Himnos

En estos momentos de fervor nacionalista, tengo que reconocer que me emociono cuando escucho Els Segadors (¡Que tiemble el enemigo al ver nuestra bandera!). En realidad, me emociono con cualquier himno, sea del país que sea, y de la orientación política que sea. No sé si es que sacan mi macho alfa heteropatriacal o es que en realidad soy un romántico (aunque sea del siglo XIX).

Cuando me pongo a analizar con más profundidad las diferentes letras de los himnos, me doy cuenta que no son aptas para todos los públicos. Las menciones a marchar a los hijos de la patria francesas, los surcos de dolores colombianos, las manos sangrientas peruanas, los enemigos británicos que han de ser dispersados o los italianos preparados para la muerte darían para alguna que otra pesadilla en nuestros infantes… Por fortuna, en España hacemos gala de nuestro hecho diferencial y nos comportamos como una democracia tolerante y avanzada en el mundo: guardando silencio.

Ante los excesos de testiculina que suponen esos himnos, mi lado homomatriarcal prefiere compensarlo escuchando la segunda clase de himnos que nuestras sociedades han generado. Tras la excitación romántica del siglo XIX, a mediados/ finales del siglo XX han surgido otros himnos no oficiales, donde lo importante no son los enemigos, ni las luchas, sino que están basados en compartir al mundo, desde la nostalgia o el orgullo, aquellas partes de su país que excitan sus sentimientos. Porque, ¿qué peruano no se ha emocionado escuchando “Contigo Perú”?, ¿a qué colombiano no se le ha escapado una lagrimita cantando al aguardiente de caña, del anís de sus montañas? En España contamos con nuestro “¡Que viva España!” del gran Manolo Escobar, y los Països Catalans podrían contar con el “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat… Lástima que esté en castellano y que ahora le miren mal el 45% del 60% de su población.

La tercera categoría de himnos son aquellas canciones que hacen que se levanten unidos personas de una misma procedencia lejos de la tierra que les vio nacer, como cuando vi a un grupo de 200 alemanes dándolo todo una noche al ritmo de “99 Luftballoons” en Shanghai o a italianos abrazados al ritmo del “Volare” en cualquier parte del mundo. Ha habido gente, como Miguel Ríos, que ha querido ir más allá, poniendo letra al “Himno de la Alegría”, como canto universal.

Pero si yo quisiese proponer un himno global, para toda la humanidad, lo elegiría al estilo español. Sin letra, pero con baile: Paquito Chocolatero. Con este himno, no sé si el mundo sería mejor pero seguramente sería más divertido.

6 comentarios en “Himnos

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