El padre de Bambi

La muerte de la madre de Bambi generó un precedente que desafortunadamente se repite de vez en cuando. Sucede cuando un guionista no está en plenitud de facultades y decide pasar a la posteridad, aunque sea a costa de ganarse la animadversión de muchos espectadores. Es lo acontecido en el primer capítulo de la siguiente temporada de la serie B del desafío independentista que estamos sufriendo en España a costa de menos de la mitad de la población de Cataluña

Tres magistrados alemanes del Tribunal de una Región de nombre impronunciable han querido tener su minuto de gloria mediante la no consideración del delito de rebelión en el trámite de euroorden solicitada por los jueces españoles. Un procedimiento que debería limitarse únicamente a comprobar si el ilícito penal considerado por el juez instructor del Tribunal Supremo español tiene correlación con un ilícito penal que se recoge en el Código Penal alemán: alta traición.

Sin embargo, en su minuto de gloria, han decidido entrar en el fondo del asunto para valorar erróneamente la intensidad de la violencia que se produjo en el proceso secesionista. Lo que no les correspondía. Es muy importante enfatizar que la aplicación de la euroorden no era un juicio, ni socavaba en ningún caso la presunción de inocencia que Puigdemont tiene plenamente garantizada en todo momento hasta que se lleve a cabo el juicio. De hecho, en España hay gente crítica con la instrucción del juez Llarena y también ha existido disparidad de criterio entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, que optó por imputar secesión en lugar de rebelión.

Como consecuencia de esa decisión, todas las investigaciones realizadas en la fase de instrucción durante varios meses son tiradas a la basura, mediante un superficial estudio del fondo. Con una simple toma de declaración se adopta una decisión en 48 horas sobre el fondo de un asunto investigado durante meses, arrogándose una superioridad moral para juzgar un caso pasando por encima del estado de derecho de un miembro de la UE y socio preferente de Alemania.

España, Alemania y el resto de países de la UE somos firmes defensores de los derechos de todos los ciudadanos que formamos parte de la Unión, motivo por el que después de una sentencia en un Tribunal Español siempre existiría la posibilidad de reclamar ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero ésa es la instancia, y no la de un Tribunal Regional.

Aunque está el lado positivo de dictaminar que Puigdemont no es un preso político (¡faltaría más!), es muy triste, como español y europeo, que se produzcan este tipo de decisiones y, para más inri, relacionadas con el fenómeno que más gravemente ha dañado a Europa en su historia: los nacionalismos. Confiemos que los empresarios alemanes residentes en Cataluña ejerzan de padre de Bambi y le hagan ver a su país y a Europa que ya no son unos niños y que luchar por una Europa más unida requiere dejar atrás los prejuicios que la dividieron, con determinación y confianza mutua entre sus miembros

 

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