Inmunipunidad

Antes de la aparición del coronavirus, la humanidad ya había sufrido epidemias bastante más demoledoras. La viruela es la enfermedad que mayor número de muertes ha ocasionado en la historia de la humanidad. Más de 300 millones. Fue, sin quererlo, una de las principales causas por la que los españoles acabaron dominando el Nuevo Mundo americano. El hermano de Moctezuma, Cuitláhuac, murió a causa de la viruela en plena defensa de Tenochtitlan, una vez expulsados los españoles en La Noche Triste. Su sucesor, Cuauhtémoc, fue el último Huey Tlatoani de los mexicas, hasta que un ejército de unos diez mil tlaxcaltecas y totonacas (dirigidos por Cortés y sus 400 soldados españoles) conquistó una Tenochtitlan devastada por la falta de agua potable… y las enfermedades.

Que la viruela se convirtiese en un inesperado aliado de la Conquista, no quiere decir que fuese deseada por los españoles, sino más bien todo lo contrario. Con la obligación de velar por los Derechos Humanos reconocidos en las Leyes de Burgos (1512) y por el bienestar de los nuevos pueblos españoles, los Conquistadores empezaron a construir una amplia red de hospitales, siendo el Hospital de la Concepción de Jesús Nazareno el primero en ser construido en el continente americano. Fue fundado en Ciudad de México por Hernán Cortés en 1524 para atender tanto a cristianos como a indios. 324 hospitales adicionales se construyeron en el siglo XVI hasta un total de 843 a finales del XIX en la América Española.

Un hito muy relevante en la lucha contra la viruela sucedió en la primera década del siglo XIX, con la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, liderada por el médico español Francisco Javier Balmis. Su finalidad era luchar contra la viruela, afrontando el reto de llevar la vacuna al Nuevo Mundo en el cuerpo de niños huérfanos. Una expedición que dio la vuelta al mundo para evitar que miles de personas indefensas fuesen contagiadas por esta devastadora enfermedad. La vacuna es el ejemplo más claro de inmunidad, que consiste en proteger a una persona de un mal futuro.

En el lado opuesto de la inmunidad está la impunidad, que consiste en que las personas que han cometido crímenes no sean castigadas. En Norteamérica, tanto los británicos en sus trece colonias como los nuevos gobernadores tras la independencia llevaron a cabo una masacre contra los indígenas, ya que los consideraron un obstáculo para su desarrollo. Tenemos el ejemplo del británico Sir Jeffrey Amherst, precursor de las mantas infectadas de viruela, comandante en jefe del ejército de Su Majestad en Norteamérica durante el siglo XVIII y que todavía no ha sido desposeído para la historia de su título nobiliario por su crueldad inhumana.

No obstante, también existe la posibilidad de que su indigno comportamiento haya sido más bien un elemento a favor de su rango aristocrático, si tenemos en cuenta que la tradición se mantuvo en declaraciones (no muy afortunadas) del elegido británico más importante de todos los tiempos por sus propios compatriotas, Sir Winston Churchill: No admito que se haya infligido una gran injusticia contra los indios rojos de América y el pueblo negro de Australia por el hecho de que una raza superior haya llegado y ocupado su lugar. Paradójicamente, el mundo libre le debe mucho a este señor, pero dicha deuda no es objeto del presente artículo.

Otro caso fue el de Leland Stanford, primer Gobernador del Estado de California, quien pidió dinero al Gobierno Federal de Estados Unidos para organizar partidas de militares que matasen a pobladores nativos. Este antiguo territorio mexicano perdió el 80% de su población indígena desde 1848. Lamentablemente, se han retirando estatuas de Cristóbal Colón en Los Ángeles, pero todavía nadie en California ha solicitado cambiar el nombre de la Stanford University para rebautizarla como la Universidad de Gerónimo (en español, que era el idioma empleado por el líder apache). Si yo fuese de Berkeley lo propondría, aunque solo fuese por tocar los… sentimientos.

Estos ejemplos también estaban lamentablemente en sintonía con el pensamiento de muchos próceres de la independencia en Latinoamérica, como el Libertador Bolívar, quien en una carta a Francisco de Paula Santander afirmaba en 1824 que los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe. O Fructuoso Rivera, exterminador de charrúas en la matanza del Salsipuedes (1831) en Uruguay. O Bernardo O’Higgins en Chile, quien tras reconocer autonomía de los Mapuches en 1819, dijo al dejar el poder en 1823 que las razas roja y blanca no pueden crecer y prosperar en el mismo territorio. O la Guerra de las Castas en la segunda mitad del siglo XIX en México, que casi acabó con los mayas en Yucatán. O…

Todos estos personajes históricos han pasado impunes a la posteridad a pesar de las atrocidades infligidas a la población indígena. Por ello, impunidad es sinónimo de injusticia. Lo que no existe es la inmunipunidad. El doctor Balmis nunca podría haber salvado a los indígenas infectados por el regalo de las mantas envenenadas de Sir Amherst, una vez éstos ya hubiesen estado contagiados de viruela. Si vacunas a una persona que ya está infectada, tu esfuerzo es vano.

Es importante tener clara la diferencia entre estos dos conceptos para entender que, quienes buscan salvar a Puigdemont y su banda de la prisión alegando su inmunidad, realmente pretenden su impunidad. No se puede inmunizar de delitos que fueron cometidos más de un año antes de ser elegido europarlamentario. No obstante, el nuevo papel del independentismo como socio en la supuesta gobernabilidad de España (junto con la ayuda de la nueva Fiscal General del Gobierno) puede provocar que finalmente salga impune del daño causado en ese absurdo pulso de pobres contra pobres que se inventaron los secesionistas tras crear una posverdad en Cataluña para su propio beneficio, causando profundas heridas que todavía hoy supuran y que son de difícil cicatrización.

 En esto parece consistir la desjudicialización de la política: generar espacios de impunidad donde los políticos no estén obligados a responder ante la Ley. Es por ello que hoy sigue siendo tremendamente necesaria una vacuna que nos inmunice contra las dos enfermedades más mortíferas que ha creado la humanidad, aunque no aparezcan en los tratados de epidemiología: el nacionalismo (de todo tipo) y la estupidez humana. Ojalá las dejemos de padecer, del mismo modo que la humanidad ya no sufre a causa de la viruela.

PD: Agradecimiento a comunicadores tan diversos como Juan Eslava Galán, Guillermo Fesser, Elvira Roca Barea, el blog https://laamericaespanyola.wordpress.com o Academia Play, quienes han escrito muchas páginas acerca del legado español en la América a la que no viajaron mis antepasados. Además de enseñar, también hacen pasar ratos amenos y divertidos.
PD2: Si he omitido aspectos no tan positivos relatados en la Leyenda Negra, no penséis que es por ocultarlos o por crear una Leyenda Rosa (ningún proceso de Conquista en la historia de la humanidad fue un cuento de hadas), sino porque sé que seréis capaces de encontrar abundante bibliografía al respecto sin la menor dificultad.

9 comentarios en “Inmunipunidad

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