Feminismo, ¿de izquierdas o de derechas?

Para la RAE, feminismo es “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. Con esta definición, el feminismo no es exclusivo de derechas o de izquierdas: es transversal. Pocas personas pueden oponerse a ello hoy día. De hecho, España ya tendría una Constitución feminista, tal y como se puede leer en su artículo 14, donde se recoge la igualdad de todos los españoles, sin que quepa ningún tipo de discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Aunque todos deberíamos declararnos feministas sin rubor, un grupo amplio de personas siente rechazo ante este término, incluso mujeres. El prejuicio que se tiene hacia la palabra hace que se defina qué tipo de persona es, su ideología, a qué partidos vota, etc. solo por declararse feminista. Es el mismo proceso mental que se utiliza para establecer el estereotipo de una persona que se define católico, musulmán, sindicalista, empresario o agricultor. Pero la realidad es mucho más dinámica que la rigidez de los apriorismos.

Se puede ser feminista de muchas maneras, aunque yo me fije en dos planteamientos. El primero está enfocado en una igualdad de suma cero. La sociedad está configurada por una serie de estructuras de poder que han de ser repartidas de manera igualitaria entre hombres y mujeres. Esto implicaría una lucha, ya que espacios de poder que anteriormente estaban ocupados por hombres pasarían a estar desempeñados por mujeres. Unos ganan y otros pierden. Esto responde a planteamientos de justicia social o de reparto de la riqueza, que han sido tradicionalmente defendidos por la izquierda. Corrección de una situación injusta mediante la lucha de clases (en este caso de géneros), donde se pase de una sociedad masculina a una sociedad igualitaria o a una sociedad femenina.

Un segundo planteamiento responde a la preocupación capitalista (derecha) de generar mayor riqueza mediante la utilización óptima de recursos productivos (como es el talento humano), que están actualmente infrautilizados por una sociedad poco eficiente en el empleo de los mismos. Existen, por tanto, incentivos para promover la igualdad de género, ya que el resultado de un mayor protagonismo de la mujer implica la incorporación en la sociedad de mucho más talento y más diverso. El resultado no ha de ser un reparto del poder, sino la creación de nueva riqueza y de mayor bienestar, de la que nos beneficiemos tanto mujeres como hombres en una nueva sociedad igualitaria.

Como me considero una persona moderada pienso que, entre estas dos posiciones, en un punto medio se encuentra el equilibrio. Es evidente que una transformación social implica no pocas luchas y callos pisados en un mundo que sigue siendo machista, pero no lo es menos que para repartir la riqueza, primero hay que generarla. No obstante, más allá de las preocupaciones de un lado de crear un tipo de sociedad o de otros por generar más riqueza, la transversalidad posiblemente se encuentre en la posibilidad de todas las personas (mujeres y hombres) de poder elegir libremente qué opciones quieren tomar en su vida en igualdad de condiciones. Ése ha de ser el rol del Estado. Y creo que la solución viene más por incentivos que por cuotas.

Caeríamos en un inmenso error si construimos el relato feminista mediante una condena de nuestra historia. Hemos llegado al mejor momento feminista de la historia a pesar de y gracias al camino recorrido de forma conjunta entre hombres y mujeres. Y el reto es que estemos viviendo el peor momento feminista de la historia que está por venir. Si bien es cierto que hubo 50.000 mujeres asesinadas por brujería en Europa (de las que únicamente fueron 20 en España y no constan registros en América Latina), no es menos cierto que el número de hombres asesinados por su ideología, raza o religión (o combatientes en guerras absurdas) hasta hace apenas unas décadas también se puede contar por millones.

El mayor protagonismo de las mujeres en nuestra sociedad es consecuencia y causa de la ingente transformación de nuestra sociedad en los últimos años. Aun así, todavía hay mucho camino por recorrer, dentro y fuera de ella, porque ¿cómo será el mundo cuando incorpore el inmenso talento de las mujeres en el mundo islámico, China, India u otras sociedades que todavía tienen un camino más amplio por recorrer que el nuestro?

Como no tengo hijas que me inspiren en el feminismo, tendré que buscarlo en el modelo de sociedad que vivirán mis hijos. A lo largo de la historia, únicamente las sociedades abiertas e inclusivas han triunfado.

PD: Si cambiamos el término género por el término raza, creencia, religión o pobreza llegaréis a la conclusión de que el planteamiento puede ser el mismo.

9 comentarios en “Feminismo, ¿de izquierdas o de derechas?

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