Envidia

La envidia se produce por una conjunción de falta de autoestima con exaltación de las virtudes ajenas. Para el envidioso, la esposa ajena es más comprensiva que la propia, los compañeros de clase de sus hijos son más aplicados que los suyos y el coche del vecino está más equipado que el que acaba de adquirir. Este fenómeno se ve potenciado en época de pandemia. Así los envidiosos patrios anhelan la industria y el desarrollo de Alemania y los alemanes añoran disfrutar del sol de España.

Mientras los españoles exaltamos el orden ajeno despreciamos las virtudes propias. El turismo, que ahora es denostado por el Director General de Consumo (ascendido a la categoría de Ministro) como sector de bajo valor añadido, parecía un buen negocio hace menos de un año. Y lo era. Si nos fijamos en las estadísticas mundiales, en 2015 el número de turistas a nivel mundial era de 1.196 millones y en 2019 subió hasta 1.461 millones, lo que supone un incremento de más de un 22% en apenas 4 años. Cada vez hay (o había) más personas con la voluntad de conocer sitios diferentes de nuestro planeta, derivado de un mayor bienestar económico global.

En el reparto de turistas, España ganó la medalla de plata únicamente detrás de Francia, recibiendo en 2019 casi 83 millones de visitantes. En 2010 España ocupaba el cuarto lugar del ranking (detrás de Francia, China y Estados Unidos) con 53 millones de visitantes. En 9 años se ha producido un espectacular incremento de casi el 60%, con otro elemento añadido: España ocupa el segundo lugar en cuanto a ingresos por turismo, con casi 67.500 millones de Euros, únicamente por detrás de Estados Unidos. Todo ello nos ha convertido, según el World Economic Forum, el país más competitivo el mundo en términos turísticos. Creo que deberíamos sentirnos orgullosos de todos los puestos de trabajo que el turismo ha creado, así como los ingresos fiscales que ha generado después de la crisis de 2008 y que volverán cuando superemos el coronavirus. Si todos los sectores de la economía española hubiesen evolucionado igual en la última década, ahora seríamos superpotencia mundial. Crear un círculo virtuoso de semejante envergadura solo se alcanza mediante un exitoso trabajo en equipo que implica la conjunción de múltiples esfuerzos. España tiene la suerte de contar con unos lugares irrepetibles y unas condiciones excepcionales: sol y playa, museos, gastronomía, naturaleza, arquitectura… pero esto es algo que también tiene Italia y cada vez logramos tener más visitantes que ellos. Una buena materia prima es condición necesaria para un buen guiso, pero no suficiente. También se precisa de buenos cocineros.

Pongamos un ejemplo. Un vecino (imaginemos que se llama Paco) de Granada cuenta con el entorno idílico de La Alhambra, el Albaicín o la Catedral, lo que asegura a la ciudad un elevado número de visitas al año. Paco, que se ha preparado para gestionar restaurantes, puede emplear sus ahorros o conseguir financiación para abrir un establecimiento en el que ofrecer sus elaboraciones a las personas que visitan su ciudad. Así, siempre es atractivo para un turista degustar las habas con jamón, el remojón granadino o el plato alpujarreño. Paco va a realizar una apuesta. No hay ningún ministerio que indique el lugar en el que tiene que abrir ni el menú a ofrecer ni asegura un mínimo de ingresos. Si acierta con la calidad de su carta y con el precio, su restaurante se llenará y podrá contratar a más personas. De ese modo ganará dinero. Si se equivoca, tendrá que despedir a sus trabajadores y perderá sus ahorros o no podrá hacer frente a la financiación que solicitó, lo que incluso le puede ocasionar la pérdida de el inmueble que él o su familia han puesto como garantía. Imagino que ésta es la peor pesadilla de todos los Pacos que se embarcaron en un nuevo negocio antes de empezar la pandemia.

Las apuestas pueden ser de diferente alcance. Se puede ofertar comida típica a precio asequible, en un restaurante más pequeño con un alquiler barato, o se puede elaborar comidas más refinadas, en un lugar céntrico, con un precio más elevado, que persiga a un cliente de mayor poder adquisitivo y que esté dispuesto a pagar un precio superior. Este proceso de mayor elaboración, que a su vez implica una inversión y un riesgo mayores, puede conllevar un efecto de retroalimentación al turismo. Realizar una ruta por los bares de tapas del centro histórico o tener una experiencia gastronómica en alguno de los 10 restaurantes más reconocidos en Tripadvisor puede convertirse en un foco adicional de atracción de turismo. De este modo, el elemento que me puede hacer volver de visita a Granada ya no es la Capilla de los Reyes Católicos, sino almorzar o cenar en un restaurante con estrella Michelín. Y esto es lo que hace que Granada haya llegado a 5 millones de visitantes en 2019.

Las personas que realizaron una inversión exitosa, pueden mantener su establecimiento (con el riesgo de que termine pasando de moda) o seguir innovando y subir su apuesta. De este modo, se abre la opción de ampliaciones en el local para incrementar el número de mesas en las que atender a sus comensales; puede abrir nuevas sedes; crear franquicias con su marca; o generar cadenas de catering con las que atender eventos o comidas a domicilio. Nuevamente, esas apuestas implicarán un riesgo (en forma de costes más elevados) que se verá compensado (o no) con mayores ganancias. Las sociedades desarrolladas se construyen así, desde abajo hacia arriba. Mediante la iniciativa, el sacrificio y el riesgo. El éxito generará nuevos puestos de trabajo y conllevará el pago de impuestos más elevados. El fracaso supone regresar al punto de partida.

El límite no está topado. No hay más que pensar que Amazon nació hace 25 años vendiendo únicamente libros. Lo que acabamos de ver en el sector de la gastronomía se puede aplicar a otros en el sector turístico, como los hoteles. De nuevo, una vecina de Granada (la llamaremos Ana) puede optar por invertir en un pequeño hotel que sirva de alojamiento a turistas, ya sea en un lugar sencillo pero céntrico o mejor equipado pero más lejos de ellos. Pero Ana también puede realizar una inversión mayor para ofrecer habitaciones más amplias y confortables, gimnasios equipados, piscinas o parques acuáticos, restaurantes variados, actividades recreativas y de ocio, centros de spa, talleres para los más pequeños… De este modo, el hotel en sí puede convertirse en un centro de interés de turístico o un incentivo para que los visitantes se queden más tiempo en una determinada localidad, disfrutando de una oferta completa que combine la cultura, la playa o la actividad rural con días adicionales de descanso en el complejo hotelero. La experiencia exitosa en un lugar determinado, también se puede replicar en otros lugares. En este campo, las empresas españolas han sido pioneras en la internacionalización, con grandes grupos hoteleros como Meliá, NH, Barceló, Riu o Iberostar.

Alrededor del turismo, surgen multitud de oportunidades de negocio: deportes de aventura; guías turísticos que convierten una visita a los monumentos en una experiencia amena e interesante; emprendedores de la economía digital que creen apps en las que los visitantes a los museos puedan conocer con más detalle los secretos que encierran; organizar festivales culturales (cine, teatro…) que den singularidad a una localidad (como la Seminci en Valladolid o el Festival de San Sebastián); recorridos de compras por grandes almacenes como El Corte Inglés… Y todas estas iniciativas se van complementando y retroalimentando. De este modo, para disfrutar en plenitud Granada no va a ser suficiente con un par de días, sino que precisarás de al menos de una semana (o incluso más, si quieres disfrutar de los encantos que ofrece la provincia, ya sea en su costa o en Sierra Nevada).

Otro ejemplo claro de la creatividad española lo podemos ver en el nuevo Santiago Bernabéu. Ya no solo vas a disfrutar de un espectáculo deportivo de primer nivel (aunque este año parece que va a ser más complicado) sino que también se conjugará con una obra arquitectónica de primer nivel, el cuarto museo más visitado de Madrid, un recorrido de compras de las principales marcas o una cena en el restaurante de Martín Berasategui. Una vez más, puedes pasar de una experiencia de 2 horas a otra de un día completo.

Por tanto, España no tiene un problema con el turismo. Tiene un sector con el que dar envidia a los países vecinos y tiene el valor añadido de que toda esa creatividad no solo está a disposición de las personas que nos visitan, sino que también hacen de España uno de los países con mayor calidad de vida para sus habitantes. Gracias a todos los turistas que tenemos, el español tiene una variedad de oferta a la que no podría aspirar solo con sus nacionales.

El riesgo que se nos presenta con el coronavirus es que todo el trabajo y el emprendimiento que numerosas personas han realizado para generar esta oferta tan atrayente se pierda. Tenemos un riesgo elevado de salir de ese círculo virtuoso para entrar en otro vicioso. Si perdemos restaurantes, hoteles, empresas de transporte, locales de ocio… no solo tendremos menos turistas o se quedarán menos tiempo, sino que además tendremos menos puestos de trabajo y menos ingresos vía impuestos. Es por ello que es tan importante que se apoye no solo a los trabajadores en estas empresas vía ERTEs, sino también a los propietarios de los negocios. Si se destruye una parte importante de ese tejido productivo ¿a qué se van a dedicar sus trabajadores? En Alemania, por ejemplo, están dando un apoyo del 75% de lo facturado en 2019 a sus bares y restaurantes (¡qué envidia!).

Una vez que hemos visto que podemos sentirnos orgullosos de nuestro sector turístico, siempre saldrán envidiosos que afirmen que no estamos a la altura del resto de los países europeos en el resto de sectores económicos. Pero entonces también nos damos cuenta de que el 25% de las obras más importantes de infraestructura en el mundo están desarrolladas por las empresas constructoras españolas (como ACS, Ferrovial, Acciona, FCC…); contamos con dos de los bancos más importantes a nivel mundial (Santander y BBVA); somos líderes en desarrollo de energías renovables (Acciona, Iberdrola, Gamesa); tenemos la principal empresa mundial de textiles (Inditex); empresas energéticas de primer nivel (Repsol, Naturgy, Enagas); o tres escuelas de negocio entre las más reconocidas (IESE, IE, ESADE).

Todos estos elementos de orgullo no son óbice para reconocer que seguimos teniendo una de las tasas de desempleo más elevadas de la OCDE. Entonces los envidiosos dirán que es por nuestra falta de talento. Que nos gustaría formar parte de un país innovador, capaz de inventar la calculadora, la epidural, el submarino, el helicóptero, el libro electrónico, el traje espacial o los aparatos de rayos X portátiles… hasta que nos damos cuenta de que fueron españoles los que trajeron estas innovaciones al mundo. El problema quizá lo tenemos en ser capaces de traducir nuestra creatividad en patentes, las patentes en proyectos comercializables y todo ello a través de empresas que generen puestos de trabajos de calidad para nuestros profesionales. O quizá esté pendiente aportar más recursos para una investigación en la que exista una colaboración mucho más cercana entre las empresas y las universidades, aunque surgirán voces acusando de que se quiere privatizar la universidad.

Por tanto, en España tenemos una gran creatividad y somos capaces de traducir en negocios pequeños nuestro talento. También somos líderes mundiales cuando somos capaces de generar grandes compañías que pueden competir con las principales multinacionales. Entonces, el problema está en que el número de grandes empresas que tenemos es muy inferior a las que existen en el resto de Europa. Por ejemplo, el porcentaje de grandes empresas alemanas es cuatro veces superior a las españolas (¡qué envidia!). Es por ello que hemos sufrido mucho más que los países vecinos y la tasa de paro se dispara en los momentos de recesión. Solo podremos igualarnos a los países que envidiamos mediante el crecimiento de las pequeñas empresas en medianas, las medianas en grandes y las grandes en más grandes… o atrayendo la inversión de grandes empresas extranjeras para que se instalen en España. Tenemos la experiencia exitosa de la industria del automóvil, que ha crecido hasta convertirse en nuestra principal fuente de exportaciones. Además, estas grandes corporaciones generan otro círculo virtuoso, creando nuevas PyMes alrededor suyo para proveer bienes y servicios.

Las grandes empresas son las que pagan salarios más elevados, realizan políticas de inclusión de discapacitados, reducen brechas de género, tienen planes para potenciar la diversidad, implantan políticas ambientalmente sostenibles, códigos éticos, sistemas de control de calidad o programas de Responsabilidad Social Corporativa. En una empresa de apenas tres trabajadores, la única manera de conseguir el objetivo de igualdad de género sería implantando la política queer, de manera que cada uno se pueda sentir del género que considere y así cumplir con los objetivos que se planteen. Sin embargo, los grandes empresarios de nuestro país como Amancio Ortega, Ana Botín o Juan Roig sufren en muchas ocasiones el rechazo y la criminalización por parte de mediocres envidiosos que no han generado riqueza en su vida, en lugar de ser vistos con admiración y orgullo. Así llegamos a la paradójica situación en la que se quiere establecer mucha regulación para la gestión de las grandes empresas pero poca regulación para que haya grandes empresas en España.

Mientras el sector privado se construye generando riqueza desde abajo hacia arriba, el Estado se construye desde arriba hacia abajo gastando los ingresos que el sector privado genera mediante una serie de criterios que establecen políticos que son elegidos democráticamente por los ciudadanos. Esto no implica necesariamente que sean funciones contradictorias, sino que también pueden generar círculos virtuosos que se retroalimentan. Volviendo al ejemplo de Granada, puede llegar a 5 millones de visitantes al año gracias a contar con un sistema de comunicaciones que facilita su acceso (AVE, aeropuertos, carreteras…); una seguridad ciudadana garantizada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; una sanidad (pública o mediante conciertos con empresas privadas) donde poder atenderse en caso de enfermedad o siniestro; un sistema de abastecimiento de agua potable para casas y hoteles; un servicio de recogida de basuras; una información turística que permita conocer toda la oferta que la ciudad ofrece… o tantos otros servicios. Y para gestionar todas estas actividades, necesitamos también pagar a unos políticos preparados que sean capaces de hacer crecer esas sinergias entre lo público y lo privado o generar nuevas (como potenciar el Puerto de Motril para convertirlo en puerta de entrada para el turismo de cruceros en Granada).

Hay muchas otras actividades que también están asignadas a las Administraciones Públicas como educación, pensiones, prestaciones de desempleo… Su función es garantizar la inclusión social, de forma que se genere un nuevo círculo virtuoso. Por ejemplo, garantizar un acceso a educación de calidad donde se premie el mérito y el esfuerzo (al contrario de lo que propone la infame Ley Celaá) de personas brillantes con independencia de su condición socioeconómica no solo supone una acción de justicia social sino que es también un acto de egoísmo, ya que les permitirá en el futuro que estén en mejores condiciones de aportar riqueza a la sociedad a través de nuevos emprendimientos. También el Gobierno tiene en sus manos otras labores sociales, como atender a nuestros mayores o facilitar a todos aquellos padres que son campeones en la nieve el acceso a centros de educación especial en los que ayudar al desarrollo e integración de sus hijos (al menos hasta que la infame Ley Celaá acabe con ellos), ayudar a mujeres maltratadas, etc. Pero hemos de tener en cuenta que toda actuación de los poderes públicos se realiza mediante recursos limitados y generados por otros, por lo que los políticos han de ser muy respetuosos con los ciudadanos ampliando sus ámbitos de libertad y evitando imposiciones ideológicas (como podría suceder nuevamente con la infame Ley Celaá prohibiendo la elección de Centro o poniendo obstáculos a la educación concertada). Si pagamos la comida con nuestros impuestos, que al menos nos dejen elegir parte del menú.

Ahora se están elaborando los Presupuestos en España para 2021. Los Presupuestos han de encontrar el equilibrio entre los ingresos y los gastos. Los ingresos ya hemos visto que dependen de la riqueza que sea capaz de generar el país. La crisis del coronavirus ha puesto en peligro la supervivencia del sueño de muchas personas que han invertido mucho tiempo y dinero en dar servicios a la sociedad, lo que les puede convertir en receptores de subsidios y pueden excluirles de su futura capacidad de generar riqueza. Los gastos sirven para repartir la riqueza que se ha generado previamente y en la situación actual hay muchos más demandantes de auxilio. La capacidad de gasto proviene de detraer recursos de aquellas personas que previamente han generado riqueza (cada vez más escasa), ayudas externas como fondos europeos (con una cantidad también limitada) o un endeudamiento a futuro (lo que también implica consumir recursos de nuestros hijos o nietos).

Es muy importante que tengamos en cuenta los conceptos de crisis y escasez de cara a estos Presupuestos. Y que no engañemos a la gente indicando que vamos a salir más fuerte de una crisis tan devastadora como ésta. Se puede generar una envidia insana y un cabreo lógico por parte de personas que se están quedando en la ruina sin soporte de los poderes públicos, que ven cómo se incrementan los sueldos de los funcionarios públicos o todas las pensiones; o se mantiene una gobierno elefantiásico de 23 ministerios y un 60% más de asesores y altos cargos; o que ven cómo se incrementa un 70% los gastos del Ministerio de Igualdad para dar cabida a informes de apesebrados propios que buscan igualar en la miseria en lugar de ayudar a los que pueden volver a generar riqueza. No hay nada mas espurio y rastrero que aprovecharse de las tragedias ajenas para interés propio… aunque ya tengan amplia experiencia en ello.

Yo siempre he creído más en los que trabajan desde abajo que en capitanes a priori que no han aportado riqueza en su vida. De hecho, el planteamiento de los fondos europeos tiene esa filosofía: financiar proyectos del sector privado que ayuden a un desarrollo en la transformación digital o en iniciativas ambientalmente sostenibles, que son prioridades europeas que impulsan todos los sectores privados. En ambos sectores, España tiene un amplio camino recorrido y un enorme potencial. Espero que se empleen en iniciativas transformadoras y no en subsidios a corto plazo. Aun así, estas iniciativas no han de eclipsar el necesario apoyo que precisan tantos otros sectores productivos españoles, de creatividad elevada e ingente valor añadido para nuestra sociedad, si queremos seguir viviendo en una sociedad de alto bienestar que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

Porque creer en un país es creer en sus ciudadanos. No tener envidia de ellos y pretender cambiarles impulsando populismos cuya finalidad es moldear súbditos de acuerdo a su ideología.

4 comentarios en “Envidia

  1. Pingback: Gafas – Zihuatanejo

  2. J A Aguilar

    En primer lugar gracias por el blog, se agradece que alguien haga reflexiones desde su punto de vista sin echar basura sobre los demas, que por supuesto son los culpables.
    Te cuento una anecdota personal, Praga, sobre el 2007, congreso de Ingenieros de obras publicas, invitado como Ingeniero-Arquitecto, congreso de ingenieros mundial, bien, acaban las exposiciones, yo me presento doy las gracias y poco mas, era invitado, acaba todo y se me acerca raudo el ingeniero ingles, y me dice, te felicito, soys los mejores ingenieros a nivel mundial, sonrie y rectifica, buenos los segundos mejores los primeros somos los ingleses, off course my friend.
    Me sorprendio.
    Me sorprendio que un ingeniero ingles, que trabajaba en Singapur, me felicitara, no a mi, sino a los ingenieros de mi pais, y me senti muy orgulloso.
    Va en la linea de lo que dices, no somos conscientes, de lo que somos y lo que hacemos, creo que si empaquetaramos a todos los politicos/vividores (usa el que quieras) y los mandaramos al etna, ganariamos bastante, de todos los partidos eh, no creo en la discriminacion positiva.
    Gracias por el blog.

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    1. Gracias a ti por el comentario. Yo también tengo la suerte de trabajar fuera de España desde hace varios años y es cierto que se nos valora mucho en muchos sectores. La pena es que no seamos conscientes, ya que es mucho más sencillo construir sobre los éxitos que destruir sobre supuestos fracasos

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  3. Pingback: Arrepentimiento – Zihuatanejo

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