Frustración

Cuando apenas tenía dos años, era un pequeño intrépido. Me escapaba de la cuna en la oscuridad de la noche, escalando por barrotes resbaladizos y bajando con la ayuda de una mecedora temblorosa hasta llegar a la cama de mi hermano. Lo despertaba y jugaba un rato con él hasta caer profundamente rendido en los brazos de Morfeo. Sin embargo, un trágico día mis padres cambiaron de sitio la bendita mecedora y me encontré con que ya no existía mi ingeniosa ruta de escape. Por vez primera, fui consciente de lo que era la frustración.

Posteriormente, soñé en convertirme en un nuevo Magic Johnson después de trasnochar para ver las legendarias finales de la NBA entre Lakers y Celtics. Lamentablemente, ni mi escasa estatura ni mi deficiente coordinación (siempre muy mejorable) permitieron que mi sueño se hiciera realidad. Y volví a experimentar la frustración. También aspiré a jugar algún día en la selección española de fútbol, pero afortunadamente hace ya casi un año que lo superé y renuncié a ello por escrito.

La primera vez que me declaré a una chica, también descubrí que las victorias parciales pueden generar mayor frustración que una derrota completa. Sí, dijo que me quería… pero como amigo. Posteriormente, la publicidad (¡cuánto daño ha causado!) me hizo soñar con Elsa Pataky, pero no me dejó más que el triste pesar de las sábanas mojadas.

Como en mi vida he experimentado bastantes episodios de esperanza y frustración, puedo afirmar y afirmo que entiendo perfectamente el poderoso sentimiento que les han inoculado a los independentistas de buena fe. Pero analizando esos episodios, llego a la conclusión de que los fracasos me trajeron también pingües beneficios. Si hubiese saltado de la cuna, mi tierna cabeza se habría abierto y no estaría escribiendo ahora mismo. No habría experimentado la excitante emoción de ver ganar a España en el Mundial de Sudáfrica, en caso de estar yo en la selección. Y… ¿quién quiere a Elsa Pataky con la mujer tan maravillosa que tengo? (cariño, espero que lo estés leyendo, porque esto siempre da muchos matripuntos)

Es un triste engorro tener que poner el pijama y las sábanas a lavar después de los sueños húmedos. Pero tendréis que hacerlo. Estabais durmiendo con la Elsa Pataky (o el George Clooney) del reconocimiento europeo o de las empresas que se iban a quedar en Cataluña o la Arcadia feliz que os prometieron… y os vais a despertar con una fregona en la cama. Aunque hubo un genio que dijo que esta vida es un sueño (Calderón y La Oreja de Van Gogh dixit), despertar permite apreciar lo que tenemos. Y de verdad: no es para nada malo. Un estado social y democrático de derecho, ampliamente descentralizado, que permite a sus ciudadanos expresarse libremente y luchar por sus ideales dentro de la legalidad.

Ha habido tragedias de niños que soñaron un día con ser Supermanes y se lanzaron por la ventana. No solo tuvieron un trágico final, sino que también destrozaron familias enteras para siempre. Somos adultos y sabemos que las películas no son la realidad. Es mejor sentir frustración al darte cuenta que no eres Superman que lanzarte por una ventana. Eso no tiene marcha atrás.

6 comentarios en “Frustración

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