Hasta el rabo

Cuando voy a un restaurante y ordeno la comida, me gusta terminar el postre y, si es posible, disfrutar incluso de café, copa y puro en mitad de una agradable sobremesa. Cuando veo un partido, me gusta quedarme hasta el final, sobre todo si hay prórroga y penaltis. Y si soy de un equipo, lo apoyo hasta el final, aunque esté jugando mal o baje a Segunda División. Es por ello que, cuando expreso mi opinión en las urnas, quiero que mis representantes estén los cuatro años completos a los que se comprometieron conmigo. Y no me importan las excusas de los políticos o sus ansias de poder, porque urgencias para los ciudadanos siempre hay.

Cuando termine la legislatura, tomaré la decisión de si quiero taparme o no la nariz ante el nauseabundo hedor del Partido Popular y la recua de presuntos o consumados bandidos que crecieron en su seno, como hongos en la humedad (Zaplana, Bárcenas, Matas, Rato, Lezo, Acuamed, Caja B, Púnica y un largo etcétera imposible de enumerar completo). O si, por el contrario, quiero apostar por otros políticos honestos de ese partido (con otro líder o con el mismo, es su decisión y sus consecuencias tendrá) que han sido capaces de negociar con siete formaciones políticas de muy diferente signo para tener un presupuesto que permita gestionar las necesidades diarias del país; opto por la regeneración de un Ciudadanos ora determinado ora voluble; elijo al PSOE de Pedro Sánchez, partido de larga tradición con líder incierto; o me uno al Club del Chalet, ya que ahora sí han votado (o eso dicen) fervorosamente a su líder por responsabilidad ante el cada vez más cercano proceso electoral.

Pero todavía queda mucho por hacer, muchos retos que asumir y consolidar. Sobre todo, un 155 todavía en vigor y unos Presupuestos que ratificar en el Senado. De pequeño me enseñaron que del cerdo se aprovechan hasta los andares, por lo que todavía hay material para hacer caldos. Que los políticos trabajen, busquen soluciones y alternativas para los grandes retos que nos acucian, como el envejecimiento de la población, la competitividad o los desafíos nacionalistas que amenazan la prosperidad de nuestra sociedad. Después evaluaré los méritos y deméritos que han realizado cada uno de ellos para gestionar mi futuro, como realizará el resto de españoles. Pero las prisas de Pedro Sánchez de pasar de tercero en las encuestas a alternativa de poder, o las de Rivera por ganar ya las elecciones, son suyas, no mías.

Pero no quiero refundaciones, como CiU en PDeCat. Las instituciones están por encima de las personas concretas y partidos fuertes e históricos son los que necesitamos, en conjunción con nuevas ideas y planteamientos. Los partidos se tienen que renovar, pero no desaparecer. Toda ideología, incluso las minoritarias (Vox, CUP o Partido Animalista) son legítimas y, sobre todo, necesarias.

Porque hasta el rabo… todo es toro.

Un comentario en “Hasta el rabo

  1. Pingback: ¿Y ahora qué? – Zihuatanejo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s