El pollo

Gran conmoción ha causado al director de un famoso programa de talentos la diferenciación entre portavoza y portavoz, ya que tendrán que diferenciar entre La Voza y El Voz para no herir sensibilidades. Será una pérdida de competitividad a nivel internacional, ya que las versiones de habla inglesa gastarán menos en infografía.

Esta manía de sexualizar el género de las palabras hace necesario tomar medidas urgentes acerca de sustantivos sensibles que han quedado con una calificación errónea. No tiene sentido que la forma vulgar de referirse al órgano viril en España tenga género femenino (aunque sus lugartenientes sean claramente masculinos), por lo que tendríamos que referirnos a él como el pollo. De ese modo, al crecer, los púberes masculinos (muy primarios ellos) podrían celebrar la edad del pavo alardeando acerca de quién tiene el gallo más grande mientras sueñan con las que están en la edad de la pava.

En el caso femenino, la situación es la contraria, ya que la vulgaridad española (que no la argentina) masculiniza su órgano sexual. En este caso, no utilizaremos el término gallina, que implicaría una influencia excesiva del término patriarcal, sino que simplemente actualizaremos la terminación, que suena de coña. Así, cuando lo usemos como exabrupto al jurar en aramea o arameo parecerá una invitación a la chanza.

Aunque gallo y gallina se diferencian con facilidad, la expresión “a cojón visto, toro seguro” denota que la diferenciación en el mundo animal no es siempre sencilla. La mayor complejidad aparece el mundo acuático, porque a ver quién es el valiente capaz de diferenciar las pezas de los peces o vislumbrar los atributos de delfinas y delfines desde la orilla. Caso aparte es el de los ballenos, que son los mamíferos que tienen más asumida la discriminación positiva en el lenguaje, en solidaridad con los pumos en tierra.

Estoy dispuesto a asumir los cambios en el idioma, que para ello la RAE es flexible y se adapta al uso que del lenguaje realizan las personas y personos. Por tanto, está en manos de la sociedad, desde taxistas y taxistos hasta periodistas y periodistos, si finalmente termina cuajando el uso de portavoza, se inclinan por el latino vocera o lo dejan tal cual está. Casos de éxito ya ha habido, como jueza, sirvienta o presidenta, frente a otros fiascos, como miembra o jóvena. El tiempo dictará su verecit@.

En cualquier caso, como en primero de carrera me explicaron que la escasez es la base de la economía, solicito no ser considerado descortés, sino ahorrativo, si en próximas publicaciones no me ciño a la neocorrección lingüística. Espero vuestra comprensión.

Y ahora lo importante, ya en serio. Todos los hombres nacemos del vientre de una mujer, que nos da abrigo durante 9 meses en su seno. Crecemos y jugamos con ellas, nos enamoramos de ellas, trabajamos con ellas y aprendemos de ellas. Querer, amar y respetar a las mujeres, ser conscientes de las dificultades que tienen que afrontar en la sociedad actual (incrementada en zonas con bajos recursos económicos), potenciar su presencia en puestos de responsabilidad o la lucha contra la terrible lacra de la violencia machista va mucho más allá de querer pervertir un idioma como el español en el que no existe el género masculino sino el neutro.

La solución es educación, reconocimiento y justicia social, no titulares baratos que no aportan nada a la igualdad.

5 comentarios en “El pollo

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