Uber. Uber, en alianza con la empresa de conducción autónoma OTTO, realizó su primer transporte por carreteras públicas hace 5 años con un cargamento de 50.000 latas de Budweiser, para lo que cubrió una distancia de 193 kilómetros sin incidentes. Quedará para la historia que su primer viaje fue por una buena causa.

Muchos no lamentarán la pérdida de ese tipo de trabajo que ya no se desea, pero medio millón de camioneros dejarán sus oficios en España para ser aspirantes a youtubers, a recibir la renta básica universal o a portar chalecos amarillos… mientras apedrean los ministerios en sus particulares lunes al sol. Mientras tanto, si nuestro dios Elon Musk suma al camión SEMI un éxito adicional con su nueva batería 4680, verá incrementar su cuenta bancaria hasta el punto de poder sufragarse un viaje turístico a Marte. A cambio, el resto de los mortales nos beneficiaremos de los ahorros que nos proporcionará en nuestro transporte cotidiano y del mundo menos contaminado y más resiliente frente al calentamiento global que nos dejará. Esperemos que nuestros políticos se acerquen a Tesla y resto de empresas que desarrollan vehículos autónomos y eléctricos para que se realice el ensamblaje en España. Nuestra principal industria, la automotriz, también está en peligro.

Ya no queda espacio para los feos, fuertes y formales ni para cadillacs contaminantes. Se nos abre un mundo mucho más bonito, sin curas, ni putas, ni sindicalistas, ni agricultores, ni coches contaminantes… ni camioneros.

Pero no hablemos de futuro.
Es una ilusión
Cuando el reguetón conquistó tu corazón.

Envidia

La envidia se produce por una conjunción de falta de autoestima con exaltación de las virtudes ajenas. Para el envidioso, la esposa ajena es más comprensiva que la propia, los compañeros de clase de sus hijos son más aplicados que los suyos y el coche del vecino está más equipado que el que acaba de adquirir. Este fenómeno se ve potenciado en época de pandemia. Así los envidiosos patrios anhelan la industria y el desarrollo de Alemania y los alemanes añoran disfrutar del sol de España.

Mientras los españoles exaltamos el orden ajeno despreciamos las virtudes propias. El turismo, que ahora es denostado por el Director General de Consumo (ascendido a la categoría de Ministro) como sector de bajo valor añadido, parecía un buen negocio hace menos de un año. Y lo era. Si nos fijamos en las estadísticas mundiales, en 2015 el número de turistas a nivel mundial era de 1.196 millones y en 2019 subió hasta 1.461 millones, lo que supone un incremento de más de un 22% en apenas 4 años. Cada vez hay (o había) más personas con la voluntad de conocer sitios diferentes de nuestro planeta, derivado de un mayor bienestar económico global.

En el reparto de turistas, España ganó la medalla de plata únicamente detrás de Francia, recibiendo en 2019 casi 83 millones de visitantes. En 2010 España ocupaba el cuarto lugar del ranking (detrás de Francia, China y Estados Unidos) con 53 millones de visitantes. En 9 años se ha producido un espectacular incremento de casi el 60%, con otro elemento añadido: España ocupa el segundo lugar en cuanto a ingresos por turismo, con casi 67.500 millones de Euros, únicamente por detrás de Estados Unidos. Todo ello nos ha convertido, según el World Economic Forum, el país más competitivo el mundo en términos turísticos. Creo que deberíamos sentirnos orgullosos de todos los puestos de trabajo que el turismo ha creado, así como los ingresos fiscales que ha generado después de la crisis de 2008 y que volverán cuando superemos el coronavirus. Si todos los sectores de la economía española hubiesen evolucionado igual en la última década, ahora seríamos superpotencia mundial. Crear un círculo virtuoso de semejante envergadura solo se alcanza mediante un exitoso trabajo en equipo que implica la conjunción de múltiples esfuerzos. España tiene la suerte de contar con unos lugares irrepetibles y unas condiciones excepcionales: sol y playa, museos, gastronomía, naturaleza, arquitectura… pero esto es algo que también tiene Italia y cada vez logramos tener más visitantes que ellos. Una buena materia prima es condición necesaria para un buen guiso, pero no suficiente. También se precisa de buenos cocineros.

Pongamos un ejemplo. Un vecino (imaginemos que se llama Paco) de Granada cuenta con el entorno idílico de La Alhambra, el Albaicín o la Catedral, lo que asegura a la ciudad un elevado número de visitas al año. Paco, que se ha preparado para gestionar restaurantes, puede emplear sus ahorros o conseguir financiación para abrir un establecimiento en el que ofrecer sus elaboraciones a las personas que visitan su ciudad. Así, siempre es atractivo para un turista degustar las habas con jamón, el remojón granadino o el plato alpujarreño. Paco va a realizar una apuesta. No hay ningún ministerio que indique el lugar en el que tiene que abrir ni el menú a ofrecer ni asegura un mínimo de ingresos. Si acierta con la calidad de su carta y con el precio, su restaurante se llenará y podrá contratar a más personas. De ese modo ganará dinero. Si se equivoca, tendrá que despedir a sus trabajadores y perderá sus ahorros o no podrá hacer frente a la financiación que solicitó, lo que incluso le puede ocasionar la pérdida de el inmueble que él o su familia han puesto como garantía. Imagino que ésta es la peor pesadilla de todos los Pacos que se embarcaron en un nuevo negocio antes de empezar la pandemia.

Las apuestas pueden ser de diferente alcance. Se puede ofertar comida típica a precio asequible, en un restaurante más pequeño con un alquiler barato, o se puede elaborar comidas más refinadas, en un lugar céntrico, con un precio más elevado, que persiga a un cliente de mayor poder adquisitivo y que esté dispuesto a pagar un precio superior. Este proceso de mayor elaboración, que a su vez implica una inversión y un riesgo mayores, puede conllevar un efecto de retroalimentación al turismo. Realizar una ruta por los bares de tapas del centro histórico o tener una experiencia gastronómica en alguno de los 10 restaurantes más reconocidos en Tripadvisor puede convertirse en un foco adicional de atracción de turismo. De este modo, el elemento que me puede hacer volver de visita a Granada ya no es la Capilla de los Reyes Católicos, sino almorzar o cenar en un restaurante con estrella Michelín. Y esto es lo que hace que Granada haya llegado a 5 millones de visitantes en 2019.

Las personas que realizaron una inversión exitosa, pueden mantener su establecimiento (con el riesgo de que termine pasando de moda) o seguir innovando y subir su apuesta. De este modo, se abre la opción de ampliaciones en el local para incrementar el número de mesas en las que atender a sus comensales; puede abrir nuevas sedes; crear franquicias con su marca; o generar cadenas de catering con las que atender eventos o comidas a domicilio. Nuevamente, esas apuestas implicarán un riesgo (en forma de costes más elevados) que se verá compensado (o no) con mayores ganancias. Las sociedades desarrolladas se construyen así, desde abajo hacia arriba. Mediante la iniciativa, el sacrificio y el riesgo. El éxito generará nuevos puestos de trabajo y conllevará el pago de impuestos más elevados. El fracaso supone regresar al punto de partida.

El límite no está topado. No hay más que pensar que Amazon nació hace 25 años vendiendo únicamente libros. Lo que acabamos de ver en el sector de la gastronomía se puede aplicar a otros en el sector turístico, como los hoteles. De nuevo, una vecina de Granada (la llamaremos Ana) puede optar por invertir en un pequeño hotel que sirva de alojamiento a turistas, ya sea en un lugar sencillo pero céntrico o mejor equipado pero más lejos de ellos. Pero Ana también puede realizar una inversión mayor para ofrecer habitaciones más amplias y confortables, gimnasios equipados, piscinas o parques acuáticos, restaurantes variados, actividades recreativas y de ocio, centros de spa, talleres para los más pequeños… De este modo, el hotel en sí puede convertirse en un centro de interés de turístico o un incentivo para que los visitantes se queden más tiempo en una determinada localidad, disfrutando de una oferta completa que combine la cultura, la playa o la actividad rural con días adicionales de descanso en el complejo hotelero. La experiencia exitosa en un lugar determinado, también se puede replicar en otros lugares. En este campo, las empresas españolas han sido pioneras en la internacionalización, con grandes grupos hoteleros como Meliá, NH, Barceló, Riu o Iberostar.

Alrededor del turismo, surgen multitud de oportunidades de negocio: deportes de aventura; guías turísticos que convierten una visita a los monumentos en una experiencia amena e interesante; emprendedores de la economía digital que creen apps en las que los visitantes a los museos puedan conocer con más detalle los secretos que encierran; organizar festivales culturales (cine, teatro…) que den singularidad a una localidad (como la Seminci en Valladolid o el Festival de San Sebastián); recorridos de compras por grandes almacenes como El Corte Inglés… Y todas estas iniciativas se van complementando y retroalimentando. De este modo, para disfrutar en plenitud Granada no va a ser suficiente con un par de días, sino que precisarás de al menos de una semana (o incluso más, si quieres disfrutar de los encantos que ofrece la provincia, ya sea en su costa o en Sierra Nevada).

Otro ejemplo claro de la creatividad española lo podemos ver en el nuevo Santiago Bernabéu. Ya no solo vas a disfrutar de un espectáculo deportivo de primer nivel (aunque este año parece que va a ser más complicado) sino que también se conjugará con una obra arquitectónica de primer nivel, el cuarto museo más visitado de Madrid, un recorrido de compras de las principales marcas o una cena en el restaurante de Martín Berasategui. Una vez más, puedes pasar de una experiencia de 2 horas a otra de un día completo.

Por tanto, España no tiene un problema con el turismo. Tiene un sector con el que dar envidia a los países vecinos y tiene el valor añadido de que toda esa creatividad no solo está a disposición de las personas que nos visitan, sino que también hacen de España uno de los países con mayor calidad de vida para sus habitantes. Gracias a todos los turistas que tenemos, el español tiene una variedad de oferta a la que no podría aspirar solo con sus nacionales.

El riesgo que se nos presenta con el coronavirus es que todo el trabajo y el emprendimiento que numerosas personas han realizado para generar esta oferta tan atrayente se pierda. Tenemos un riesgo elevado de salir de ese círculo virtuoso para entrar en otro vicioso. Si perdemos restaurantes, hoteles, empresas de transporte, locales de ocio… no solo tendremos menos turistas o se quedarán menos tiempo, sino que además tendremos menos puestos de trabajo y menos ingresos vía impuestos. Es por ello que es tan importante que se apoye no solo a los trabajadores en estas empresas vía ERTEs, sino también a los propietarios de los negocios. Si se destruye una parte importante de ese tejido productivo ¿a qué se van a dedicar sus trabajadores? En Alemania, por ejemplo, están dando un apoyo del 75% de lo facturado en 2019 a sus bares y restaurantes (¡qué envidia!).

Una vez que hemos visto que podemos sentirnos orgullosos de nuestro sector turístico, siempre saldrán envidiosos que afirmen que no estamos a la altura del resto de los países europeos en el resto de sectores económicos. Pero entonces también nos damos cuenta de que el 25% de las obras más importantes de infraestructura en el mundo están desarrolladas por las empresas constructoras españolas (como ACS, Ferrovial, Acciona, FCC…); contamos con dos de los bancos más importantes a nivel mundial (Santander y BBVA); somos líderes en desarrollo de energías renovables (Acciona, Iberdrola, Gamesa); tenemos la principal empresa mundial de textiles (Inditex); empresas energéticas de primer nivel (Repsol, Naturgy, Enagas); o tres escuelas de negocio entre las más reconocidas (IESE, IE, ESADE).

Todos estos elementos de orgullo no son óbice para reconocer que seguimos teniendo una de las tasas de desempleo más elevadas de la OCDE. Entonces los envidiosos dirán que es por nuestra falta de talento. Que nos gustaría formar parte de un país innovador, capaz de inventar la calculadora, la epidural, el submarino, el helicóptero, el libro electrónico, el traje espacial o los aparatos de rayos X portátiles… hasta que nos damos cuenta de que fueron españoles los que trajeron estas innovaciones al mundo. El problema quizá lo tenemos en ser capaces de traducir nuestra creatividad en patentes, las patentes en proyectos comercializables y todo ello a través de empresas que generen puestos de trabajos de calidad para nuestros profesionales. O quizá esté pendiente aportar más recursos para una investigación en la que exista una colaboración mucho más cercana entre las empresas y las universidades, aunque surgirán voces acusando de que se quiere privatizar la universidad.

Por tanto, en España tenemos una gran creatividad y somos capaces de traducir en negocios pequeños nuestro talento. También somos líderes mundiales cuando somos capaces de generar grandes compañías que pueden competir con las principales multinacionales. Entonces, el problema está en que el número de grandes empresas que tenemos es muy inferior a las que existen en el resto de Europa. Por ejemplo, el porcentaje de grandes empresas alemanas es cuatro veces superior a las españolas (¡qué envidia!). Es por ello que hemos sufrido mucho más que los países vecinos y la tasa de paro se dispara en los momentos de recesión. Solo podremos igualarnos a los países que envidiamos mediante el crecimiento de las pequeñas empresas en medianas, las medianas en grandes y las grandes en más grandes… o atrayendo la inversión de grandes empresas extranjeras para que se instalen en España. Tenemos la experiencia exitosa de la industria del automóvil, que ha crecido hasta convertirse en nuestra principal fuente de exportaciones. Además, estas grandes corporaciones generan otro círculo virtuoso, creando nuevas PyMes alrededor suyo para proveer bienes y servicios.

Las grandes empresas son las que pagan salarios más elevados, realizan políticas de inclusión de discapacitados, reducen brechas de género, tienen planes para potenciar la diversidad, implantan políticas ambientalmente sostenibles, códigos éticos, sistemas de control de calidad o programas de Responsabilidad Social Corporativa. En una empresa de apenas tres trabajadores, la única manera de conseguir el objetivo de igualdad de género sería implantando la política queer, de manera que cada uno se pueda sentir del género que considere y así cumplir con los objetivos que se planteen. Sin embargo, los grandes empresarios de nuestro país como Amancio Ortega, Ana Botín o Juan Roig sufren en muchas ocasiones el rechazo y la criminalización por parte de mediocres envidiosos que no han generado riqueza en su vida, en lugar de ser vistos con admiración y orgullo. Así llegamos a la paradójica situación en la que se quiere establecer mucha regulación para la gestión de las grandes empresas pero poca regulación para que haya grandes empresas en España.

Mientras el sector privado se construye generando riqueza desde abajo hacia arriba, el Estado se construye desde arriba hacia abajo gastando los ingresos que el sector privado genera mediante una serie de criterios que establecen políticos que son elegidos democráticamente por los ciudadanos. Esto no implica necesariamente que sean funciones contradictorias, sino que también pueden generar círculos virtuosos que se retroalimentan. Volviendo al ejemplo de Granada, puede llegar a 5 millones de visitantes al año gracias a contar con un sistema de comunicaciones que facilita su acceso (AVE, aeropuertos, carreteras…); una seguridad ciudadana garantizada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; una sanidad (pública o mediante conciertos con empresas privadas) donde poder atenderse en caso de enfermedad o siniestro; un sistema de abastecimiento de agua potable para casas y hoteles; un servicio de recogida de basuras; una información turística que permita conocer toda la oferta que la ciudad ofrece… o tantos otros servicios. Y para gestionar todas estas actividades, necesitamos también pagar a unos políticos preparados que sean capaces de hacer crecer esas sinergias entre lo público y lo privado o generar nuevas (como potenciar el Puerto de Motril para convertirlo en puerta de entrada para el turismo de cruceros en Granada).

Hay muchas otras actividades que también están asignadas a las Administraciones Públicas como educación, pensiones, prestaciones de desempleo… Su función es garantizar la inclusión social, de forma que se genere un nuevo círculo virtuoso. Por ejemplo, garantizar un acceso a educación de calidad donde se premie el mérito y el esfuerzo (al contrario de lo que propone la infame Ley Celaá) de personas brillantes con independencia de su condición socioeconómica no solo supone una acción de justicia social sino que es también un acto de egoísmo, ya que les permitirá en el futuro que estén en mejores condiciones de aportar riqueza a la sociedad a través de nuevos emprendimientos. También el Gobierno tiene en sus manos otras labores sociales, como atender a nuestros mayores o facilitar a todos aquellos padres que son campeones en la nieve el acceso a centros de educación especial en los que ayudar al desarrollo e integración de sus hijos (al menos hasta que la infame Ley Celaá acabe con ellos), ayudar a mujeres maltratadas, etc. Pero hemos de tener en cuenta que toda actuación de los poderes públicos se realiza mediante recursos limitados y generados por otros, por lo que los políticos han de ser muy respetuosos con los ciudadanos ampliando sus ámbitos de libertad y evitando imposiciones ideológicas (como podría suceder nuevamente con la infame Ley Celaá prohibiendo la elección de Centro o poniendo obstáculos a la educación concertada). Si pagamos la comida con nuestros impuestos, que al menos nos dejen elegir parte del menú.

Ahora se están elaborando los Presupuestos en España para 2021. Los Presupuestos han de encontrar el equilibrio entre los ingresos y los gastos. Los ingresos ya hemos visto que dependen de la riqueza que sea capaz de generar el país. La crisis del coronavirus ha puesto en peligro la supervivencia del sueño de muchas personas que han invertido mucho tiempo y dinero en dar servicios a la sociedad, lo que les puede convertir en receptores de subsidios y pueden excluirles de su futura capacidad de generar riqueza. Los gastos sirven para repartir la riqueza que se ha generado previamente y en la situación actual hay muchos más demandantes de auxilio. La capacidad de gasto proviene de detraer recursos de aquellas personas que previamente han generado riqueza (cada vez más escasa), ayudas externas como fondos europeos (con una cantidad también limitada) o un endeudamiento a futuro (lo que también implica consumir recursos de nuestros hijos o nietos).

Es muy importante que tengamos en cuenta los conceptos de crisis y escasez de cara a estos Presupuestos. Y que no engañemos a la gente indicando que vamos a salir más fuerte de una crisis tan devastadora como ésta. Se puede generar una envidia insana y un cabreo lógico por parte de personas que se están quedando en la ruina sin soporte de los poderes públicos, que ven cómo se incrementan los sueldos de los funcionarios públicos o todas las pensiones; o se mantiene una gobierno elefantiásico de 23 ministerios y un 60% más de asesores y altos cargos; o que ven cómo se incrementa un 70% los gastos del Ministerio de Igualdad para dar cabida a informes de apesebrados propios que buscan igualar en la miseria en lugar de ayudar a los que pueden volver a generar riqueza. No hay nada mas espurio y rastrero que aprovecharse de las tragedias ajenas para interés propio… aunque ya tengan amplia experiencia en ello.

Yo siempre he creído más en los que trabajan desde abajo que en capitanes a priori que no han aportado riqueza en su vida. De hecho, el planteamiento de los fondos europeos tiene esa filosofía: financiar proyectos del sector privado que ayuden a un desarrollo en la transformación digital o en iniciativas ambientalmente sostenibles, que son prioridades europeas que impulsan todos los sectores privados. En ambos sectores, España tiene un amplio camino recorrido y un enorme potencial. Espero que se empleen en iniciativas transformadoras y no en subsidios a corto plazo. Aun así, estas iniciativas no han de eclipsar el necesario apoyo que precisan tantos otros sectores productivos españoles, de creatividad elevada e ingente valor añadido para nuestra sociedad, si queremos seguir viviendo en una sociedad de alto bienestar que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

Porque creer en un país es creer en sus ciudadanos. No tener envidia de ellos y pretender cambiarles impulsando populismos cuya finalidad es moldear súbditos de acuerdo a su ideología.

Importan

Charles trabajaba como profesor de agricultura en el Instituto de Formación Profesional que los Hermanos Maristas tienen en la isla de Mfangano (Kenia). Durante el verano de 2001 tuvimos la oportunidad de compartir mucho tiempo juntos mientras participaba en un campo de trabajo. Los alumnos tenían clases teóricas por la mañana en kiswahili e inglés (los dos idiomas oficiales de Kenia), aunque el idioma natal de la mayoría era el lúo (dholuo). Un obstáculo más a superar en su formación. Los lúos forman una tribu nilótica que se ubica en la orilla ugandesa, tanzana y keniana del lago Victoria. A partir de las 11 de la mañana empezaban las clases de cada especialidad.

Repasando el abecedario debajo de un árbol

Hicimos una excursión con Charles para conocer Mfangano y de paso comprobé cómo una hora africana se puede convertir en más de cinco europeas. Rodeamos la isla y no fracasamos en el intento gracias a que una familiar de Charles apareció en el otro extremo con un té providencial que me salvó de una más que probable deshidratación. A pesar de las penalidades, las cinco horas europeas y una africana se nos hicieron cortas conversando acerca de los retos que tenían que afrontar sus alumnos, de las escasas opciones de trabajo que tenían, del 90% de población que tenía malaria (que él también sufría) y una presencia del SIDA que afectaba a más del 20% de la región (a pesar de las ONGs que se pasaban un par de veces al año por la isla para repartir condones). Me comentaba que era imprescindible ser muy exigentes con sus alumnos ya que el riesgo de no tener éxito en su desarrollo profesional era elevado. Las oportunidades eran escasas, sobre todo en una agricultura que, en muchas ocasiones, era más bien un medio de subsistencia poco tecnificado que un negocio.

Con Charles (a la izquierda) cuando todavía teníamos agua (dos horas europeas después de la salida, 20 minutos africanos)

Maurice trabajaba como profesor de construcción. Entre sus responsabilidades estaba coordinar la edificación de la nueva escuela de enseñanza primaria en la isla gracias a la financiación de la ONGD SED. Era el colegio en el que iban a asistir a clase sus hijos, con los que jugábamos todas las tardes después de comer. Tener un techo bajo el que recibir la enseñanza les iba a permitir tener sus clases sin interrupción en la época de lluvias ni recibir sus clases sentados en el suelo o de pie a la sombra de un árbol. Un gran avance en su formación. El siguiente proyecto consistía en mejorar el acceso al agua potable y concienciar de la necesidad de hervir un agua lleno de parásitos que hacía que casi todos los niños mostrasen una amplia barriga, lo que les causaba no pocas diarreas e infecciones. Un grave riesgo cuando el médico más cercano estaba a cinco horas de distancia.

Terminando la construcción de las nuevas aulas. Las medidas de Seguridad y Salud son mucho más precarias.

Maurice vivía en una pequeña casa para profesores que estaba en el recinto del Instituto, junto con su mujer y sus cuatro niños. Uno de los momentos más agradables de ese verano fue la noche en la que me invitaron a cenar a su casa. Ofrecieron sus mejores galas y a Maurice no se le quitó la sonrisa de la boca en toda la cena por poder compartir la cena conmigo. Sus hijos se entretuvieron acariciando mi pelo lacio europeo como si fuese una mascota, mientras yo me metía en el papel con los correspondientes maullidos y ladridos.

Cenando en Maurice’s con su familia

Benjamin era responsable del ciclo de electricidad. Muchas noches conversábamos después de cenar. Un día me empezó a hablar de su familia. Su esposa había fallecido y él tenía que vivir alejado de sus hijas, quienes vivían fuera de la isla en casa de un familiar cercano. Me habló de las apreturas económicas que tenía, de los apuros que tenía para pagar la renta de su casa o para pagar la colegiatura de sus hijas. Quería para ellas un futuro mejor del que él había podido tener y soñaba con que pudiesen ser profesionales y tener un futuro en Nairobi, Mombassa o en alguna otra de las ciudades principales de Kenia. Se sentía muy orgulloso de las altas calificaciones que tenían sus hijas, su única opción para obtener una beca que les permitiese cursar estudios superiores.

Después de un rato escuchando a Benjamin, lo interrumpí. Le pregunté si existía alguna manera en la que pudiese colaborar con él. Me parecían injustas las dificultades que él estaba viviendo y yo me sentía su amigo, por lo que le quería ayudar. Su reacción fue de total indignación. Él pensaba que estaba conversando con un amigo, a quien se le pueden contar los problemas, y por eso no quería mi ayuda. Si me estaba compartiendo sus preocupaciones no era para que yo se los solucionase. Él se sentía un privilegiado al contar con una profesión, no como los estudiantes que él tenía a su cargo, muchos de ellos viviendo una situación más complicada que la suya. Él sabría cómo salir de los apuros que le agobiaban y sería capaz de darle un futuro a sus hijas. La igualdad que proporciona la amistad yo la había roto con mi ofrecimiento.

Benjamin con sus tres hijas y una familiar en la inauguración de la escuela. Al fondo las casas de los profesores.

Michael era el administrador del Instituto. La mano derecha de los Hermanos Hans y Marino. El día siguiente a mi charla con Benjamin tuvimos la suerte de que una pareja de alemanes de avanzada edad, abuelos de una familia de tres generaciones en un colegio marista que colaboraba con el Instituto estuviesen por la isla haciendo turismo. Después de visitar al Hermano Hans, éste les ofreció la posibilidad de llevarles con la lancha del Instituto (Tina Celline) a un lugar cercano en el que se había construido una playa para turistas. La playa tenía restricciones para el baño a personas que no estuviesen de visita. Michael y Benjamin me animaron a que me bañase con ellos, ya que yo daba el pego de visitante como buen mzungu. Decliné su propuesta y preferí compartir el tiempo tomando una coca cola con ellos mientras esperábamos en la lancha charlando y contando chistes (el humor negro siempre ha sido mi preferido). Al fin y al cabo ellos ya eran mis amigos y a los alemanes los acababa de conocer. En ese momento, sentí que volvíamos a la normalidad con Benjamin.

Con Michael y Benjamin en el cierre de curso

Mary trabajaba como profesora de corte y confección. Hasta el año anterior, los ciclos formativos estaban destinados únicamente para hombres y recién se abría una línea para mujeres. La historia de Mary no había sido sencilla. Era una mujer intrépida y de fuerte carácter. Nunca se conformó con vivir del trabajo de su marido, quien no aceptaba su carácter independiente. Mary sufrió frecuentes maltratos, de los que le quedaron cicatrices en el cuerpo. Cuando sus dos hijos ya habían crecido decidió abandonarlo, lo que supuso el completo rechazo por parte de su familia. El concepto de familia es mucho más amplio en África que en Europa y ese abandono le implicaba estar sola en el mundo.

El Instituto se había convertido en su familia, donde cuidaba a sus tres primeras alumnas como una gallina a sus polluelos. Insistía mucho en el valor de las mujeres en un mundo en el que todavía muchas mujeres terminaban padeciendo la humillación de una poligamia que les degradaba en la lucha por la atención de sus maridos. Les inculcaba su necesidad de ser autónomas y cuidaba de que no hiciesen tonterías con el resto de alumnos. Muchos cántaros de leche se derramaban por un mal polvo en la adolescencia (o por uno bueno, que sin protección tienen el mismo efecto secundario). Los cuentos de los lecheros no se veían tan afectados en muchas ocasiones.

Con Mary en la fiesta de final de curso

M’butta era uno de los alumnos del curso de construcción. Muchos días trabajamos juntos en la construcción de la escuela. Con el fin de curso terminaba su formación. Su proyecto era obtener un microcrédito o buscar apoyo de su familia para establecer su pequeño negocio de construcción junto con su amigo Abdul y un primo un par de años mayor que ya había desarrollado algunos trabajos por la zona. Era un chaval muy agradable… hasta que jugábamos los partidos de fútbol vespertinos. Antes de anochecer nos juntábamos más de treinta en un campo improvisado en el que no había portero y había que marcar goles en una portería diminuta. En esos momentos se convertía en un chupón. En mi juventud (divino tesoro) no era una persona que me caracterizase precisamente por ser habilidoso con el balón en los pies, pero paliaba mis evidentes carencias técnicas con un elevado espíritu competitivo. Así que aproveché mi condición de minoría racial y hablante de un idioma por ellos desconocido (ya tenían suficiente con ser trilingües) para rebautizarle como J´putta cada vez que no pasaba la pelota. Por fortuna, la rivalidad solo duraba hasta que se terminaba la pachanga y nos íbamos a bañar en el lago; ellos en pelotas y yo en bañador. No es que me avergonzase de mi arma, pero es que no había nada que hacer en cuestión de calibres… y creo haber mencionado antes que yo era muy competitivo.

Con M’butta, Abdul y otros trípodes del equipo

Despreciar a una persona por su color de piel no es cuestión de ideologías: es simplemente estupidez. Cualquier abuso racial es totalmente condenable. Sucede lo mismo cada vez que se producen exclusiones de personas por su orientación sexual, por su género, por ser ancianos o por tener una capacidad especial. Una sociedad inclusiva, por el contrario, es aquélla que es capaz de aprovechar el verdadero potencial de cada una de las personas que forman parte de ella. El resultado no implica una pérdida de libertades para los que están en una mejor situación sino que, por el contrario, proporciona un espacio de libertades cada vez más amplio del que todos nos beneficiamos. La humanidad nos lo ha demostrado en las últimas décadas, en las que los niveles de riqueza global y de reducción de la pobreza (particularmente en el Tercer Mundo) han evolucionado de manera espectacular… aunque quede mucho trabajo por realizar. Todo ello en un contexto de estabilidad y ausencia de conflictos. Confiemos en que la pandemia del coronavirus no suponga un importante retroceso en la lucha que llevamos contra el hambre en el mundo.

Con Moises (hijo de Maurice) en el centro y dos amiguitos

Cada una de las vidas negras importan, pero considerar que todos los negros son iguales es entrar en el mismo reduccionismo de pensar que los blancos también lo somos (y anda que no nos hemos matado entre nosotros a lo largo de la historia). O que los homosexuales piensan todos de la misma manera. O que todas las mujeres son iguales (aunque lo que antes era un comentario machista se haya convertido ahora en el anhelo de algún grupo de mujeres). Cuando quitamos del centro a las personas y colocamos las ideologías, perdemos la finalidad de lo que debe de ser la cooperación: lograr que cada una de personas (con sus nombres, sus apellidos, sus circunstancias y sus anhelos) puedan tener el futuro que ellos deseen y encontrar líderes que puedan multiplicar las opciones de futuro de las personas que les rodean.

Para ello, como comentaba Charles, es fundamental la educación… y la exigencia. A cualquier niño del tercer o del cuarto mundo le va a costar cien veces más esfuerzo lograr su futuro deseado que a uno del primero. Ese trabajo silencioso es el único que termina dando frutos. En cambio, cuando se opta por la ideología, los liderazgos suelen recaer en las personas más radicales y no en las más inclusivas. Ahí tenemos el ejemplo de Robert Mugabe, quien después de acabar con los blancos explotadores de la antigua Rhodesia decidió realizar lo propio con los ndebele de la nueva Zimbabue causando un atroz genocidio. Una situación crítica que se está agravando en estos meses de COVID. Tanto la colonización como la descolonización están repletas de lamentables historias como ésta.

He ain’t heavy… he’s my brother

En un capítulo de la segunda temporada de El ala oeste se reclamaba a un funcionario de la Casa Blanca que los sueldos no pagados por la esclavitud negra en Estados Unidos alcanzaba la cifra de 1,7 trillones de dólares americanos (billones europeos) en el año 2000. Otros hablan de 14 trillones. Podemos quedarnos en el lamento de esos recursos que nunca llegarán o empezar a trabajar con los recursos que se puedan movilizar y luchar por más. Algunas personas podrán aprovechar su oportunidad con gran esfuerzo, otras quedarán en el camino por no tener capacidad para superar los obstáculos que se les presenten o por falta de voluntad. Algunas personas negras mirarán con resentimiento hacia aquellos compañeros de escuela que abusaban de ellos y terminaron desperdiciando su oportunidad (o que cayeron en las drogas o la violencia) y les tratarán con desprecio. Otros se convertirán en líderes que transformarán sus comunidades trabajando codo con codo con sus vecinos para sacarles de la droga o la violencia.

Toda la comunidad organizándose para llevar agua para construir la escuela.

Es muy complicado no conmoverse (moverse-con) la vitalidad que transmiten los niños africanos. Su alegría y vitalidad es contagiosa. Nos hacen ilusionarnos con su futuro y lamentar un posible futuro frustrado. No obstante, una de las cosas que más agradezco del verano en África fueron los espacios para compartir y conversar con los profesores. Las vidas de Charles, Maurice, Benjamin, Michael, Mary, M’butta y Abdul son importantes. Personas adultas que mostraban en su rostro y en su cuerpo las cicatrices que supone salir adelante en un mundo a veces cruel en el que superaron obstáculos como la malaria, la epidemia del SIDA, no tener acceso a agua potable, el elevado coste de los estudios, la sanidad precaria, la obligación de ser responsables de sus hermanos menores ante la ausencia de sus padres, la búsqueda de un microcrédito para comprar sus primeras herramientas con las que poder ganarse la vida… No es solo pecado matar a un ruiseñor, sino también quebrar sus alas.

Ruiseñores

Todas estas personas anónimas no están destinadas a solventar a medio plazo las necesidades de una Europa que cada vez presenta más síntomas de agotamiento, empezando por unas previsiones demográficas cada vez más alarmantes. Están destinadas a escribir un nuevo futuro. Su propio futuro.

Asante sana, Kenya. Hakuna matata.

Profesores y alumnos abandonando el Instituto tras el final de curso.

La estatua de Tamar

Si todos asumimos que somos un poco hijos de puta viviremos con menos presión, nos reconciliaremos con nuestra historia… y derribaremos menos estatuas.

En teoría tenemos 2 padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos y más de 1.000 antepasados al llegar a la décima generación. No obstante, el dicho de que a la prima se le arrima (y si es hermana con más gana) se cumple con más frecuencia de lo que pensamos, sobre todo en las mejores familias, por lo que las cifras se pueden ver sensiblemente reducidas. Aun así, cada uno de nosotros somos el milagroso resultado de cientos de generaciones y miles de antepasados.

Según encuestas recientes, el 39% de los españoles han pagado por sexo en su vida. Si dicha proporción se mantuviese constante en las generaciones precedentes, las probabilidades de tener un antepasado putero serían ciertamente muy elevadas. Ser hijo de puta (en sentido estricto) sería mucho más raro, ya que se trata de un sector donde la demanda supera claramente a la oferta. Si lo consideramos en sentido amplio, no tener ningún antepasado hijoputa sería muy raro en una historia repleta de guerras, envidias, traiciones, adulterios, conquistas y violencia.

Tamar fue esposa de Er, el primogénito de Judá (cuarto hijo de Jacob). Er falleció sin que Tamar engendrase hijos por lo que se casó con Onán, el segundo hijo de Judá. Onán se dedicó a ser el patrón de la marcha atrás (que no de las pajas) y falleció también sin descendencia. Le tocaba entonces el turno al tercero, Selá, pero Judá era más partidario del no hay dos sin tres que de a la tercera va la vencida, por lo que el matrimonio se quedó en veremos. Tamar temió que se iba a quedar para vestir santos (o lo que se vistiese en aquella época), siendo como era la falta de descendencia una desgracia para aquella sociedad.

No resignada ante su destino, Tamar se disfrazó de prostituta (con la cara tapada) y se quedó esperando en el camino por el que habitualmente caminaba su antiguo suegro. El pobre Judá llegó con los depósitos llenos de amor, ya que había enviudado recientemente, y lo que pasó… pasó. Como consecuencia del choque y fuga nacieron Farés y Zara, Tamar recobró su lugar en el pueblo de Israel y Selá fue quien se quedó vistiendo santos (bueno, este último punto puede ser que esté equivocado).

No es el único hecho truculento descrito en el Antiguo Testamento. Otro ejemplo relevante lo protagonizó el más importante Rey de Israel: David. Betsabé estaba casada con Urías, un príncipe hitita que era aliado del Rey David. Mientras se estaba bañando en un río, David la vio, quedó prendado y lo que volvió a pasar… volvió a pasar. De este nuevo choque y fuga, Betsabé también quedó embarazada (la puntería en aquellos tiempos era impresionante). Para tapar su deshonor, el rey David ubicó a Urías en la zona más peligrosa de la batalla contra los amonitas, con lo que se le quedó el camino expedito para que se formalizase su relación con quien fue la madre del Rey Salomón.

No es que le celebrase el pueblo judío su adulterio y asesinato a David, ya que el profeta Natán se encargó de hacer ver al más importante Rey de Israel que se había comportado como un verdadero capullo y le predijo grandes sufrimientos en su vida. No obstante, a pesar de vuestra indignación contra el Rey David, os pido que por favor contengáis la ira cuando visitéis Florencia, no os convirtáis en vengadores del pobre Urías y sigáis admirando la formidable estatua que le dedicó Miguel Ángel. La historia del arte no se podría permitir semejante pérdida.

Hay que poner en valor la lección de honestidad que nos legaron los judíos, ya que en los tiempos actuales estoy seguro de que la censura meapilas de la corrección política habría obviado estos dos hechos tan reprobables y poco edificantes. La visión cristiana continuó con la tradición de transparencia de nuestros hermanos judíos y en la genealogía de Jesús (del evangelio según San Mateo) aparecen tanto Tamar como Betsabé como antepasadas suyas, junto con otros hombres y mujeres (novedad en una sociedad patriarcal) que no siempre fueron de conducta intachable. Sin duda, es una historia apasionante que nos demuestra cómo grandes personas pueden cometer actos reprobables y, aun así, ser dignos de ser recordados e incluso admirados. Esto supone un contraste con la tradición recogida en el Corán, donde el Rey David es reconocido como uno de sus profetas pero se niega su pequeña aventura adúltera, ya que todos los que precedieron a Mahoma tenían que contar con un pasado irreprochable.

Las conductas censurables han afectado a antepasados de todas las ideologías. No pensemos que es un reducto exclusivo de judíos y cristianos. Por ejemplo Rousseau, precursor de la Revolución Francesa, estaba tan preocupado por un contrato social que liberase a la sociedad de las ataduras del Antiguo Régimen que no tuvo tiempo para cuidar de sus cinco hijos, a los fue abandonando al nacer en un miserable hospicio de París. O Karl Marx, impulsor de la lucha de clases, quien no solo tenía una criada, sino que además tuvo un hijo con ella (al estilo Schwarzenegger pero con las libertades del siglo XIX). Para que su mujer no le echase de casa, le endosó el hijo a su buen amigo Friedrich Engels (¡eso es un colega!), quien de paso le escribió un libro. Esto ha debido de ser una maldición para los comunistas, que han sufrido importantes problemas de bragueta hasta nuestros días. La tradición parece continuar con la fogosidad de Pablo Iglesias quien, de aquellos polvos, padece los actuales lodos telefónicos.

A pesar de las enseñanzas de la historia, es curioso cómo todos los países o grupos sociales quieren presumir de pureza de linaje. En España nos sucede con el mito de Numancia. Hay quienes han querido convertir a los españoles en dignos herederos de Viriato y sus paisanos, sin tener en cuenta que todos los numantinos prefirieron suicidarse antes que caer en manos de los opresores romanos. Ahí empezó todo… por lo que ya sabemos a quién culpar de posteriores abusos que se produjeron a lo largo de la historia. Estaba en su ADN.

Este mismo relato se repite en el caso de los aztecas o los incas. Se olvida que es mucho más probable que los actuales mexicanos y peruanos desciendan de matrimonios mixtos entre conquistadores y la aristocracia inca y azteca; o de los tlaxcaltecas o totonacas que dieron apoyo a los apenas mil españoles que llegaron a México; o de los incas seguidores de Huáscar que se levantaron junto con los huancas o los cañaris contra Atahualpa. Siempre me queda la incomprensión acerca del ansia por preferir ser descendiente de aquellos que sacrificaban a los inocentes pueblos enemigos en lo alto del Templo Mayor (arrancándoles el corazón sin anestesia) antes que de aquellos que trajeron las Leyes de Burgos, precursoras de las Leyes de Derechos Humanos, cuando ambas sangres corren por las venas de la inmensa mayoría de la población actual de Latinoamérica… a diferencia de lo que sucede en Norteamérica.

Desde Luke Skywalker, creo que todos estamos de acuerdo en que no podemos culpar a nadie de los pecados de sus padres. Éste fue el caso de Alexander Hamilton, un bastardo pobre e hijo de una prostituta, nacido en una isla pobre del Caribe, pero que llegó a convertirse en un erudito economista, Secretario del Tesoro y el más joven de los siete padres fundadores de los Estados Unidos. Sus adversarios difundían maledicencias acerca de él en las que comentaban que por las noches iba (como Marco) en busca de su mamá y que, no encontrándola, se entretenía con sus compañeras de profesión. No sé si esto convierte a los hijos de la patria más desarrollada del mundo en nietos de puta (o hijos de putero), pero sin duda es todo un homenaje al Sueño Americano que pueden celebrar los estadounidenses al contemplar su cara en el billete de 10 dólares. Eso sí, recomendaría no quemarlos… que con las cosas de comer no se juega.

En España se habla mucho últimamente del Rey Emérito, quien fue el principal protagonista de que hayamos disfrutado los 40 años de mayor progreso y estabilidad de nuestra historia. La transición española de la dictadura a la democracia es unánimemente alabada en el extranjero y los españoles nunca podremos agradecer bastante el papel que desempeñó. Sin embargo, ahora hay acusaciones a Don Juan Carlos por haber pagado facturas de 65 millones de euros por amor (¡como para tener un gatillazo en Botsuana!). Es curioso que nuestra sociedad sea tan cínica como el capitán Renault en Casablanca y haya tardado tanto tiempo en darse cuenta de que en el casino de Rick se jugaba. Imagino que tendremos que ponerle una estatua al Rey Emérito por su importante legado para después derribarla por sus pecados. Pero vayamos despacito y no toquemos una institución, como la monarquía constitucional, que tan buen servicio está prestando actualmente por medio del Rey Felipe VI.

Al igual que sucede con Juan Carlos I, las estatuas de Churchill están también en cuestión. Sin duda a Sir Winston le afeamos sus ramalazos racistas pero, por otro lado, también le agradecemos su papel de freno primero frente a Hitler y después frente a Stalin. Podríamos sugerir entonces el uso de una radial para que derriben sus estatuas por la mitad (aunque si se encarga la labor a un comunista igual apenas deja un cuarto).

Esperemos que estos ejemplos ayuden a superar el trauma de una joven feminista, aficionada colchonera, que descubra al primer propietario del Atlético de Madrid S.A.D. en un video de YouTube de Jesús Gil y Gil (que no era hijo de primos) mientras disfrutaba en un jacuzzi de la cariñosa compañía las Mama Chicho. No es necesario que apostate de su fe en el equipo del pueblo, justo el año en el que va a ser campeón de Europa por primera vez en su historia… si el coronavirus no lo impide. Hasta en las mejores familias cuecen habas.

Hay ingenuos que afirman que si no se hubiesen producido hechos reprobables a lo largo de la historia, habríamos tenido otros antepasados de los que sí sentirnos orgullosos. Un argumento totalmente falso ya que, de no haber existido los asesinos, violadores y ladrones que nos transmitieron su ADN y sus genes, nosotros ocuparíamos actualmente un lugar privilegiado en el limbo a la derecha de los hijos de Onán. Existen probabilidades ciertas de que desciendas de alguno de los 82 hijos del Rey David, pero ninguna de que el cornudo y apaleado Urías sea tu antepasado. Otras personas no tuvieron la oportunidad de existir, ora porque murieron a manos de tus ancestros ora porque otras personas se interpusieron en el camino de aquel muchacho del que estaba enamorada tu tatarabuela… que se consoló finalmente con tu tatarabuelo. Ellos habrían ocupado nuestro lugar en el mundo, haciendo de este planeta un lugar más sostenible, feminista, igualitario y justo… o no.

Lo más sano sería aceptar que nuestra sangre está mucho más sucia de lo que nos gustaría reconocer. Y que todos (o casi todos) hemos cometido actos deleznables de los que nos arrepentimos profundamente. En realidad, debería suponernos un alivio … porque no os podéis imaginar la pesada carga y la enorme presión que me supone mantener la inmaculada historia de la única familia que no cuenta con mayor mancha en su seno que el pecado original. ¡Cuánto os envidio… hijos de puta!

P.D.: Y si alguien más está libre de pecado, que tire la segunda piedra.

Perdón

Cualquier momento es bueno para pedir perdón. Su efecto catártico tiene efectos beneficiosos, incluso para la salud (algo muy necesitado en los tiempos que corren). Son muchas las personas con las que yo tendría que disculparme, empezando por la niña a la que le tiré un balonazo cuando apenas contaba 10 años. Sé que ella tampoco se ha olvidado, a pesar de mi profundo arrepentimiento. Es lo que tiene crecer en una pequeña ciudad (infierno grande). Así podría continuar con mis padres, hermanos, amigos, enemigos… Aunque no formo parte del 2% peor de la población, mis actos reprobables son muchos más de los que hubiese deseado cometer. Al menos esto no me sucede en casa, donde siempre tengo la razón… bueno, en realidad, casi siempre.

Sin embargo, la reciente experiencia de Plácido Domingo ha hecho que me replantee solicitar públicamente perdón, aunque ser un prestigioso autor para minorías selectas hace que la repercusión de mi solicitud sea sensiblemente inferior a la del aclamado tenor. Eso sí, no podemos quitar ni un ápice de importancia a los presuntos hechos reprobables que ha reconocido Domingo. Parece haber hecho honor al clásico refrán español: Donde tengas la olla no metas la… gallina. Y mucho menos si eres el chef más reputado (no sé si es el adjetivo más preciso para emplear en esta ocasión).

El acoso en el trabajo es una de las cosas más detestables que existen. Es el lugar en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y donde ponemos nuestra seguridad, nuestros anhelos de desarrollo y el bienestar de nuestra familia. Imagino que cuando alguien alcanza los niveles de fama de Plácido puede llegar a sentirse el más gracioso, guapo y poderoso. Esto te puede hacer sentir que casi siempre tienes la razón. Como yo en casa… bueno, en realidad, solo a veces.

La reacción de Plácido Domingo ha consistido en disculparse por todo el daño que ha causado, poniéndose a disposición de las personas ofendidas para reparar el daño causado. Pero parece que cometió un enorme error en el mundo que vivimos. Tanto como para que se hayan cancelado las actuaciones que tenía programadas en Madrid. Posteriormente matizó su disculpa, indicando que “Nunca me he comportado agresivamente con nadie y jamás he hecho nada para obstruir o perjudicar la carrera de nadie», pero reconociendo su culpa por haber hecho sentir mal a mujeres y concienciando a toda la sociedad de que comportamientos como el suyo no pueden repetirse jamás (lo que le honra). Lo que él pudo considerar galante, otros lo pudieron ver como baboso y otras (probablemente con razón) como acoso.

En realidad, Domingo podría haber negado todas las demandas, alegando que son acusaciones de hechos sucedidos hace 30 años y de los que es imposible obtener pruebas. También podría haber manifestado que las acusaciones provenían de oscuros intereses de la Iglesia de la Cienciología, como han publicado medios de comunicación que han salido en su defensa. Pero lo más probable es que esa estrategia también hubiese sido en vano. 

Cuando todos creíamos que Frank Underwood era el mejor intérprete de Kevin Speacy, nos encontramos con que las acusaciones criminales que le realizaron fueron desestimadas por los fiscales. Woody Allen también resultó absuelto de todas las acusaciones realizadas por Mia Farrow, pero su versión de la historia no podrá salir a la luz en Estados Unidos por el veto realizado por la editorial que tenía los derechos sobre sus memorias debido a la presión de Ronan Farrow. O Roman Polanski, que ha quedado condenado por vida por unos hechos totalmente reprobables ocurridos hace más de 40 años. Por un lado, nos oponemos a la cadena perpetua, pero por otro hay personas que no tendrán la absolución de la sociedad mientras vivan.

La conclusión es que sabemos que Plácido Domingo ha sido acusado de conductas impropias (pero no sabemos de cuales) y que él se ha declarado culpable (no sabemos si de todo o de parte de lo que no sabemos que le acusan). Pero, como en el mundo actual nos sentimos con autoridad moral para juzgar a los demás, parece que en el imaginario colectivo el tenor se encuentra ubicado tan solo un par de escalones por encima de Harvey Weinstein, quien sí ha sido condenado a 30 años de cárcel por sus acciones criminales (para gran disgusto de grandes artistas que agradecieron en público el desinteresado apoyo que ofreció a sus carreras artísticas). El problema es que juzgamos desde nuestros prejuicios, no desde la búsqueda de la verdad y el equilibrio entre el daño causado la víctima y la presunción de inocencia del acusado.

Es lo mismo que sucede en esta sociedad actual, donde hay que gritar muy alto para tener la razón. Una sociedad excluyente por mitades donde quien no coincide con las ideas que transmite la otra mitad se convierte directamente en un fascista o un machista, lo cual es muy útil para cubrir las vergüenzas propias de ser un principiante a la hora de redactar leyes que no vienen a responder las necesidades de fondo que tenemos todas las mujeres y todos los hombres que luchamos por una sociedad más inclusiva.

Por el otro extremo, tampoco estaría mal que pidieran perdón aquellos que tratan como feminazis comunistas a todos aquellos que reclaman que todavía existe un importante camino por recorrer hasta terminar con la brecha de género y alcanzar la plena igualdad y seguridad de la mujer en nuestra sociedad. Un gran ejemplo nos han dado las mujeres del PP alabando las bondades de sus adversarias políticas. Una visión empática a imitar por los que solo a veces tenemos razón en nuestras discusiones domésticas… bueno, en realidad, casi nunca.

Quizá el primer paso puede suponer la aceptación de que las personas somos tremendamente complejas. Que hay personas que cometen actos reprobables, pero que cuentan con otras cualidades altamente positivas y valiosas para la sociedad, de las que no podemos prescindir. ¿Podemos reconocer que el Rey emérito ha sido fundamental para la democracia y las libertades en España a pesar del Corinnavirus? Yo creo que sí. También sería positivo que modulemos las penas dictadas en las sentencias de los autoproclamados jueces, ya que no es lo mismo meter a una persona en la cárcel, que echarle de casa o hacerle dormir en el sofá, condena habitual para los que casi nunca tenemos razón en las discusiones en casa… bueno, en realidad, nunca.

Por eso, cariño, perdona que no te pida perdón (y menos en público), ya que todo lo que diga puede acabar siendo usado en mi contra.

Salario mínimo

La legislatura ha comenzado con un aparente éxito en la negociación colectiva. Se ha firmado un rápido acuerdo entre patronal y sindicatos para fijar el nuevo salario mínimo interprofesional (SMI), con una labor de árbitro convincente por parte del gobierno: Patronal, si ustedes no salen en la foto, en lugar de subir de 900 a 950 Euros lo haremos por decreto a 1.000. Y en diez minutos hubo acuerdo.

Detrás de esta iniciativa está el objetivo de que el SMI sea un 60% del salario medio (SMe), tal y como consideró la Carta Social Europea. En tal caso, tendríamos que analizar si esa cifra es razonable y si tiene sentido aplicarla en España o qué matices lo podrían hacer viable. En este punto, lo primero a tener en cuenta es que si el SMI es el 0% del SMe, esto quiere decir que no está regulado un salario mínimo por Ley (lo que sucede en países como Italia, Dinamarca, Austria o Finlandia) y si el SMI es el 100% del SMe, quiere decir que estamos en un régimen comunista donde todos cobran lo mismo (hasta los miembros del Politburó).

¿Cuál es la situación actual en países de nuestro entorno?*

SMI pais

*Se ha armonizado el SMI teniendo en cuenta la remuneración total en 12 pagas, como aparece en casi todos los países de nuestro entorno. Para España se ha considerado el SMI de 2019 (900 Euros, pero en 14 pagas)

Partiendo de la información publicada en https://datosmacro.expansion.com (con datos de 2019) el porcentaje SMI/ SMe en España es prácticamente del 50%. Países como Alemania, Holanda o Japón se encuentran más de 10 puntos por debajo. Uno de los datos que más llaman la atención es que (excepto en Polonia) los países en los que el porcentaje es inferior, la tasa de paro es también más reducida. Esto repercute también en la tasa de paro de jóvenes menores de 25 años, que son los que tienen proporcionalmente salarios más bajos al ser menos productivos.

Por tanto, si llegamos al 60% en 2023, como pretende el gobierno de España, seremos a nivel país los pioneros en Europa y podremos servir de ejemplo (bueno o malo) para el resto de los países. A nivel regional, ya podemos servir de ejemplo en algunos lugares, ya que las asimetrías existentes entre las diferentes Comunidades Autónomas hace que nos encontremos con algunas regiones que ya tienen un SMI que es superior al 60% del SMe:

SMI CCAA

De acuerdo a los datos obtenidos del Instituto Nacional de Estadística, las regiones que cuentan con el porcentaje recomendado por la Carta Social Europea son, evidentemente, las regiones más pobres. A pesar de contar con salarios medios mucho más bajos (Canarias o Extremadura un 30% inferiores al País Vasco) sufren de una mayor tasa de paro (más del doble). El dato es especialmente dramático si nos fijamos en las tasas de desempleo juvenil (<25 años), que en Extremadura supera el 46%. Una cifra  que empuja también a la despoblación de esta región, con una juventud que tiene que emigrar para asegurar su futuro.

Por tanto, nuestro objetivo tiene que ser incrementar el SMe. Esto lo podemos lograr por dos caminos. El primero es atraer inversión que permita generar empleos que requieran de mayor cualificación y que, por tanto, impliquen mayor productividad de los trabajadores. La segunda es eliminar los trabajos de menor cualificación, mediante la introducción de nuevas tecnologías (automatización, robótica, internet de las cosas…). La parte dramática sería el futuro de todas las personas que quedarían desplazadas del mercado de trabajo.

La urgencia en este momento no es tanto incrementar el SMI (que puede ser pan para hoy y hambre para mañana) sino establecer un plan de capacitación y formación que nos prepare para un futuro que ninguno de nosotros tenemos asegurado… y menos en este mundo tan cambiante. Esto nos pone el reto en cada uno de nosotros: nuestra formación, nuestro esfuerzo y nuestra capacidad de adaptación. Tenemos que exigir al gobierno que nos ayude a generar oportunidades de desarrollo a medio y largo plazo, no seguridades a corto.

Hay muchos otros aspectos conflictivos que habría que analizar. Yo me fijo en 4:

1.- La productividad: El 66% del empleo en España (más de 13 millones de empleos) se genera por las PyMes (<250 empleados) y el 95,4% son microempresas (<9 empleados). Esto quiere decir que si una panadería tiene que pagar un 25% adicional a sus empleados, tiene que vender un 25% más de barras de pan o venderlas un 25% más caras para que el propietario mantenga su poder adquisitivo. El incremento de precio supone inflación y pérdida del poder adquisitivo para los asalariados. Muy relacionado con este tema están las manifestaciones que se están produciendo en el mundo rural: el equilibrio entre ingresos y gastos.

2.- Mundo competitivo global: Un nuevo drama para comunidades como Extremadura, que tiene que competir al otro lado de la frontera con Portugal, con un SMI un 37% más barato. A esto le podemos añadir la competencia de productos agrícolas procedentes de Marruecos. Un reto de especial importancia para España sería la competencia de los países del Este para que se instale allí la industria automovilística. El sector de la automoción es una de las principales industrias españolas, que supone el porcentaje más alto de nuestras exportaciones. Se instaló en España en los años 70 por los bajos costes laborales que había en nuestro país pero podría buscar nuevos destinos si no somos capaces de fidelizar a las compañías del sector con estabilidad regulatoria y valor añadido ante el reto tecnológico que afrontan (vehículos eléctricos).

3.- Economía sumergida: El sueldo que percibe el trabajador es diferente del coste laboral, al que hay que sumar seguridad social o retenciones por impuestos. En 2019, para que un empleado del hogar recibiese 850 Euros limpios al mes, el coste para la persona que lo contrata era superior a 1.300. Si una pareja tiene 3 hijos y los dos trabajan, el sueldo que recibe uno de los dos se tiene que ir casi íntegramente a pagar a una persona, si no quiere desvincularse del mercado de trabajo. La otra alternativa sería recibir un pago en negro por un importe que sea aceptado por las dos partes, como realizó Echenique con su cuidador. Además, en Europa es más viable, al contar todas las personas con seguro médico.

4.- Desincentivos al progreso: Si el SMI es muy cercano al SMe, puede suponer un desincentivo a asumir nuevos retos profesionales. Si la diferencia en remuneración entre tener un trabajo que no implique responsabilidades y otro que sí (donde tengas que viajar largas temporadas lejos de tu familia, debas tomar decisiones desagradables o implique algún riesgo) no es muy elevada ¿por qué motivo tendrías que aceptarlo? En España tenemos el problema adicional de que habitualmente se mira con recelo a las personas que tienen remuneraciones altas.

Es complicado llegar a una conclusión. Carezco del conocimiento necesario para saber si el 60% es el porcentaje adecuado. O si la solución pasa por establecer diferentes SMI dependiendo de la región (lo que nos relaciona con la polémica de la equiparación salarial entre funcionarios de diferentes CCAA). O si se ha de diferenciar por sector productivo. O por tipo de empresa… Lo que tengo claro es que existen muchos problemas estructurales en la economía española y que no se puede culpar a la subida del SMI de todos los males. Pero también es posible que si se toman medidas sin tener en cuenta la realidad para la que se legisla, se pueden agravar los problemas preexistentes.

La salida de la crisis en España vino por un recorte brutal de los salarios, ya que nos habíamos convertido en un país con una productividad paupérrima para los salarios que existían. El verdadero paso adelante para ser un país próspero ha de venir por el incremento de nuestra productividad y, a partir de ahí, reclamar sueldos más altos. De lo contrario, volveremos a la misma situación en la que estábamos en 2007.

Se ha realzado una foto en Moncloa que se ha vendido como una importante victoria de los trabajadores más pobres. Mucha gente estará de acuerdo, pero creo que no se ha realizado un análisis profundo de los pros y contras de la medida. Me temo que decir esto me puede convertir en cómplice de los terratenientes carcas (como diría el Secretario General de UGT)… o simplemente en un FASCISTA.

 

PINpampum

Si en un momento de crisis de tu Gobierno eres capaz de colocar en primera plana de los periódicos un recurso contra una decisión tomada cuatro meses antes por la oposición en una región y que nadie recordaba, hay que reconocer que o bien eres un genio o tu oponente no es muy espabilado… o ambas cosas a la vez. Pero ésta va a ser la dinámica de la legislatura que acaba de iniciar en España. Buscar polémicas por aspectos puntuales, exagerarlas y tensionar a la sociedad para que tenga que retratarse a favor o en contra de la misma y así saber si pertenecen al grupo de los buenos… o al de los malos y terribles fascistas. En esta ocasión el absurdo debate parece situarse entre si los hijos pertenecen a los padres o si, por el contrario, su primera obligación es con la sociedad de la que forman parte.

 Cualquier padre es consciente que un hijo no es propiedad suya en el momento en el que crecen y te ganan al futbolín o cometen aberraciones como hacerse seguidores del Atleti o del Barcelona. Más tarde, se verá ratificado cuando llegue a tu casa la novia de tu hijo/a luciendo un PIN de Vox o el novio con su brazo tatuado con la hoz y el martillo. Del mismo modo, desearás que tu hijo sea propiedad del Estado cuando la aparición de los primeros dientes de tu bebé no te deje dormir más de dos horas seguidas; o una diarrea imprevista surja en mitad de un delicioso almuerzo y se te haya olvidado la muda de recambio en casa; o tengas que pagar la factura de un audífono o unas gafas; o tu hijo llegue mareado a casa indispuesto por un intenso mal de amores y un par de copas de más; o pases horas en vela en un quirófano a la espera de que su incierto futuro se resuelva favorablemente.

Los padres somos conscientes de que los hijos tienen una responsabilidad con la sociedad de la que forman parte. De hecho, pasan más de seis horas al día en el colegio para recibir una formación integral obligatoria, de acuerdo con la Ley Educativa estatal y los contenidos que determina la Comunidad Autónoma en la que vives. Una educación muchas veces polémica, al restringir el idioma en el que quieres ser educado o presentar contenidos con marcado sesgo ideológico favorable a las tesis de los partidos en el poder.

PINk Floyd fue el primer promotor del veto parental en The Wall y su Teacher, leave the kids alone!, que es seguido en la actualidad por los promotores del home schooling. Pero la polémica actual no es una enmienda a la totalidad del sistema educativo. Se trata únicamente de una autorización de los padres para actividades escolares complementarias de sus hijos. Si bien es cierto que no son optativas y se imparten en horario escolar con aprobación por el Consejo Escolar de cada centro, hay que reconocer que no forman parte del núcleo central de la educación de los alumnos. Por otro lado, podría evitar a algunos padres contrarios al PIN que sus hijos participen en charlas provida de Hazte Oír o asistan a la promoción de los valores del ejército.

Lo que se presenta como una gran discusión acerca de la propiedad de los hijos es, en realidad, una pequeña discusión acerca del límite de decisión de los padres en un tema muy concreto. Yo nunca tuve en mis cada vez más lejanos tiempos de infancia y juventud este tipo de actividades complementarias y me siento feminista, contrario a la violencia de género, tolerante, respetuoso con la diversidad… Entiendo que la educación de mis hijos, durante todas las horas que asisten al colegio, está en el respeto a los valores humanistas y de respeto a sus próximos. Si no, tenemos un serio problema como sociedad.

Además, esta polémica se resuelve de una manera muy sencilla. Interponiendo un recurso sobre un conflicto positivo de competencia ante el Tribunal Constitucional. Las competencias en educación están divididas en aspectos que corresponden al Gobierno Central y otros que dependen del Gobierno Autonómico. Será el TC quien determine qué norma se aplica (aunque una jacobina representante de Podemos proponga ya la aplicación del 155). Es una manera de judicializar la política (algo que se supone pasado de moda en estos nuevos tiempos), aunque parece que esto no aplica para regiones no históricas, como el Reino de Murcia o el Cantón de Cartagena. Si se hubiese legislado en panocho, no habría problema.

Como soy muy mal pensado, creo que esta polémica absurda, además de ocultar vergüenzas del Gobierno, viene a preparar una polémica mayor en unos pocos meses o años. Imponer una educación pública y laica universal en España parece ser la siguiente lucha entre fascistas y antifascistas. La libertad de elegir una enseñanza concertada está en las antípodas de las creencias de los partidos que forman parte de la coalición en el Gobierno, aunque recurran a ella para sus hijos. Una libertad que podría quedar limitada a los ricos que se puedan pagar la educación privada.

 

Una lástima. Con lo bonito que sería buscar acuerdos transversales para la mayoría…

Violencia de género

54 mujeres han sido asesinadas por hombres en lo que llevamos de año en España en casos de violencia de género. Pero esto es solo una pequeña parte del problema. En 2018, de acuerdo un informe del INE, se produjeron 34.994 sentencias condenatorias en el ámbito de la violencia de género o violencia machista. De todas ellas, 3.940 han implicado el ingreso a prisión de los condenados (1.199 con sentencia firme a más de 3 años de privación de libertad), la mayoría por lesiones. Es la tercera causa de encarcelamiento en España. Sin duda, se trata de un problema muy importante que hay que atacar de raíz y que implica la movilización de importantes partidas presupuestarias para asistir a las víctimas, no dejarlas desamparadas y prevenir nuevos delitos.

La violencia de género está definida como aquella violencia (física o psicológica) del hombre hacia la mujer que se produce dentro de una relación (actual o pretérita) de afectividad. Este tipo de violencia es diferente de la doméstica (que puede ser producida tanto por hombres como por mujeres) en el entorno familiar. Es evidente que se han implementado medidas adicionales contra la violencia de género, pero esto no implica que la violencia doméstica no esté perseguida. Los delitos que se producen en este ámbito pueden tener penas agravadas en consideración a lo dispuesto en los artículos 22 y 23 del Código Penal. 7.388 personas (62% mujeres, 38% hombres) han sido consideradas víctimas de delitos de violencia doméstica. También hay estadísticas de hombres asesinados por sus parejas, que fueron 10 (7 por mujeres y 3 por hombres) en el último año.

El número de denunciados por violencia de género fue menos de 1,5 hombres por cada mil en 2018. También tenemos estadísticas que diferencian entre los denunciados que han nacido en España y los nacidos en el extranjero. 1,2 españoles por cada mil son acusados, mientras que lo son 4,6 nacidos en África y 3,5 en América. Estos números pueden ser analizados de dos maneras. Algunos harán hincapié en que, en proporción, son denunciados casi 4 veces más africanos y 3 veces más americanos que españoles y así alertar del peligro de la inmigración. Otra lectura es que el 99,54% de los hombres africanos o el 99,65% de los americanos no fueron acusados en 2018. La cifra no deja tampoco en mal lugar al 99,88% de machos ibéricos. Esto nos da una conclusión muy interesante. Del mismo modo que podemos admitir que existe violencia hacia la mujer por el mero hecho de serlo, ésta no se produce por la naturaleza del hombre, sino más bien contra ella. No hay nada que tenga menos hombría que abusar de una mujer.

A los delitos de violencia de género, habría que sumar los delitos contra la libertad sexual (violación, agresión sexual, abuso, acoso…), que se recogen en otros apartados estadísticos. Esto añadiría más de 2.700 condenas adicionales registradas por el CGPJ en 2018 por estos tipos delictivos contra mujeres. Estas cifras son rebatidas por organizaciones que afirman que los delitos que se producen son muy superiores a los que finalmente son denunciados. Una encuesta de Amnistía Internacional señala que el 7,2% de las mujeres españolas declaran haber sido objeto de violencia sexual a lo largo de su vida (aunque no se especifica de qué naturaleza). En cualquier caso, los hombres abusadores seguirían siendo una inmensa minoría. Yo diría que son un 2% y exagerando (lo que no dejaría de ser la escalofriante cifra de casi medio millón de varones). Lo que no existe en España es impunidad para los asesinos, ya que hemos visto en los medios de comunicación cómo finalmente terminan en prisión, por larga que sea la investigación del crimen.

Ante esta realidad, debería haber una unidad de acción en la lucha contra estos delitos, pero están surgiendo debates acerca de aspectos polémicos: el número de denuncias vs el número de condenas que se producen (23% del total de denuncias, 10% en Juzgados de lo Penal); la dificultad de valorar las pruebas en el caso de delitos que se producen en la intimidad; la formación insuficiente de las Fuerzas de Seguridad del Estado o de los Jueces en violencia contra la mujer; medidas cautelares que se toman sin tener en cuenta la presunción de inocencia del hombre; los recursos que se emplean para combatir la violencia de género (si son efectivos, si son suficientes, si hay corrupción en su gestión…). No hay que tener miedo a debatir sobre estos temas. Hace mucho tiempo que me enseñaron que lo que no se evalúa, se devalúa.

La Ley Integral contra la Violencia de Género se aprobó por unanimidad hace 15 años para luchar contra unos tipos de delito que suceden fundamentalmente en la intimidad y con ausencia de testigos. A esto se añade el hecho de la diferencia física favorable al hombre que se produce en más del 90% de las parejas. Es por ello que en este tipo de delitos se puede considerar suficiente únicamente la prueba testifical de la víctima, siempre que el Juez determine que su testimonio cuenta con visos de verosimilitud (que no exista motivación espuria, testimonio creíble y no contradicciones en el testimonio). ¿Puede facilitar esta situación un abuso por parte de mujeres frente a los hombres? Sin duda. ¿Existe alguna alternativa para evitar la violencia contra las mujeres? Complicado. ¿Por qué no se producen más investigaciones contra denuncias que no son admitidas? Porque se considera que ello supondría que mujeres en riesgo no darían el paso de denunciar.

Esto nos lleva a la pregunta central: ¿Qué riesgo preferimos asumir como sociedad, una mujer inocente muerta u hospitalizada o un hombre inocente separado de sus hijos o detenido? Creo que la respuesta, hoy día, es clara. Y la consecuencia también. Por eso, del mismo modo que estoy de acuerdo en que el número de denuncias es inferior a los delitos que se cometen contra las mujeres, también estoy convencido de que las denuncias falsas están infraestimadas. El número de casos que conozco (de mujeres que no han sido condenadas por ello) está muy por encima de lo excepcional que se supone que deberían de ser.

En ocasiones se han de tomar medidas injustas en casos concretos para ser justos con la mayoría. Para defender un bien jurídico protegido, como es la integridad de las mujeres, se puede menoscabar otro, como es la presunción de inocencia. Es una paradoja diabólica, que no servirá de consuelo para las personas que la sufren. Hay que ser consciente de la compleja realidad (difícil de aceptar en un mundo de buenos y malos, de blanco o negro), explicarla y aceptar las contradicciones… pero sin dejar de luchar por reducir al mínimo las injusticias. Tenemos que lograr también tolerancia cero de la sociedad hacia las personas que se aprovechan de una lacra social, como es la violencia contra la mujer, en su beneficio.

No creo que el Estado opresor sea un macho violador. Más bien al contrario. Donde se producen los mayores abusos es donde no existe un estado represor con medios para combatir al macho violador. Si se repiten eslóganes importados, hay que tener en cuenta que se están solidarizando con mujeres que no tienen ni la suerte ni los medios que existen en España (aunque todavía haya margen de mejora), sino que sufren en sus carnes la impunidad de unos Estados que no las protegen. Ser mujer pobre en un barrio pobre de un país pobre es una enorme tragedia. Como aquella mujer en un barrio del sur de Bogotá que nos contó que fue cruelmente violada por 3 amigos de su ex pareja como castigo por haberlo abandonado ante sus abusos. Un crimen impune, ya que no fue ni denunciado por el miedo que tenía por su vida.

Hay que saber diferenciar entre el feminismo y los delitos. El feminismo no es de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. El desarrollo de la mujer y su mayor presencia en la vida pública, es un impulso beneficioso para nuestra sociedad. Es una transformación imparable, de la que tenemos que hacer bandera. Habrá hombres que protesten y les cueste aceptar el cambio de roles que se está produciendo en nuestra sociedad, pero eso no les convierte en delincuentes. Hay que intentar ser siempre justos, incluso con Woody Allen.

Todo delito contra las mujeres tiene que salir a la luz y ha de ser castigado. Sin ninguna impunidad ni condescendencia. Pero no nos olvidemos de que el objetivo a largo plazo no es que haya un mayor número de denuncias o de condenas, sino al contrario. El objetivo final es que no haya casos ni de violencia machista ni contra la libertad sexual porque se haya logrado entre todos, hombres y mujeres, la erradicación de este tipo de violencia. Trabajemos juntos para educar a nuestros hijos en ese sentido. Ése será nuestro éxito.

Provocaciones

El mundo está y ha estado siempre lleno de provocadores, pero parece que últimamente se están incrementando:

  • Arrimadas, por ejemplo, se ha puesto a provocar al ir a la Manifestación del Orgullo. La policía no tendría que haber intervenido. Tendrían que haber linchado a los de Ciudadanos, que es lo que realmente querían, al estilo de Fuenteovejuna. Para eso el pueblo sabe dictar justicia contra los partidos que pactan con fascistas. Aunque defiendan lo mismo que nosotros, no son como nosotros.
  • Otros provocadores son los Guardias Civiles de Alsasua. Solo a ellos se les ocurre salir de copas en territorio enemigo con sus novias. Han de tener claro los sitios en los que pueden estar y en los que no. Fueron ellos los que se pusieron en riesgo, no los inocentes que se sacrificaron, haciéndose daño incluso en pies y manos, para imponer el daño que tienen derecho a causar (Otegi dixit).
  • Como los moros… Solo a ellos se les ocurre construir mezquitas en una tierra que les expulsó después de 8 siglos de guerra. Los que invadieron tierra cristiana, ahora quieren invadir tierra agnóstica e imponer sus creencias, poner velo a nuestras mujeres y exigir que se respeten sus identidades culturales (como no comer cerdo)
  • O la tipa de Pamplona. Solo a ella se le ocurre vacilar a una manada de simios en la noche de San Fermín, diciendo que se podía tirar a los cinco a la vez. Se lo tendrá bien merecido… y la próxima vez que no se vaya borracha y sola con unos desconocidos. Los pobrecitos no se pudieron contener.
  • O el tipo que le dieron una paliza porque iba con una pulsera con la bandera de España… Solo a él se le ocurre ir vacilando con propaganda fascista. Es lógico que se encuentren con los de la justicia proletaria para poner orden. Que se lo piense dos veces la próxima vez antes de salir así vestido
  • Y hablando de vestidos… qué decir del maricón ése que salía en las noticias hace poco. Normal que haya un tipo que le quiera hacer heterosexual a hostias, si no hace otra cosa que ir vestido de manera escandalosa y dándose besos con su novio, cuando hay niños pequeños delante.
  • Pero ya el colmo fue el de Rosa Parks. ¿Qué se creía esa negra ocupando un sitio de blancos en un autobús?

Si no has sentido asco leyendo todas mis provocaciones, tienes un problema. Sobre todo si has sentido repugnancia leyendo la mitad de ellas, pero te has sentido de acuerdo con la otra mitad. La democracia consiste en respetar las ideas del otro, por muy diferentes que sean de las tuyas. Y las puedes defender donde y cuando quieras. El que piensa diferente a ti no es fascista, simplemente piensa diferente. No puedes aceptar la violencia en los casos que coinciden con lo que piensas y denigrarla en los que no. El problema no lo tiene el que provoca, sino el que se siente provocado.

El único límite está en la Ley. Y puedes defender las ideas que quieras, desde un estado sin autonomías a la independencia. Desde la adopción de hijos por parejas LGTBI hasta la educación diferenciada por sexos. Y buscar las mayorías para lograr que se apruebe aquello en lo que tú crees. Con la negociación, con la fuerza de las palabras. Sin insultos, sin agresiones. Desde la discrepancia, desde el respeto.

Y da mucha más lástima que se convierta en exclusivo lo que nació con la intención de ser integrador, de ser TRANSversal, de ser inclusivo. La pena es que no es la primera vez… Sucedió lo mismo con la bandera feminista.