Liderazgo

No sé si estamos en la peor crisis que hemos vivido o si la peor crisis está por venir. Lo que sí tengo claro es que en España necesitamos de un liderazgo fuerte que nos ayude a salir de esta crisis sanitaria y económica lo antes posible. Una persona que esté al frente de toda la sociedad y sea capaz de coordinar los esfuerzos que todos estamos realizando. Hemos entrado juntos en una crisis global, cuyas trágicas consecuencias eran difícil de prever hace apenas unos meses, y juntos hemos de salir. Esto implica un liderazgo inclusivo que articule la colaboración entre todos los que tienen la capacidad de aportar valor e ideas, ya sean de izquierdas o de derechas, ricos o pobres, públicos o privados, mujeres u hombres.

Lamentablemente, en estos últimos días se empieza a hablar demasiado de la mala política mientras existen personas que no tienen apenas tiempo libre y que luchan encarnizadamente contra la enfermedad. Una oportunidad perdida, ya que la primera reacción por parte de todos partidos políticos (menos de los separatistas) ha sido de colaboración y aprobación de las medidas excepcionales que el Gobierno ha propuesto. Era el mejor punto de partida para ejercer un liderazgo no autoritario que aunase voluntades. Sin embargo, el Gobierno ha estado dos semanas sin llamar a los líderes de la oposición, quienes van a tener que convalidar en el Parlamento los Decretos del poder ejecutivo para luchar contra la crisis (negociando las modificaciones que ellos consideren beneficiosas para los ciudadanos). En eso consiste la democracia.

En este sentido, hay decisiones que son complicadas de comprender. Por ejemplo, el Gobierno Central no tiene competencias para la compra de material sanitario desde que fueron transferidas a las Comunidades Autónomas en 2002. Esto ha dificultado la creación de un mando único sanitario ágil y ha llevado a esperpentos como la fallida compra de los test rápidos. Hubiese sido mucho más sencillo realizar un acuerdo con una o dos Comunidades, con experiencia en la gestión de este tipo de compras, soportándolas con lo que el gobierno puede aportar: capacidad financiera, diplomática y logística. Lo más inteligente hubiese sido dar esa responsabilidad al menos a una región gobernada por la oposición, como Madrid (la Comunidad con más afectados), de manera que se generase una responsabilidad compartida (para los aplausos y las críticas). Todos remando en la misma dirección, en lugar de las críticas de Ayuso al gobierno por no darle material y ahorrándonos la campaña organizada por medios como la Cadena Ser contra la Presidente de la Comunidad.

En una crisis hay que generar confianza, para lo que es necesario dar respuestas concretas a las preguntas que te hacen periodistas libres; admitir el mayor número posible sin censura previa; dar datos; reconocer las limitaciones o el desconocimiento. 30 segundos es tiempo más que suficiente para responder a las preguntas que te realizan. En cambio, nos estamos acostumbrando a respuestas interminables, que es la mejor manera de no responder a nada. En sus dos últimas ruedas de prensa Sánchez respondió 6 respuestas en 40 minutos. ¿Cómo quieren que nos quedemos con ideas claras de lo que nos quieren transmitir? ¿O es que no tienen las ideas claras? Sabemos que la claridad y la concreción son harto complicadas para un Gobierno precario que estaba diseñado para la ambigüedad (para hacer ver a sus socios que cedía en temas importantes sin ceder), pero las urgencias y prioridades de hace apenas dos meses han quedado (espero) enterradas.

Aunque la situación es muy cambiante, para ejercer el liderazgo hay que trabajar de manera ordenada; controlar el caos; prever diferentes escenarios; adelantarte a ellos. Un cierre más estricto de la actividad económica estaba encima de la mesa desde hace semanas. Es una medida que ya habían tomado otros países. Ir a una rueda de prensa un sábado para anunciar únicamente que se incrementa el confinamiento y tardar 30 horas en publicar el Decreto no tiene sentido. Que le pregunten al Presidente en la rueda de prensa si los medios de comunicación son servicio esencial y que él dé su opinión personal, en lugar de comentar lo que está incluido en el decreto, es preocupante. El gobierno cuenta con un cuerpo de asesores y abogados muy amplios, por lo que si sales a comunicar a la sociedad una medida es porque previamente la tienes acordada y redactada. Lo contrario es una chapuza.

Eso no da seguridad. La seguridad ha de provenir también de tener un conocimiento profundo de los temas de los que uno habla. Un caso sangrante ha sido la explicación de los ERTEs, donde la Ministra de Trabajo se realizó un lío a la hora de comentarlo con los periodistas. Paradójicamente, la que se ha presentado como la mejor medida del Gobierno para salvaguardar a los trabajadores fue aprobada por el PP de Rajoy en la Reforma Laboral que el nuevo Gobierno quería derogar. Y al no realizar un reconocimiento a la oposición, tampoco se destaca el propio mérito de un Gobierno que adopta medidas implantadas por partidos que tienen una visión muy diferente de la suya.

Pero me temo que estos problemas de gestión vienen derivados de la intención de utilizar también el COVID-19 para dividir. Se quiere demostrar que existe una manera de gestionar diferente, en la que solo una parte tiene que pagar la factura. Se achaca a la oposición que ellos gestionaron la crisis de 2008, causando grandes daños a la sociedad, mientras que el Gobierno actual va a lograr superar esta crisis salvando a los buenos (los trabajadores) para que paguen los malos (los empresarios y los ricos). Es curioso, ya que nadie recuerda que en realidad Rajoy siguió los pasos de unos recortes que inició Zapatero (con el voto favorable de Sánchez desde su escaño). Quizá sin las primeras medidas de Zapatero, el rescate que evitó Rajoy hubiese sido imparable. En cualquier caso, la ignorancia y cortedad de miras no les deja ver que ante el coronavirus todos vamos a salir dañados: buenos, malos y regulares.

Para mí, no tiene ninguna importancia ahora si el 8-M, los partidos de fútbol o la mascletá valenciana incrementaron los contagios. O si se ignoraron avisos de expertos. Tampoco es relevante ahora si hubo recorte en el gasto sanitario en Madrid (aunque hay informaciones que indican que en las comunidades gobernadas por el PP se incrementó en un 13% y decreció en las del PSOE un 4%). Tampoco tiene sentido entrar en duras críticas al hospital de campaña de IFEMA, cuando se ha construido en menos de una semana y hay que hacer funcionar como hospital lo que antes era un recinto ferial. Ya habrá tiempo de sacar las lecciones aprendidas cuando esto termine. Entre la mala conciencia de unos y las ganas de derrocar al Presidente de otros, se quiere colocar lo secundario en el centro de la actualidad.

Sí es importante y preocupa que el gobierno está administrando de una manera muy deficiente esta crisis. Pero no solo es un problema de errores de gestión, que todos los están cometiendo en una situación de tremenda complejidad. Es un problema de actitud y de prepotencia. Debería realizar cambios de personas y buscar apoyos amplios. Sánchez va a ser nuestro Presidente durante la emergencia sanitaria y los años de crisis económica que están por venir. Tendremos que ayudarle y él tendrá que dejarse ayudar, aunque seguiremos estando en nuestro derecho de criticarle y oponernos a medidas que proponga, si las consideramos perjudiciales. Si la solución que se busca es excluyente estamos en un grave peligro. Ante la afirmación de que la salida puede venir únicamente por reforzar lo público frente a iniciativas privadas, la pregunta cae por su peso. ¿Para qué? ¿Para que lo gestiones tú? Pues yo, la verdad, prefiero a Amancio Ortega.

Un antiguo jefe una vez me indicó que existen dos tipos de liderazgo. Uno consiste en que la gente te admire, lograr adhesión por parte de la gente que te sigue (así se veía a sí mismo). El otro tipo de liderazgo consiste en llevarte bien con el personal a tu cargo y crear buen ambiente (así veía al resto). Sin embargo, estos dos tipos de liderazgo presentan grandes deficiencias. Un líder absoluto que genera adhesiones tiene el límite en él mismo y acaba ahogado en su propia prepotencia. Un líder que se encarga de mantener simplemente buenas relaciones (sin criterio para tomar decisiones) deriva en una parálisis por análisis. En cambio, un buen líder debería rodearse por profesionales que conozcan mucho más que él de sus áreas de especialización, saber escuchar, colaborar incluso con personas con criterios divergentes, tomar decisiones y, finalmente, asumir la responsabilidad de los aciertos y errores cometidos.

Por desgracia, me temo que a Iglesias le gusta ejercer el primer tipo de liderazgo y a Sánchez el segundo. Cuando escuché esa lección por parte de mi antiguo jefe comprendí que mi tiempo allí había terminado. A los pocos meses tuve la suerte de iniciar una nueva aventura laboral. En cambio, ni puedo ni quiero cambiar de nacionalidad, por lo que solo me queda mantener la fe en todos los referentes de la sociedad civil que se están dejando la piel para que la recuperación sanitaria y económica sea una realidad lo antes posible. Esperemos que se negocien unos nuevos Pactos de la Moncloa. Para ello se necesita mirar honestamente al resto de partidos. Ser consciente de que esta crisis le ha tocado liderar a la coalición en el Gobierno, pero que su papel temporal y que esta responsabilidad le puede corresponder dentro de poco a los partidos de la legítima oposición (como ya la ejercen gobernando en muchos territorios). Lo importante es que las medidas que se acuerden sean asumidas por toda la sociedad y se apliquen en el largo plazo.

Ojalá nuestra clase dirigente cambie y terminen todos remando en la misma dirección, porque solo tenemos dos opciones: salir de esta crisis con unidad o con divisiones y luchas. Yo apuesto por lo primero.

8 comentarios en “Liderazgo

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