El viejo ordenador

Una de las noticias que más me ha impactado este verano es descubrir que Pablo Casado mantiene todavía su viejo ordenador de más de 9 años de antigüedad. En su descargo hay que señalar que es preferible que te acusen de un cierto síndrome de Diógenes a ser tachado de insensible medioambiental por haberte deshecho del equipo sin conservar el recibo de entrega en el correspondiente punto de reciclaje de tu ciudad. Porque siempre te van a acusar de algo. Estoy convencido de que Pedro Sánchez guarda el comprobante del equipo informático en el que preparó su tesis doctoral, aunque ello impida demostrar que las palabras atribuidas al exministro socialista Miguel Sebastián son simple fanfarronería.

En cualquier caso, después del famoso compi yogui de nuestra actual reina en conversación privada con un amigo en apuros, el ofrecimiento de Casado para entregar su viejo ordenador a un juez se convierte en una decisión un tanto temeraria. Mientras confía en el secreto de sumario, el proceso para demostrar su inocencia (aunque yo creía que se tenía que demostrar la culpabilidad…) puede convertirse en un juicio a la juventud del actual presidente del Partido Popular.

Aunque yo carezco de la relevancia del personaje en cuestión, quiero adelantarme al hecho de que algún equipo informático por mí usado (en los cada vez más lejanos tiempos de mi juventud) caiga en manos inapropiadas. En el hipotético caso (muy remoto y poco probable) de que hubiese recibido cadenas de mensajes con mujeres ligeras de ropa y hubiese osado realizar algún comentario halagador de las mismas (mucho más remoto y mucho menos probable), os rogaría que por favor no penséis que el motivo fue la cosificación de la mujer en la que caen los estereotipos heteropatriarcales (ni siquiera en el caso de las curvas de Gisele Bündchen), o tampoco por las contradicciones en las que otros políticos caen, sino simplemente por las inseguridades propias de la edad y la necesidad de aceptación social.

En cualquier caso, volviendo a Pablo, creo que el mayor interés por su trayectoria académica es (o debería ser) periodístico y no judicial. Sabemos que no fue un crack en las aulas. Su abnegada vocación por el servicio público desde la juventud provocó que tuviese que dejar ICADE por la Cardenal Cisneros, donde le convalidaron muchas asignaturas y aprobó en el último año casi la mitad de la carrera. También se sabe que su master predoctoral (que luego no utilizó) fue obtenido en gran medida por las convalidaciones y por unos trabajos manifiesta haber entregado. Pero no le corresponde a Casado demostrar que lo entregó, sino a los que le acusan de no haberlo hecho.

Pablo y Pedro sabrán cómo picaron piedra para conseguir las titulaciones que actualmente poseen. Y ellos sabrán qué es lo que quieren demostrar o no. Y los periodistas o los ciudadanos decidiremos si ello es relevante para nosotros o qué justificaciones necesitamos para dar el apoyo a alguno de ellos (o a ninguno de los dos). En cualquier caso, yo no necesito que mi Presidente sea un erudito. De hecho, muchos eruditos son pésimos gestores. Yo quiero que mi Presidente tenga la humildad de rodearse de gente mucho mejor que él, ideas claras, liderazgo y capacidad de gestionar un equipo que proporcione bienestar a los españoles.

Y, mientras no se demuestre lo contrario, confiaré en su inocencia mientras espero que se dediquen a los problemas que son verdaderamente importantes

2 comentarios en “El viejo ordenador

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