Institucionalizado

Brooks was here. El viejo bibliotecario de la prisión de Shawshank lo escribió con su navaja en la viga maestra en la que se suicidó ahorcado. Tras 80 años de vida y más de 50 entre rejas no tuvo fuerzas para iniciar un nueva vida en libertad, rodeado de vehículos que no existían en su juventud. Estaba institucionalizado. Ellis Boyd Redding (Red) escribió So was I antes de violar la libertad condicional y escapar en bus tras 40 años entre rejas. Andy Dufresne le mostró el camino hacia una nueva Institución: Zihuatanejo. El mensaje de Cadena Perpetua tiene plena vigencia, 24 años después de su estreno.

Hoy día, institucionalización hace referencia a la gestión de los cambios tan radicales que vive la sociedad, en los tiempos de la vertiginosa transformación digital y tecnológica de nuestros días. No obstante, a pesar de ser un aspecto muy importante, no es el único. Diariamente nos encontramos ante muchos otros roles que ya están institucionalizados: el amigo gracioso que hace siempre chistes (aunque estés en un velatorio), el bonachón que siempre va a estar a nuestra disposición cuando lo necesitemos (o cuando no lo necesitemos), el deportista que siempre habla del ritmo por kilómetro en cada uno de los 57 maratones que ha corrido, el familiar coñazo al que hay que aguantar todos sus caprichos y groserías porque el mundo le hizo así o al que le avisas de que has quedado una hora antes y aun así llega media hora tarde. Posiblemente la institucionalización se deriva del deseo de encontrar nuestro Lugar en el Mundo. Una búsqueda cada vez más cambiante e incierta, que nos permite clasificar a las personas entre las que se quieren institucionalizar, las que están institucionalizadas, y las que quieren acabar con las instituciones.

Pedro Sánchez sería el ejemplo más evidente de las personas que se quieren institucionalizar. Mientras Brooks estuvo 50 años tras las rejas, Sánchez necesita repetir 50 veces al día durante 50 días seguidos que él es el Presidente para que la gente se convenza de que tal condición es cierta. Igual de ese modo hasta consigue convencerse de que Sánchez y el Presidente son la misma persona, a pesar de las declaraciones de la vicepresidenta y de Carmen Calvo. De momento únicamente ha logrado institucionalizar la rectificación y el cambio de criterio como forma de vida. Comprendo que cuando uno se acostumbra al uso del Falcon y el helicóptero, debe de ser duro asumir el riesgo de tener que volver a coger el AVE para ir a Valladolid, por lo que mucha prisa por convocar elecciones no parece tener. No obstante, a su favor cuenta con que la oposición también parece encantada de institucionalizarse.

En segundo lugar, tenemos a las personas que ya están institucionalizadas. Con el riesgo que ello conlleva, como sucedió a los venezolanos alienados durante la dictadura de Chaves y Maduro. Un régimen que se consideraba capaz de proporcionar todo el bienestar a sus ciudadanos, ha acabado con todo tejido productivo, ya sea la industria privada o el sector público (arruinando incluso la producción de petróleo y gas). Los chavistas han acabado con todos los ricos, excepto los de la casta en el poder que están comprando pisos de lujo en los barrios más exclusivos de Madrid, Panamá o Miami. El gran riesgo que tiene estar cubierto por una nube de estiércol es que, aunque huela mal, en el fondo se está calentito. Pero las subvenciones terminaron, esquilmaron todo el queso y hasta el estiércol escasea. El populismo gobernante ha arruinado al pueblo venezolano, quienes han tenido que comer incluso su propia basura, hasta hacer tiritar a los más de 2 millones de desinstitucionalizados que se han visto obligados a huir de su propio país.

Después tenemos a los que quieren acabar con todas las instituciones. Son todas las personas tan críticas y tan poco profundas de nuestro mundo contemporáneo, para los que nada funciona y todo tiene que cambiar. El mundo (no solo España) está lleno de populistas y nacionalistas que tienen soluciones tan simples como milagrosas para los problemas actuales. Curiosamente estos supuestos revolucionarios son los más institucionalizados, ya que se basan en antiguas recetas de unas revoluciones románticas del siglo XIX que no han provocado en la historia más que guerras, destrucción y pobreza, y que algunos parecen ansiosos en repetir.

Finalmente, tenemos a las Instituciones. Las de verdad. Saliendo del prejuicio negativo que nos viene a la mente al acordarnos de Brooks, es bueno recordar que en nuestros tiempos existen también muchos aspectos positivos que afortunadamente están institucionalizados. En los tiempos cambiantes de la sociedad líquida, que los derechos del Homo Sapiens sean considerados el centro de las sociedades (aunque lo pueda cuestionar Harari) es un pilar fundamental de las sociedades y uno de los legados más importantes que la evolución nos ha otorgado. Nuestras modernas sociedades democráticas, la integración de estados previamente enfrentados a través de entidades como la Unión Europea, la globalización, el multiculturalismo o la aceptación de la diversidad son instituciones a potenciar.

Por eso, aunque resulte paradójico, la única manera de desinstitucionalizarse es institucionalizándose. Un mundo diferente al actual solo tendrá sentido si lo llevamos en la dirección de unos VALORES que construyan un mundo mejor. Y todo pasa por la educación. Si institucionalizamos el pensamiento crítico, la profundidad en el análisis, la adaptabilidad, la creatividad, la libertad responsable, la sostenibilidad ambiental, el respeto al diferente, el conocimiento científico, la empatía, el dar valor a mis creencias, religión o ideología (y a la de mi próximo), el diálogo; si estamos dispuestos a invertir para que cada vez más personas tengan las herramientas y la tecnología que les permitan ser protagonistas de los cambios, estaremos dando sentido a una sociedad más justa y más humana. Y estaremos preparados para ese futuro que vamos a disfrutar durante más tiempo y que vamos a legar a nuestros hijos y nietos.

Si tenemos claro lo que queremos institucionalizar será mucho más sencillo que los Bots, el Internet de las cosas, el Blockchain, la Inteligencia Artificial o las impresoras 3D tengan una más rápida inserción en la sociedad. Por y para las personas. Por y para su bienestar. Y para que toda la tecnología no acabe con nuestra creatividad, sino que la potencie. Que no pasemos de estar institucionalizados por lo analógico a estar institucionalizados por lo digital, sino que la revolución científica sea un paso más en la evolución humana.

No va a ser un reto menor para nuestros políticos cultivar en este campo. Son los responsables de regular que los desarrollos científicos logren beneficios para la sociedad. Estamos condenados a arar con los bueyes que tenemos disponibles. Aunque no hablen de estas cosas. Esa tarea (por suerte o por desgracia) no puede ser encargada a tractores autónomos. Pero no olvidemos que a los políticos los elegimos entre todos nosotros. Tú y yo.

13 comentarios en “Institucionalizado

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