20 años sin Miguel

Todos los días de nuestra vida tienen el mismo valor. Desde el primero hasta el último. Sin embargo existen días que recordamos de manera especial: cuando nos regalaron el primer balón, la primera vez que nos declaramos a la chica que nos gustaba, la graduación de la universidad, nuestra boda, el primer trabajo, la pérdida de un ser querido…

Muchos días anónimos de trabajo, esfuerzo, nervios, vivencias compartidas…, de los que no nos quedan recuerdos concretos, son los que provocan que ese día sea tan especial, que nos emocionemos al recordarlo. Por eso no son tantos, por eso son inolvidables.

Dentro de esos días especiales, existen algunos que tienen una característica propia, ya que trascienden nuestra experiencia personal. Son días que crean lazos con las personas que nos rodean. Son sentimientos compartidos ya sea con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos… y hasta con todo un país. Días que nos unen y hermanan con nuestros semejantes a través de ideales compartidos.

Por eso tenemos que recordar a Miguel Ángel Blanco. Poner cara y ojos de una persona concreta en un momento determinado. No dejar en el olvido esos días de hace 20 años. No es más importante que las otras casi mil personas asesinadas por ETA u otro tipo de terrorismo. No es más importante que Irene Villa, Ortega Lara, Fernando Buesa, Tomás y Valiente o tantos otros de cuyos nombres no nos acordamos. Por eso el lema no fue Basta, sino Basta YA.

Miguel nos hizo salir a la calle a más de 5 millones de españoles, quitó los pasamontañas a gente amenazada y nos hizo sentir ciudadanos libres e iguales mientras gritábamos “Vascos sí, ETA no” con las manos pintadas de blanco. Un grito unánime y compartido en un tiempo en el que las consignas no se transmitían por Whatsapp, Twitter o Facebook. Con Miguel morimos todos, mientras resucitaba en nuestra sociedad a través del Espíritu de Ermua.

Homenajear a Miguel, es homenajear a un joven de 29 años con su familia, su novia, su grupo musical, sus compañeros de trabajo y ese futuro robado que tenía por delante. Es homenajear a todas las personas que le precedieron en el sufrimiento provocado por una banda de desalmados asesinos. Y también es homenajearnos a todos que nos conmovimos (movernos-con) con él y con su familia y nos hizo ser mejores ciudadanos.

Todos tenemos referentes en nuestras vidas. Él no quería serlo, pero le tocó. No podemos enterrarle tres veces, como a Melquíades Estrada

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