Valor

El partido agonizaba. Tras una cruenta batalla de más de 20 minutos, comenzó el tiempo suplementario. Un empate a 17 goles lucía en el marcador. En un extremo del pasillo, un niño de 7 años. En el otro, su hermano, 15 meses mayor. En medio, una pelota de trapo. La regla de desempate en la prórroga era el clásico mete gol, gana. El benjamín de la familia consumó la sorpresa en Las Gaunas con un derechazo espectacular a la escuadra. El decimoctavo gol y la victoria tuvieron un alto precio… Un cuadro que contenía la foto de un elegante gallo fue el daño colateral que certificó el triunfo con el cristal roto en mil pedazos. No hubo opción a la revancha, al quedar impracticable el terreno de juego.

Fue el momento en que el valor de esos dos niños pequeños se esfumó activándose el sálvese quien pueda de acuerdo a la larga tradición española: el chivo expiatorio. Andábamos en aquel entonces escasos de la madurez necesaria para acudir los dos hermanos de la mano ante la autoridad y confesar un accidente provocado por nuestra negligencia al realizar una actividad prohibida por las más altas instancias, por lo que teníamos tres opciones. La primera consistía en culpar a una catástrofe natural, un inesperado terremoto sucedido de manera repentina en aquel lado de la casa que había ocasionado una inevitable desgracia; la segunda era culpar al autor del chut funesto, a la par que prodigioso; y la tercera era condenar al hermano mayor, que siempre ha de ser el más responsable.

Ante la falta de credibilidad de la primera opción, yo me inclinaba por la tercera mientras que mi hermano abogaba por la segunda. Pero no nos dio tiempo a expresar nuestros argumentos de forma tranquila y sosegada. Los dos hermanos nos escondimos de manera preventiva, pero la autoridad suprema no tuvo dificultad para encontrarnos una vez certificó el fatal desenlace de un gallo que nunca sirvió para pepitoria y aplicó el jarabe de zapatilla de forma democrática a ambos zagales por igual.

Al pasar a la adolescencia y la primera juventud, el valor ausente en la niñez se convertía en una presencia que nos convertía en casi adultos. El valor se demostraba con una pregunta y una respuesta. La pregunta era ¿a que no hay huevos? y la respuesta consistía en Sujétame el cubata. Una prueba más de las nefastas consecuencias que supone el grave problema del alcoholismo juvenil en España. Ya se sabe que la adolescencia es la época en la que quienes inician su proceso de abandono de la niñez (un largo periodo que a muchos les dura hasta pasados los 50) tienen la mala costumbre de cuestionar las sabias enseñanzas que su madre les ha inculcado durante tanto tiempo: ¿Si tu amigo te dice que te tires de un puente, tú te tiras? A lo que el adolescente respondería: Tan solo si me dice ¿a que no hay huevos?

Cuando uno ya es adulto, el valor se demuestra de diferentes maneras. Crear una familia, cambiar de trabajo, emprender un nuevo negocio, dejar tu lugar de origen en busca de nuevas oportunidades, hipotecarte por 30 años… Muchas de estas decisiones, ya sea en el mundo laboral o en el personal, tienen consecuencias que implican riesgos. Puedes acertar o equivocarte. Las decisiones importantes en tu vida implican un periodo de discernimiento, donde tienes que evaluar los pros y contras. En muchas ocasiones van más allá del mero sentimiento egoísta del bienestar propio, ya que las consecuencias de tus actos también afectan a otras personas. Un valor en el que ha de primar la razón sobre el sentimiento.

Por eso, cuando en esta semana se habla de la necesidad de valor para afrontar el problema que ha generado el separatismo catalán, y se vincula ese valor a la adopción de un indulto, no está de más plantearnos ante qué tipo de valor nos encontramos: infantil, juvenil o adulto.

El procés se desencadenó por un problema de valor infantil. La explosión de sentimiento independentista se produjo como reacción a la crisis económica de 2008. Se rompió el cristal del cuadro del bienestar con una recesión salvaje que implicó la pérdida de cuatro millones de puestos de trabajo en toda España y elevados recortes en los servicios públicos. El degaste del gobierno de Artur Mas implicó la respuesta de los indignados catalanes y un asalto al Parlament en el que el partido de Puigdemont sumaba mayoría con el PP. Espanya ens roba fue la solución catártica para esos gobernantes infantiles. El problema no era suyo, el problema estaba causado injustamente desde fuera.

Cataluña se rompió por la mitad. El colofón a este sinsentido vino a consecuencia de una muestra de valor adolescente. Cuando Puigdemont iba a convocar elecciones autonómicas en 2017, salió un político rufián con su particular ¿a que no hay huevos? en forma de un tuit en que mencionaba 155 monedas de plata como la razón para que el Manneken Puchi reculase y así estar ERC en posición de ganar esas elecciones. Su peculiar sujétame el cubata fue declarar unilateralmente la independencia durante apenas 8 segundos, ciego por su mancillado orgullo. Los sentimientos mataron a la razón. La consecuencia fue que el Tribunal Supremo les condenó por sedición y no por rebelión, en consideración a su inmaduro proceder. El resto de muestras de valor ya las conocemos: huir en el maletero de un coche, discursos desde Waterloo y un particular sujétame que le meto consistente en una repetición machacona del ho tornarem a fer.

Parece mentira, pero ya va para cuatro años de esta locura y ahora se reclama valor a los constitucionalistas. ¿Y en qué se supone que consiste el valor para nuestro presidente del gobierno? Nos indica que en indultar a los niños y los adolescentes, reconociendo que van a seguir comportándose como tales, porque se supone que nosotros somos los adultos y hemos de tener empatía y altura de miras. Pero una vez más nos olvidamos del sabio refrán español: el que con niños se acuesta, meado se levanta. La pena es que el gobierno ya está meado y, lo que es peor, necesita de esa lluvia dorada para subsistir. Es el precio que hemos pagado todos los ciudadanos para que Sánchez llegase al poder mediante una moción de censura y por seguir en él tras las elecciones de 2019. Un poder que mantuvo con unos que le producían insomnio por populistas y otros rechazo por querer romper España, en el modificado más falaz de la historia reciente.

¿Que hace falta valor? Sin duda. Pero valor adulto. El valor de reconocer que Cataluña es una región maravillosa en un magnífico país; que Cataluña es un motor económico y cultural de primera categoría; que el nivel de autogobierno de Cataluña es uno de los mayores entre las regiones de todo el mundo; que los partidos nacionalistas han influido con su apoyo al gobierno de España durante 20 de los últimos 28 años; que el sistema de financiación autonómico vigente fue pactado con ERC; que la causa del alto endeudamiento de Cataluña proviene de la mala gestión realizada por sus propios gobernantes o que España es uno de los primeros países en calidad democrática a nivel mundial. Y, sobre todo, el valor adulto de asumir el riesgo de perder el poder por mantener las mismas convicciones que defendías hace menos de dos años frente al desafío independentista. El valor de la justicia, no del interés. ¿A que no hay huevos?

Valor implica lealtad. Si la única salida que ofrecen los separatistas es la independencia, ¿qué gestos se pueden ofrecer? ¿Qué lugar hay para el acuerdo? ¿Por qué tengo que aceptar que no puedo ir a un territorio que forma parte de mi propio país desde hace más de 5 siglos? Siempre he sido partidario de un encaje entre Cataluña y el resto de España, pero hay que romper la clave perder-perder que se ha instalado en el pulso infantil separatista, que únicamente deriva en una estéril pelea de pobres contra pobres. Tenemos que generar una dinámica de ganar-ganar, que no se resuelve por el lado de mayor o menor autogobierno sino por proporcionar los mejores servicios a todos los ciudadanos, sea cual sea su ideología. Poner en el centro de la vida política a personas libres e iguales, no a territorios bajo el pretexto de romanticismos decimonónicos.

Si seguimos hinchándonos a cubatas, lo único que conseguiremos será una meada más grande. Para salir de un agujero, lo primero es dejar de cavar.

3 comentarios en “Valor

  1. Albert

    La explosión del sentimiento independentista no se produjo por la crisis económica de 2008 sino por la falta de voluntad del Estado Español en encontrar un encaje en Cataluña despues que:
    – Una renovación estatutaria , que suponía un nuevo acuerdo para el encaje en el siglo XXI de la region, fuera tumbado por el Gobierno popular recortando hasta 14 articulos que sí se habian admitido en otras comunidades.
    – Se insistiera en un nuevo pacto fiscal con el portazo constante de Madrid, hasta que el govierno catalan adviertio que seria él quien aguantaria el cubata cuando la ciudadania saliera a la calle, indignada, a protestar.

    Por lo tanto, esa frustracion de la ciudadania saliendo indignada el 11/09 de 2012 no fue por una crisis de Lehman Brothers el 2007, sino por admitir que no existia voluntad ni compromiso del Estado por reconocer un problema (para esos de Madrid , el conflicto era aun inexistente) y confirmar que habia que pasar pagina fuera de ese Estado Español , que los politicos de siempre eso no lo resolverian y era necesario buscar otras vias, si hacia falta fuera de ese corsé llamado Comunidad Autonoma dentro de España. La gente, la de la calle, se organizo, y de alli salieron la ANC u otras entidades que nos llevaron a donde estamos hoy.

    Por lo tanto, hay que dejar de cavar, pero no olvidar el por qué se llego hasta aqui.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Es un punto de vista, pero el origen también se puede ver de manera diferente, como comenté en https://jualpofu.wordpress.com/2017/09/25/posverdad-en-cataluna/

      Los 14 artículos que eran inconstitucionales implican un 94% de artículos que sí lo eran. Como comentas, el pacto fiscal se solicitó… y fue en plena crisis económica, por lo que era inviable. Se creo una imagen de un estado explotador, que no es cierta, para salvar su propia ineptitud como gestores, lo que llevó a que ese Estado Español comprase toda la deuda autonómica y pagase los proveedores de una Comunidad quebrada.

      Yo creo que hemos llegado a este punto por la ineptitud de los gobernantes que ha tendido Cataluña en la democracia (tanto por corruptos del 3% como por el tripartit), no por culpa del gobierno central.

      La ventaja para los ineptos es que con un enemigo exterior llevan tapando sus vergüenzas desde 2012

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  2. Pingback: Zenón, Aquiles y la tortuga – Zihuatanejo

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